Jordi Sabater Pi: "Los chimpancés son conscientes de su parentesco con el hombre"


Jordi Sabater Pi ha esperado a que un bullicioso grupo de escolares abandonara el recinto para acercarse al cristal tras el que vive Copito de Nieve, el único gorila blanco cautivo en el mundo. Golpea el vidrio con la palma de la mano y esboza una sonrisa melancólica como la del padre que observa a su hijo emancipado. "Antes -dice- me reconocía".
No es extraño: Jordi Sabater Pi fue el primer español que vio a Copito hace ahora más de 30 años. El gorila convivió con él y con su mujer durante meses antes de que fuera a parar al Zoológico de Barcelona. Ahora, sin embargo, el animal retoza y se rasca en el fondo de la jaula, ajeno a la llamada de su descubridor, a los flashes del fotógrafo y a la lluvia que cae sobre el viejo zoo catalán.
-¿A usted no le gusta que los gorilas y chimpancés se exhiban de este modo, verdad?
-Algún día la humanidad será juzgada severamente por haber encerrado primates en los zoológicos. Nuestros nietos no podrán comprender por qué lo hicimos. Piense que ahora vemos la esclavitud como una cosa terrible, pero en su época estaba bien vista.

-¿Y qué me dice de ellos? ¿Los chimpancés, son conocedores de esta injusticia?
-Al menos, son conscientes de su parentesco con el hombre. Saben que son nuestros primos más cercanos. Los que hemos trabajado con chimpancés sabemos que tienen un interés enorme en comunicarse con nosotros. Constantemente están tendiéndote la mano para tocarte, mirándote a la cara en busca de tu reacción.

-Pero eso puede ser mera curiosidad...
-Existen pruebas de laboratorio que demuestran su convicción de que somos iguales a ellos. Se le ha dado a un grupo de chimpancés una serie de fotos de animales con la intención de que las clasifiquen. Ellos colocan a las ratas con ratas; a los elefantes con elefantes; a los gorilas con gorilas... y, cuando llega la hora de clasificarse a sí mismos, se incluyen en el mismo paquete de fotos que los humanos. Nos ven como si fuéramos parte de su familia.

-E, incluso, muestran ciertas reacciones emocionales.
-Sí. Los gorilas, los chimpancés y otros primates sienten alegría, tristeza, se ríen y se mienten. Hemos hecho muchos estudios en los que dábamos a estos animales frutas como premio si realizaban un determinado test. Al cabo del tiempo, terminaban escondiendo el premio como si lo hubieran comido y lo sacaban al final de la jornada. Es como si dijeran al investigador: "Ahora te voy a premiar yo a ti para que sigas jugando conmigo". Eso es el fundamento del engaño.

-¿En qué estado se encuentra hoy la etología en España?
-En una situación muy pobre. Hay que tener en cuenta que yo soy el introductor de esta ciencia en el país y eso fue hace sólo 25 años. No obstante, cada vez tiene más interés el estudio del comportamiento animal. Ya tenemos profesores de etología en Barcelona, Madrid, Oviedo, Valencia...

-¿Y qué estudia la etología?
-Es la biología de la conducta sin filtros culturales; la conducta tal como es cuando nos comparamos con los no humanos. Si tenemos que hacer mención a la cultura, lo hacemos desde un punto de vista meramente biológico.

-O sea, que el estudio de los animales nos puede enseñar las claves de la cultura humana.
-Sí, sobre todo el estudio de los primates. Hay muchas conductas culturales humanas que las encontramos en los monos. Por ejemplo, la fabricación de instrumentos elementales. Si los chimpancés hoy construyen herramientas para la obtención de termitas o de tierras medicinales es porque estas habilidades son muy antiguas. Los australopitécidos y, posiblemente, otras formas anteriores ya fabricaban cosas.

-En ese sentido, contemplar a los animales nos puede ayudar a conocer por qué somos inteligentes.
-Bueno, el término "inteligente" es muy relativo. Todos los animales son inteligentes en su medida. Los chimpancés muestran una gran inteligencia y en el laboratorio hacen cosas complicadísimas. Por ejemplo, pueden establecer un sistema avanzado de comunicación con los humanos en el que utilizan hasta 500 palabras distintas. En cambio nosotros todavía conocemos muy poco del modo en que se comunican con sus congéneres. Es decir, que ellos han aprendido cosas que nosotros les enseñamos pero no sabemos nada de lo que ellos nos quieren enseñar. ¿Quién es más inteligente, entonces?

-Le haré la pregunta de otro modo: ¿la etología puede establecer cuándo surge la cultura?
-La cultura es un proceso evolutivo complejo que tiene que ver, simplemente, con la adaptación al entorno. Surge igual que aparecieron los primeros mamíferos tras conseguir la capacidad para controlar la temperatura corporal, o los primeros anfibios cuando ciertos animales se acostumbraron a vivir del aire. La cultura humana no es más que otro fenómeno biológico adaptativo derivado de la necesidad de transmitir los conocimientos adquiridos para sobrevivir. No sé por qué le damos tanta importancia.

-De hecho, los etólogos piensan que la conducta cultural no es exclusiva de los seres humanos...
-Se ha trabajado mucho en la búsqueda de patrones culturales en el comportamiento de los primates. Por ejemplo, en la costumbre de fabricar herramientas. Hace muchos años anticipé que este hábito es distinto en unas familias de chimpancés y en otras según su situación geográfica, con lo que podríamos decir que existen algo así como diferentes culturas en los monos. Hoy, los datos obtenidos en observaciones hechas por todo el mundo y, sobre todo, por etólogos japoneses, empiezan a darme la razón.

-¿Y estas diferencias tienen que ver con el ambiente en el que vive cada familia?
-Sí y no. No se trata de una mera cuestión de adaptación al medio porque con las mismas posibilidades ambientales vemos que unos chimpancés hacen unas cosas (como utilizar ramas) y otros hacen otras (como usar hojas a modo de recipiente). Son diferencias conductuales que se han aprendido y dependen de la familia a la que se pertenece. Un individuo las descubrió algún día y lo transmitió a sus congéneres con lo que pasaron a formar parte de su cultura propia. Algo muy similar ocurrió con los seres humanos cuando nació nuestra cultura.

-¿Dichas conductas son indispensables para sobrevivir o son caprichosas?
-No están relacionadas exclusivamente con la supervivencia. Se trata de un mero enriquecimiento conductual. Son aprendizajes útiles, pero si no los desarrollan tampoco pasa nada. Esto se ve, por ejemplo, en la utilización de piedras para romper unos frutos determinados. En algunas zonas geográficas, los chimpancés han -enriquecido su dieta porque disponían de la tecnología para machacar ciertas cáscaras. Pero esos frutos no son necesarios para sobrevivir y, de hecho, en otras familias pueden pasar perfectamente sin ellos. Eso no es supervivencia es simple evolución cultural.

-Usted dice que las matemáticas no son más que un recuerdo de nuestro origen en los árboles.
-La capacidad de hacer números es la plasmación abstracta de nuestro origen arborícola. Al subir a los árboles, los primates situaron sus ojos en un lugar determinado de la cara y generaron una visión tridimensional y cromática del mundo. Toda la matemática nace de la tridimensionalidad. Pero eso no es más que un condicionamiento de nuestro cerebro descendiente del de los primates. Sabemos que en el cosmos hay más dimensiones aunque nosotros no podemos conocerlas. Así que esa habilidad tan elevada que es el cálculo resulta que es imperfecta. Al fin y al cabo sólo podemos trabajar con las herramientas que la evolución nos ha dado, sin olvidar que esa evolución nos emparenta con los monos.

-Cuéntenos algo de su vida. Usted se ha pasado 30 años investigando en África. ¿Qué recuerda de su primer contacto con el continente?
-¡Ah!...Llegué a África el día de San Juan del año 40, por la mañana, ala isla de Fernando Po. Iba en un barco de carbón que tuvo que sortear los controles de los buques militares europeos en plena Guerra Mundial. Tenía 16 años y todavía recuerdo la imagen impresionante del monte Camerún. ¡Es un espectáculo extraordinario! Tampoco olvidaré mi primer día en la selva y el canto de las tórtolas. Estos pájaros están en todas partes: usted puede saber si una película está realmente filmada en África porque se oyen de fondo las tórtolas. Yo siempre me emociono al oírlas.

-¿Y la primera vez que vio un gorila?
-Eso fue más tarde, en el año 54, en la Guinea continental española. Nos avisaron de que había gorilas en la región y, aunque yo no trabaja con esos animales, la curiosidad me movió a buscarlos. El espectáculo es único. Luego los he visto centenares de veces y siempre me ha parecido emotivo. Son tan grandes, tan pausados, tan majestuosos....ves a los machos con las espaldas plateadas, a los pequeños, a las hembras y piensas: "Estos individuos están tan cerca de nosotros."

-Estar en los lugares más bellos del mundo le habrá ayudado a ser un gran dibujante.
-Bueno, la verdad es que yo sabía dibujar antes que escribir. Después, siempre he utilizado el dibujo como herramienta de trabajo. Un buen etólogo tiene que saber dibujar. Eso te permite captar movimientos y situaciones sin necesidad de describirlos. Además dibujar es como aprehender la realidad: la captas y es para ti; puedes guardarla en una libreta y hacerla tuya. En la España del siglo pasado había fantásticos dibujantes de la naturaleza pero ahora se está perdiendo el oficio.

-Quizás hoy es más fácil hacer una foto...
-Pero, hombre, ¡si un dibujo es una cosa insustituible!

-¿Se puede hacer etología en un zoo?
-No es lo mismo. En un zoológico se hacen determinados análisis de laboratorio sobre ciertas capacidades cognitivas de los animales. Y en muchos casos se extraen conclusiones de gran valor científico. Pero sólo en la selva podemos ver lo que los gorilas y los chimpancés saben realmente hacer. De hecho, los zoológicos clásicos tienden a desaparecer.

Jorge Alcalde

Esta entrevista fue publicada en enero de 1998, en el número 200 de MUY Interesante.

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