La mala memoria de las plantas

Aunque algunas plantas recuerdan las malas experiencias, olvidarlas parece ser para ellas un mecanismo más eficaz de supervivencia.

Gracias a ciertos mecanismos epigenéticos (cambios en la expresión de los genes, desencadenados por el entorno) algunas plantas parecen “recordar” ciertas experiencias que afectan a su supervivencia. Por ejemplo, hace tres años, científicos de la Universidad de Nebraska-Lincoln (EE. UU.) comprobaron que la Arabidopsis thaliana respondía consumiendo agua con mayor prudencia cuando se la sometía a periodos de sequía. La vivencia estresante se almacenaba y sobreactivaba dos genes implicados en su gestión menos generosa de los recursos hídricos.

Sin embargo, esto parece ser más una excepción que la regla, según un estudio dirigido por Peter Crisp, de la Universidad Nacional de Canberra (Australia). Aunque acordarse de las desgracias parece ser útil en previsión de que se repitan, suelen ser mayores los costes que los beneficios. Como ha explicado Steven Eichten, miembro del equipo de Crisp: “el organismo gasta demasiada energía transcribiendo genes que luego no son necesarios en un momento específico”.

Además, también pueden legar sus recuerdos traumáticos a su descendencia, como le ocurre a la especie Polygonum hydropiper, que en periodos de escasez y estrés produce semillas más pequeñas y peor preparadas para prosperar si las condiciones son normales.  Lo que han descubierto los expertos es que, en general, los mecanismos para grabar la vivencia negativa –que, biológicamente, implica producir una proteína para alterar su ADN– no suele activarse por los trastornos que acarrea este cambio epigenético, tanto a la planta como a su descendencia. O sea, que ser olvidadizas les sale a cuenta.   

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