¿Adiós a los corales?

 

¿Adiós a los corales?A unos 360 kilómetros del mar más cercano, en el corazón de Madrid, un ajetreado equipo de técnicos e investigadores del Zoo-Aquarium de la capital pone todo su mimo en el desarrollo de una valiosa instalación en la que, con mucho buen hacer y una pizca de suerte, se instalarán y prosperarán varias colonias de delicadísimos corales. Los trabajos forman parte del proyecto de investigación SECORE, una iniciativa internacional cuyo objetivo es obtener mediante reproducción sexual poblaciones genéticamente viables de estos organismos lejos de su medio natural. La cuestión tiene suma importancia para buena parte de la comunidad científica, desde climatólogos a expertos en ciencias marinas, ya que la salud de los arrecifes constituye un excelente indicador del estado en el que se encuentran los océanos.

En realidad, los corales son pequeños pólipos de unos pocos milímetros que poseen la habilidad de fijar el calcio del mar. Las estructuras calcáreas que forman se mantienen tras la muerte del animal y son colonizadas por otros pólipos, lo que hace que con los años se vayan extendiendo, dando lugar a los arrecifes. El proceso se ha desarrollado inmutablemente durante miles y miles de años, hasta ahora. Se calcula que los efectos asociados al cambio climático, las enfermedades propias de los corales, la sobrepesca y la explotación masiva de las costas han acabado con el 20% de los 285.000 kilómetros cuadrados de arrecifes conocidos, lo que resulta una amenaza para la biodiversidad -los arrecifes albergan una gran densidad de vida marina? y unas pérdidas anuales de 30.000 millones de dólares, centradas especialmente en dos sectores, el turismo y la pesca. El pasado septiembre, por primera vez se incluyó a los corales en la Lista Roja de Especies Amenazadas que elabora la Unión Mundial para la Naturaleza: el Tubastraea floreana y el Rhizopsammia Wellington de las Galápagos se consideran críticamente amenazados, y el Polycyathus Isabela se ha designado como vulnerable.

Hace cuatro años, un informe sobre el Estado de los Arrecifes de Coral en el Mundo señalaba que la mitad se encontraba en peligro y que, de no tomarse medidas, podrían desaparecer en dos décadas. Desde entonces, las cosas no parecen haber mejorado mucho. Las cifras bailan según las fuentes, pero todos los expertos y organizaciones que analizan el estado de los corales coinciden en que están desapareciendo a un ritmo vertiginoso. Así, según un estudio del Programa de la ONU para el Medio Ambiente, casi la tercera parte de los corales se ha desvanecido, y se prevé que en 2030 lo hará el 60%.

Según Donald Kennedy, director de la revista Science, la explicación hay que buscarla principalmente en el aumento de la temperatura del mar y el exceso de emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Alrededor del 30% del dióxido de carbono producido por la industria es absorbido por el mar. Cuando esto sucede, se forma bicarbonato e iones de hidrógeno, que reducen el pH del océano, lo que altera su acidez. El fenómeno afecta directamente al desarrollo del carbonato que aprovechan los corales para desarrollar sus estructuras. Es más, se calcula que desde la Revolución Industrial, el pH se ha reducido globalmente en un 0,1, y que para finales de siglo podría descender incluso un 0,4. Esto afecta principalmente a los corales de aguas poco profundas, que se desarrollan en un estrecho margen de temperaturas, y que se están blanqueando por el calor.

Drew Harvell, profesora de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Cornell, jefa del Equipo de Investigación de las Enfermedades del Coral, afirma que el aumento de la acidez de las aguas impide a estos organismos formar sus esqueletos calcáreos. ?La acidificación amenaza a todas las formas de vida que posean esqueletos calcáreos, desde los corales hasta los cangrejos. Calculamos que en sólo cinco décadas los niveles de CO2 serán tan altos que la situación para los arrecifes será insostenible. Es más, aunque podamos reducir la sobrepesca y las fuentes de estrés locales que puedan afectar a los corales, a medio plazo será necesario abordar el problema del CO2?. Ove Hoegh-Guldberg, director del Centro de Estudios Marinos de la Universidad de Queensland, en Australia, recalca la importancia de los arrecifes coralinos: ?son ecosistemas esenciales en la cadena alimenticia de los océanos y proporcionan sustento directamente a unos 100 millones de personas que viven en las costas de los países tropicales en vías de desarrollo; la pérdida de los corales expone a la población a inundaciones, produce la erosión de las costas y la pérdida de miles de millones de dólares al año a las industrias pesqueras y turísticas?.

Un artículo publicado el pasado diciembre en la revista Science confirma esta tendencia. En él, un equipo internacional de científicos señala que la concentración en la atmósfera de dióxido de carbono pronto superará las 500 partes por millón y las temperaturas aumentarán alrededor de 2 ºC entre 2050 y 2100. Un grupo de expertos adscrito al programa de investigación Coral Reef Targeted Research ha señalado en esta misma publicación que una vez superadas las 560 partes por millón, el proceso de calcificación se reduce un 40%. ?Para 2100, los océanos se encontrarán tan acidificados que el 70% del hábitat de los corales que viven en aguas profundas, que hasta ahora se consideraba relativamente a salvo de los efectos del cambio climático, será inhabitable para estos organismos?.

En un informe sobre el estado de los corales que viven a grandes profundidades, la Administración Nacional Atmosférica y Oceánica de EE UU (NOAA) señala que los corales de aguas frías, que se desarrollan entre los 50 y los 3.000 metros de profundidad, son muy sensibles a los cambios físicos del entorno. Precisamente, el pasado enero, un equipo de investigadores anunció el hallazgo cerca de Barcelona de unos fósiles de corales de 400 millones de años de antigüedad únicos en el mundo, capaces de trasladarse para colonizar otras zonas, evitar a los depredadores o desenterrarse ante la caída de sedimentos. Su morfología, sin embargo, es similar a la de los modernos corales de aguas profundas, unos organismos muy longevos y de lento crecimiento que se están viendo afectados por la explotación de los recursos energéticos y la pesca de arrastre de profundidad. La paleontóloga de la Universidad de León Esperanza Fernández-Martínez, que formó parte del equipo, señala que esta técnica está destruyéndolos a tal ritmo que es posible que nunca lleguemos a conocerlos con precisión.

En Australia, que posee los corales mejor conservados del planeta, los expertos del Instituto de Ciencia Marina monitorizan continuamente estos cambios, pero la realidad es que en muchas zonas del mundo, los corales no sólo no se encuentran protegidos, sino que están siendo esquilmados, por una parte para ser exportados a occidente, especialmente para convertirlos en joyas o como decoración para los acuarios, como ocurre con el Corallium, o para atrapar a algunas especies que viven en ellos y que son consideradas auténticas delicias en los restaurantes asiáticos. Los responsables de la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza advierten especialmente sobre la delicadísima situación de los corales del Caribe, cuya población se vio reducida a la mitad en 2005 a causa de una subida de las temperaturas marinas y sufrieron una intensa decoloración. Ahora, estos expertos temen que esta situación vuelva a producirse e instan a los gobiernos a que reduzcan las emisiones de CO2.

A 10.7000 kilómetros de las aguas caribeñas, Hudi Benayahu, profesor de la Escuela de Estudios Medioambientales de la Universidad de Tel Aviv (Israel), señala que los corales más blandos directamente se derriten. ?El estrés al que se está sometiendo al medio ambiente está dañando la relación simbiótica entre los corales blandos y las algas microscópicas que viven en sus tejidos. En Japón, estos corales parecen haber desaparecido de golpe. ?Es como si se hubieran esfumado masivamente en menos de dos años. El área está ahora totalmente desierta?. Una de las consecuencias menos valoradas de esta pérdida es que en los arrecifes prosperan algunos organismos que podríamos utilizar para tratar enfermedades. La organización conservacionista SeaWeb, que ha puesto en marcha la campaña "Demasiado preciosos para llevarlos puestos", también incide en este sentido. ?En muchos países se considera a los corales como un mero accesorio, pero con su desaparición puede que estemos perdiendo para siempre la oportunidad de encontrar algunos fármacos clave. Uno de los más conocidos que utilizan productos químicos obtenidos en los arrecifes es el AZT, un compuesto usado para tratar el VIH?.

Ahora, el proyecto SECORE se perfila como una herramienta para mitigar esta tendencia. Una vez recogidos los gametos en los desoves masivos directamente del mar, se mantienen en incubadores Kreisel, unos acuarios especiales diseñados para el mantenimiento de organismos muy delicados, como las medusas. Tras producirse la fertilización, la larva en desarrollo se transporta a los aquariums. ?De momento se llevan únicamente a centros estadounidenses, ya que, por una parte, la larva es muy sensible y conviene que el transporte sea breve, y, por otra, porque se necesitan permisos especiales para ser importados a Europa?, explica a MUY Pablo Montoto, conservador del Aquarium del Zoo de Madrid, única institución española que participa en esta iniciativa. ?Se ha partido del caso de Acropora palmata, una especie emblemática del arrecife caribeño cuyas poblaciones se han reducido un 90% en los últimos años?.

En los centros de investigación se estudia la supervivencia y el crecimiento de las larvas. El proceso, muy complejo, incluye reproducir unas condiciones adecuadas tanto en el agua como en la iluminación del entorno. Mitch Carl, del Zoo Henry Doorly, en Omaha, logró mantener 821 colonias de las miles de larvas que se recolectaron a este propósito el pasado agosto en Puerto Rico, y afirma que se sentiría feliz si una sola colonia sobreviviera al cabo de un año. Pero la incorporación del uso de los contenedores Kreisel está cambiando profundamente esto. Según Montoto, en 2007 se han obtenido así 1.296 colonias.

De momento, se conseguido la reproducción asexual de estos organismos obteniendo esquejes de los corales. Pero, según Montoto, la reproducción sexual ofrece ventajas: ?está claro que para el arrecife un método mucho menos agresivo; además, en el futuro se podrá utilizar esta técnica para producir a nivel industrial colonias para la acuariofilia o la investigación?. Desde un punto de vista biológico, la obtención de colonias por reproducción asexual no es mas que la obtención de clones cuya piscina genética es muy limitada frente al de una población natural; así, está mucho mas expuesta a ser eliminada completamente por la aparición de una enfermedad o una alteración frente a la que ese individuo en concreto del que provienen los clones no era resistente. El proyecto SECORE servirá también para realizar un importantísima labor de conservación de Acropora palmata. De esta forma, una red de acuarios servirá para conservar esta especie, que nunca antes se ha mantenido lejos de su hábitat por sus especiales demandas de luz, corrientes, calidad de agua y alimentación. Otra línea del SECORE, impulsada por Mary Hagedorn, del Smithsonian Institution, supone la criogenización de los gametos de Acropora para crear un banco de gametos de los que en un futuro se podrían obtener larvas viables para su reintroducción en arrecifes recuperados.

La desaparición de los corales es, según Thomas Lovejoy, presidente del Centro Heinz para la Ciencia, la Economía y el Medioambiente, ?el cambio medioambiental más profundo al que hemos asistido en nuestras vidas?, un fenómeno en el que, a decir de Camilo Mora, un investigador de la Universidad Dalhousie, en Halifax (Canadá), estamos directamente implicados. En un informe publicado en la revista Proceedings de la Real Sociedad de Londres, Mora añade un factor más a la crisis que atraviesan los corales: el aumento de la población. ?El número de personas que viven en las proximidades de los arrecifes es la principal causa de la mortalidad de los corales y de la pérdida de peces. Aunque los arrecifes se beneficien de políticas encaminadas a reducir las emisiones o el control de la pesca, está claro que bajo todos esos factores se encuentra la superpoblación. Si se cumplen los pronósticos y en 2050 la humanidad alcanza los 9.000 millones de individuos, los corales tendrán que hacer frente a una crisis ecológica global?.

Abraham Alonso

Para saber máswww.secore.org
www.coralreef.noaa.gov

 


 

Sombras pálidas en el arrecife

Muchos arrecifes se están viendo afectados por diversas enfermedades que causan una intensa degradación de los corales. Los expertos sospechan que, además, estas empeorarán a medida que aumente la temperatura media del océano. Estas son algunas de ellas:

1. Enfermedad de la banda amarilla. Aún no se ha identificado el patógeno que la causa. Deja un rastro de zonas afectadas en forma de anillos amarillos.
2. Enfermedades blancas del Caribe. De origen bacteriano, dejan al descubierto el esqueleto calcáreo del coral. Están relacionadas con el aumento de la temperatura del agua.
3. Aspergilosis. Provocada por el hongo Aspergillus sydowii. Algunos corales están desarrollando cierta resistencia.
4. Síndrome blanco. Causa desconocida. Destruye el exterior del coral. Presente en la Gran Barrera, Hawai y las Marshall.


 



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Los arrecifes albergan una gran cantidad de seres vivos. Sólo entre las ramas de los corales Oculina varicosa cercanos a las costas de Florida, John Reed, un investigador de la Institución Oceanográfica Harbor Branch, encontró en 2002 20.000 invertebrados de 300 especies distintas. Poco después, el Centro para la Ciencia de la Biodiversidad Aplicada identificó los 10 arrecifes más amenazados del planeta y las principales agresiones a las que son sometidos. Para proteger estos auténticos paraísos de la biodiversidad, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) señala que es preciso adoptar cuanto antes estas medidas:

- Debe doblarse el número de arrecifes protegidos en todo el mundo.
- Esas áreas han de ser controladas para que puedan recuperarse rápidamente del estrés al que son sometidas y a los efectos del cambio climático.
- La actividad humana debe reducirse significativamente en los lugares designados.
- Los gobiernos y la sociedad civil han de colaborar en el control de las áreas protegidas.

 


Tratamiento biológico contra el calor

Es una tarde soleada y Andrew Baker se encuentra dentro de un tanque con agua de mar hasta las rodillas en el criadero experimental de la facultad Rosenstiel de ciencias marinas de la Universidad de Miami. Tiene el cabello liso y la piel bronceada, y su imagen concuerda más con la de un modelo que con la de un respetado científico británico. A sus 35 años, Baker tiene un doctorado en biología marina y su interés son los corales. Especialmente los que reposan en el fondo del tanque.

corales_baker.jpg ?Mire éste?, dice sacando del agua un trozo gris azuloso del tamaño de una mano. ?Está en perfecto estado, al igual que aquel otro, el de los surcos verdes brillantes. Estos colores se los confiere el alga zooxantela?. La zooxantela, miembro del grupo de los dinoflagelados, es un inquilino permanente en muchos corales. Paga la renta dándole a los pólipos coralinos energía en forma de compuestos de carbono derivados de la fotosíntesis. De hecho, esta diminuta alga provee hasta el 90% de las necesidades energéticas del coral.

Pero la zooxanela es intolerante al calor. Algunas especies no aguantan el aumento de un solo grado centígrado, y salen huyendo despavoridas de sus edificios de carbonato de calcio, tornándolos blancos y dejando al arrecife vulnerable a toda clase de enfermedades. Es entonces cuando los delicados pólipos coralinos comienzan a padecer de hambre. Las especies más resistentes pueden durar unas cuantas semanas sin sus algas... pero poco más.

Andrew Baker quiere darles a los corales la oportunidad de sobrevivir al cambio climático, que muy probablemente calentará el agua en que viven. Su estrategia es tan sencilla como interesante: inyectar en algunos trozos más vulnerables de coral la zooxantela de otras especies de corales que son más tolerantes al agua caliente. De momento, el experimento estará confinado a estos tanques de la universidad, pero en unos años, Baker planea trabajar en mar abierto, aplicando este tratamiento a algunos trozos seleccionados de coral, los cuales cubrirá con un capuchón protector para ver lo que sucede.

El enfoque de Baker hacia la zooxantela fue expuesto por primera vez en la revista Nature en 2001, donde se refiere a las diferencias genéticas de las varias clases de zooxantelas, algo que hasta el momento nadie se había molestado en explorar. De hecho, se creía que todas las algas eran iguales. Sin embargo, el laboratorio de Baker prueba lo contrario. Congeladas en un sueño criogénico de 115 grados centígrados bajo cero, 12.000 muestras de tejidos coralinos de 20 países con sus zooxantelas esperan su turno para pasar bajo el microscopio. Hasta ahora, los estudios de Baker han dejado claro que la zooxantela es una especie de escudo térmico. También mostraron que algunos corales se adaptaron mejor al agua caliente, "contratando" algas más tolerantes al calor después de haber pasado por un blanqueamiento traumático. ?Es como en una selva tropical, donde hay plantas más resistentes al sol y otras que necesitan la sombra?, dice el biólogo apresurándose a colocar las muestras nuevamente bajo el agua. ?Y en un arrecife sucede que a veces una especie de coral se puede asociar con más de una especie de alga, lo cual complica las cosas?.

Las investigaciones de Baker han merecido que la prestigiosa organización Pew Fellowship in Marine Conservation le otorgase 150.000 dólares para un proyecto de tres años durante el cual su grupo intentará desarrollar formas de inocular a los corales más delicados contra el inminente problema del calentamiento global. ?En lugar de simplemente documentar la declinación y escribir obituarios sobre los arrecifes, él está buscando soluciones innovadoras para evitar su deceso?, señala Ellen Pikitch, directora ejecutiva del Pew Institute for Ocean Science.

Ángela Posada-Swafford

 







Etiquetas: física

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