El mal de las vacas locas alteró la dieta de los lobos en Galicia

La prohibición del abandono de cadáveres de animales en el campo afectó a las poblaciones del cánido.

Hasta el año 2000, la población de lobos ibéricos (Canis lupus signatus) presente en Galicia se nutría sobre todo de carroña de animales domésticos. Sin embargo, la aparición de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, también conocida como encefalopatía espongiforme bovina o mal de las vacas locas, alteró los hábitos alimenticios de este cánido.
Según un estudio publicado en Environmental Management, la normativa sanitaria europea que prohibió abandonar el ganado muerto empujó a los lobos a atacar a jabalíes, corzos y ponis salvajes, así como a las explotaciones ganaderas de vacuno para poder alimentarse. Y es que una de las medidas decisivas de la UE para afrontar la crisis de las vacas locas fue prohibir el abandono de los cadáveres de rumiantes que morían en las granjas y que constituían uno de los platos fuertes para los lobos. La medida también ha afectado a otras especies carroñeras, como a los buitres de la península ibérica.
Para llevar a cabo el estudio, un equipo de investigadores analizó la evolución de la dieta de los lobos de Galicia en dos etapas: desde los años 70 hasta 2000, y después de la aplicación de la citada normativa. También influyeron otros factores en el cambio de hábitos de estos cánidos, como una reducción en el censo ganadero, el despoblamiento del medio rural y la reforestación de tierras agrarias que ha favorecido la expansión de los ungulados salvajes, como caballos, ponis o corzos. Según los análisis, mientras que en los años 70 los lobos se alimentaban principalmente de carroña, a partir de 2004 su dieta cambió drásticamente en el territorio gallego, donde ahora se basa en los ungulados.
Según Felipe Bárcena, científico de la Universidad de Santiago de Compostela y coautor del trabajo, la expansión del corzo y la existencia en Galicia de una gran población de ponis salvajes ha suavizado el impacto de la desaparición de la carroña de ganado, lo que ha permitido un cambio en la dieta del lobo y ha fortalecido su nicho de depredador. Para otra de las autoras, Laura Lagos, en la zona occidental de Galicia los ponis salvajes se han convertido en una presa principal, como los corzos en las montañas del este. Paralelamente, mientras en toda Galicia el ganado ovino y caprino ha dejado de ser fundamental en la dieta del lobo, ha aumentado el consumo de ganado vacuno –a pesar de que su censo se haya reducido en un 37%– y los daños a la ganadería vacuna.

Estos científicos coinciden en que esta situación agrava los problemas de coexistencia entre los lobos y el ser humano y afecta negativamente a la conservación de este carnívoro. Por ello, proponen la existencia de una gestión del medio que garantice el aumento de las poblaciones de corzo y poni salvaje, junto a acciones de restauración del hábitat para proporcionar a los lobos una comunidad de presas silvestres diversa y abundante, fundamental para conseguir que la población de cánidos supere las alteraciones naturales o artificiales de su hábitat, y para reducir los conflictos con la ganadería. Además, habría que impedir que los cadáveres de los animales sean retirados.

Etiquetas: animalesciencianaturaleza

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