Así se enfrentan al calor los elefantes

Los elefantes que viven en el desierto del Namib pueden pasar hasta cinco días sin beber. ¿Cómo lo consiguen?

El elefante es, sin duda, uno de los iconos del mundo animal y, entre otras cosas, su trompa es una de las partes del cuerpo que, por extraña, nos resulta más llamativa. La trompa del elefante está formada por la fusión de su nariz con el labio superior y contiene 150.000 fascículos musculares sin hueso alguno, lo que le permite una gran precisión en sus movimientos.

Aparte de respirar, la trompa cumple otras funciones importantes: oler, tocar, comer y beber, emitir sonidos e interactuar socialmente con otros individuos y con el ambiente que les rodea. Pero, como veremos más adelante, este animal tiene, además de su probóscide, otra "arma secreta" casi desconocida…


Un animal todoterreno

Existen dos tipos de elefante: el africano del género Loxodonta y el asiático Elephas. Lamentablemente ambas especies son víctimas tanto de la caza furtiva para obtener el marfil de sus colmillos como de la pérdida de su hábitat natural. Su gran tamaño requiere de espacios vastos y mucho alimento, ambos cada día más escasos, por lo que cada vez son más frecuentes los conflictos relacionados con estos paquidermos.

Por suerte, los elefantes se adaptan a prácticamente todos los hábitats y esto les ayuda a sobrevivir. En África, los más conocidos son los que habitan las planicies ubicadas en la sabana y los bosques abiertos de las zonas oriental y meridional del continente (Loxodonta africana africana). Menos conocidos son aquellos que encontramos en la jungla (Loxodonta africana cyclotis), más pequeños y no tan abundantes.

Existen también poblaciones especiales como la que habita el desierto de Namib, más precisamente en Kunene, en el norte de Namibia, una de las últimas regiones verdaderamente "salvajes" y muy poco accesibles del sur de África. La zona, también conocida como la Costa de los Esqueletos, debido a los restos de barcos hundidos que pueblan su costa, posee una rica diversidad que incluye a este grupo de unos 350 elefantes especialmente adaptados a la vida en el desierto, pertenecientes a la subespecie L. a. africana.


Con su ‘cantimplora’ a cuestas

Como los camellos, que poseen características fisiológicas especializadas al desierto, estos elefantes también han desarrollado interesantes adaptaciones que incluyen una pisada más amplia, patas más largas y cuerpos más pequeños. Si bien la mayoría de los elefantes necesitan agua a diario, estos verdaderos colosos del desierto pueden pasar hasta cinco días sin beber. Para lograr esto, estos animales han perfeccionado el uso de un órgano poco conocido: la bolsa faríngea.

Los elefantes, lejos de fuentes de agua y expuestos a una temperatura de 45 ºC, rociaban sus orejas con agua que regurgitaban de sus bolsas faríngeas.

En sus "Apuntes de la historia natural de Ceilán" de 1861, J. Emerson Tennent describió que los elefantes eran capaces de regurgitar varios litros de agua y rociarla sobre sus cuerpos, particularmente sobre sus orejas que, con su batir constante, son las que regulan la temperatura de estos animales.

La hipótesis de la existencia de un depósito especial para retener esa agua fue confirmada por estudios anatómicos posteriores que indicaron la existencia de la bolsa faríngea. Este órgano está ubicado detrás de la base de la lengua y existe en todos los elefantes. Además de almacenar agua su uso más frecuente es el de emitir sonidos de tono grave.

Los elefantes de Kunene usan el agua de la bolsa faríngea cuando sube la temperatura. Este comportamiento no es fácil de observar, de hecho fue filmado por primera vez en 2008. Los elefantes, lejos de fuentes de agua y expuestos a una temperatura de 45 ºC, rociaban sus orejas con agua que regurgitaban de sus bolsas faríngeas.

La observación de este fenómeno también en África meridional sugiere que los elefantes de otras partes del continente son también capaces de usar este método para hacer descender su temperatura corporal y así sobreponerse al calor del ambiente. Seguro que muchos de nosotros, mientras sufrimos las altas temperaturas del verano, también desearíamos tener una bolsa faríngea para rociarnos de agua igual que hacen los elefantes.

 

Texto y fotos: Julio de Castro, veterinario y Doctor en Parasitología. Ha trabajado para la FAO durante 25 años y ahora vive en Zimbaue. Sus observaciones sobre los hipopótamos contribuyeron a la publicación del artículo científico citado, del que es co-autor. Escribe sobre sus experiencias en África en el blog A Bushsnob in wild Africa

Etiquetas: animalescuriosidades

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