Comedores de hombres

Entre otros nutrientes indispensables, la carne humana aporta hierro, vitamina B12, fósforo y zinc. Es, además, una interesante fuente de proteínas. Si pudieran, algunos depredadores opinarían, además, que es suculenta y que sus torpes propietarios bípedos constituyen una presa asombrosamente sencilla de cazar. Ése era el estado de las cosas hace millones de años. Así lo afirman los arqueólogos Julia Lee-Thorp y Nicolás van der Merwe, de la Universidad de Ciudad del Cabo, y el paleontólogo Francis Thackeray del Museo Transvaal de Pretoria, en Sudáfrica. Según indican estos expertos en el Journal of Human Evolution, el estudio de las Comedores de hombresconcentraciones de isótopos de carbono y del esmalte dental de algunos depredadores prehistóricos de la sabana ha revelado que hace dos millones y medio de años los leopardos, al menos una antigua variedad de hiena cazadora y muy posiblemente los extintos tigres dientes de sable, ya acechaban y devoraban primitivos homínidos.

El paleontólogo Charles Kimberlin Brain, cuyos análisis vinieron a demostrar, en contra de las hipótesis sostenidas hasta entonces, que estos primates superioresno se encontraban precisamente en la cima de la cadena trófica, asegura en su libro The hunters or the hunted? que el carnívoro dinofelis era un consumado asesino de homínidos. Brain señala que este depredador, cuyo aspecto podría recordar al de un jaguar moderno con los miembros delanteros sobredimensionados, solía abatirlos uno por uno -algo que también practicaba con los babuinos- y luego arrastraba los cuerpos hasta su guarida. Con el tiempo, los seres humanos no sólo aprendimos a evitar astutamente las emboscadas, sino que desarrollamos la necesidad de eliminar al agresor. Eso no quiere decir, sin embargo, que hayamos dejado de formar parte del menú ocasional de algún depredador.

Los leones de Tanzania han matado a 563 personas

Una investigación realizada por expertos del Departamento de Ecología, Evolución y Conducta de la Universidad de Minnesota (EE UU) ha puesto de manifiesto que sólo en Tanzania los leones han matado durante los pasados 15 años a 563 personas y han herido a 308. Los investigadores señalan que la causa más probable es el aumento de la población humana. De hecho, las agresiones se han dado en su mayor parte en zonas agrícolas recientemente colonizadas y entre los meses de marzo y mayo, cuando tiene lugar la cosecha. Según el biólogo Craig Packer, uno de los firmantes del estudio, los ataques suelen producirse donde se ha reducido el número de animales de los que suelen alimentarse estos felinos, como cebras o impalas, y donde más abunda el jabalí de río. Este artiodáctilo, que también forma parte de la dieta de los leones cuando escasean otras presas, es considerado una plaga por la población local, que a menudo pernocta a la intemperie para proteger sus cosechas del voraz cerdo salvaje. Eso, por supuesto, expone a los agricultores al ataque de algún león. Además de proponer reducir el número de jabalíes, los investigadores advierten que, si no se corrige, esta situación puede ir en detrimento de los esfuerzos conservacionistas y de protección de los grandes felinos.

Un tigre con fama de devorador de hombres

Muy lejos de allí, en el Parque Nacional de Sundarbans, en la India, mantiene uno de sus últimos reductos otro mamífero que parece haberse ganado a pulso su reputación de comedor de hombres: el tigre de Bengala. Se calcula que los aproximadamente 400 ejemplares que sobreviven en la reserva y en las áreas próximas matan cada año a unas 50 personas. Según algunos cálculos, esta cifra podría haber sido 16 veces mayor a principios del siglo pasado, cuando estos magníficos gatos de 3 metros de largo y más de 300 kilos de peso no eran tan escasos. Sin embargo, todo apunta a que los humanos no son vistos por los tigres como presas -se centran más en los búfalos y ciervos-, sino como competidores. Sólo el 3% de las veces acaban devorando a sus víctimas. De cualquier forma, aventurarse en Sundarbans no es cosa de broma. Entre los medios no letales que se han empleado para evitar el ataque de los ejemplares agresivos se encuentra el uso de unas llamativas máscaras que se colocan en la parte posterior de la cabeza, de forma que sus grandes ojos siempre miren hacia atrás. La idea es que los tigres, que en esta zona parecen encontrar especialmente encantador -al menos según los lugareños- abalanzarse sobre los desprevenidos humanos y afilarse sus garras de 10 centímetros en su espalda, se vuelven más temerosos si éstos les observan directamente.

¿Pero qué lleva a un animal a alimentarse de personas? En el caso de los grandes felinos, un ejemplar enfermo, herido o viejo tiene, según los expertos, muchas más probabilidades de atacar a humanos y consumir su carne. Esto se da especialmente en las distintas variedades de tigres que, a diferencia de los leones, son depredadores solitarios. La pérdida de dientes es otro factor que puede llevarles a capturar presas más fáciles que las habituales. Aun así, la mayor parte de las veces los ataques se producen cuando el depredador protege su guarida, cuando es sorprendido o cuando intenta cazar ganado y su propietario intenta impedírselo. Hay episodios, sin embargo, en los que hace gala de una astucia y un ensañamiento sorprendentes.

Una masacre de operarios que fue llevada al cine

En marzo de 1898, la Compañía de África Oriental comenzó a construir un puente ferroviario sobre el río Tsavo, en Uganda, bajo las órdenes del ingeniero jefe, el teniente coronel John Henry Patterson. Durante los siguientes 9 meses, los continuos ataques de dos audaces y sanguinarios leones, que llegaban incluso a penetrar por la noche en las tiendas de los trabajadores, pusieron en peligro la marcha de las obras. Pese a los esfuerzos de los operarios, que construyeron defensas alrededor del campamento, los felinos averiguaron cómo eludirlas. Las trampas que ideó Patterson tampoco dieron resultado. Por fin, pudo abatir el primero el 9 de diciembre y el segundo 3 semanas después. Entre ambos habían asesinado y devorado a 140 trabajadores. Las pieles de los leones fueron vendidas al Museo Field de Chicago por 5.000 dólares, donde una exposición rememora los hechos. Éstos fueron recogidos por el propio Patterson en su libro Los devoradores de hombres de Tsavo y luego llevados al cine en las películas Bwana Devil y Los demonios de la noche, interpretada por Michael Douglas y Val Kilmer.

Aunque se desconocen las causas que llevaron a estos animales a convertirse en devoradores de hombres, los expertos del Museo Field creen que pudieron combinarse dos factores. Por un lado, un brote de peste bovina había matado poco antes a millones de cebras y gacelas. Además, los trabajadores que morían durante las obras eran a menudo mal enterrados, lo que suponía una fuente de alimento muy accesible para los leones.

Una carnicería en los pantanos de la isla Ramree

Los grandes felinos se han ganado la fama de ser responsables de más muertes humanas que cualquier otro depredador, pero no es así. Se calcula que por cada persona que fallece atacada por un tigre mueren 100 a causa de mordeduras de serpiente. De hecho, el ataque conocido más sangriento de animales salvajes a seres humanos ni siquiera fue protagonizado por mamíferos. Ocurrió en febrero de 1945 en una pantanosa isla del sudeste asiático, un hábitat perfecto para el cocodrilo marino.

Seguramente, las fuerzas japonesas que se encontraban rodeadas en la isla Ramree por una unidad británica no podían imaginar que la presión del enemigo era la menor de sus dificultades. El naturalista Bruce Wright, que se encontraba en la zona a bordo de una motora, recuerda con especial horror la noche del 19 al 20: "Entre el fuego ocasional de las armas, podían oírse los gritos de los hombres que eran destrozados por las mandíbulas de los grandes reptiles en la más completa oscuridad y el vago, inquietante y alarmante ruido de sus movimientos. Al amanecer pudimos ver cómo los carroñeros limpiaban los restos humanos que los cocodrilos habían abandonado". De los aproximadamente 1.000 soldados japoneses que habían penetrado en las marismas intentando escapar del cerco, sólo sobrevivieron veinte. Hoy los cocodrilos marinos -Crocodylus porosus- siguen siendo los más peligrosos para los seres humanos. Y es que los machos adultos, que pueden sobrepasar los 5 metros de longitud, son capaces incluso de atrapar con sus enormes mandíbulas armadas con 66 dientes búfalos de agua de casi una tonelada de peso.

Cinco meses después de la masacre de la isla Ramree, los marineros del USS Indianápolis afrontarían un destino similar. El 16 de julio de 1945, este crucero estadounidense partió de San Francisco con varios contenedores en los que se transportaban algunas partes de la bomba Little Boy que sería arrojada sobre Hiroshima el 6 de agosto. Tras dejar su carga en Tinian, en el norte de las Islas Marianas, el Indianápolis zarpó para llevar a cabo unas maniobras. Sin embargo, poco después de la medianoche del 30 de julio, recibió el impacto de dos torpedos lanzados por un submarino japonés. Se hundió en sólo 15 minutos.

De los 1.199 hombres embarcados, unos 900, muchos de ellos heridos y con graves quemaduras, sobrevivieron a las explosiones. Los náufragos comenzaron entonces a agruparse para auxiliarse unos a otros. Al amanecer, aparecieron los primeros tiburones tigre, unos superdepredadores que pueden alcanzar los 5 metros de longitud. Aunque algunos testigos afirman que en las aguas cercanas debía haber no menos de doscientos, la deshidratación seguramente fue tan mortífera como los escualos.

Cebo humano para los tiburones tigre

El capitán Lewis L. Haynes, oficial médico del barco, señaló que "por la noche había cosas que chocaban contra uno en la oscuridad o que te rozaban las piernas. En un informe pude leer que unos destructores habían recuperado 56 cuerpos mutilados". Aún fue peor. El 2 de agosto, un avión localizó a los supervivientes. La tripulación de un hidroavión que acudió a la zona subió a bordo o colgó de las alas con cuerdas de paracaídas a los que pudo. Cinco días después de constantes ataques, los equipos de rescate comprobaron que sólo habían sobrevivido 317 hombres.

Hoy, los medios se hacen eco periódicamente del ataque de tiburones a personas, a veces incluso muy cerca de las playas. Y es que, aunque la amenaza de las hienas cazadoras y de los tigres dientes de sable pertenece a un remoto pasado, aún existen grandes depredadores capaces de despertar en nosotros un miedo atávico a ser devorados.

Abraham Alonso







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