Los azarosos cauces del tiempo


historia-dias2Con todo, la preocupación de Estados Unidos no estaba en Europa sino en el Pacífico, donde un simple suceso –el ataque de la armada japonesa a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941– cambió la historia del Pacífico y con ella la del mundo. ¿Todo esto pudo haberse evitado? La verdad es que no. La Historia avanza siempre por cauces imposibles de comprender. El poder teje un itinerario acorde a la situación económica y social, pero cualquier líder estornuda y la Historia se desvía, tomando otro camino. En la actualidad existe cierta pasión por la ucronía, ese futuro posible en caso de haber ocurrido algo que nunca llegó a suceder. Un recurso dramático para entender que lo imprevis¬to preside la vida, tanto como la providencia o el destino. Lo imprevisto a menudo adopta un tono dramático; lo hace en los magnicidios y en las conjuras. Los magnicidios revelan hasta qué punto pesan más las preocupaciones de los intrigantes que el deseo de convertir el mundo en un hogar habitable.

Recordemos tan sólo el ritmo cansino de los magnicidios en la Historia: qué hubiera sido del reino nazarí de Granada si un loco no hubiera asesinado al emir Yusuf I, creador de la Alhambra y uno de los hombres con más talento para la negociación; qué hubiera sido de Francia si un loco no hubiera asesinado al rey Enrique IV saliendo del palacio del Louvre, con lo que el poder pasó a manos de los duros de Mazarino, el tutor del joven Luis XIV –la novela de Dumas, Los Tres Mosqueteros, es la mejor metáfora de este hecho–; qué hubiera sido de España si un loco no hubiera asesinado al general Prim abortando la solución monárquica de Amadeo de Saboya; qué hubiera sido de los EEUU si un loco no hubiera asesinado en Dallas a JFK. Siempre un loco en el camino, pero ¿quién está detrás de esos locos? ¿Quién sujeta la mano asesina?

Las conjuras, por su parte, añaden un elemento de inquietud a la conducta humana. A veces, los grupos gobernantes se reúnen recuperando el “sentido de la horda”–que diría Freud– y dirigen sus puñales contra el cuerpo de quien desea cambiar el mundo. Fue así como se conjuraron contra César durante los Idus de marzo del 44 a.C.; fue así como algunos funcionarios del Imperio pagados por cristianos adinerados convencieron a Juliano el Apóstata para que realizara una expedición suicida al actual Irak, donde perdió sus legiones y la vida; fue así como el consejo de barones presionó a Carlomagno para que abandonase el asedio de Zaragoza en el 778 y regresara a su campamento al otro lado de los Pirineos, dejando en la retaguardia a Roldán, que murió como un héroe en Roncesvalles; fue así como unos mercaderes convencieron a Federico I Barbarroja para que atravesara un río en Cilicia (Anatolia) armado con todos sus arneses, donde se ahogó perdiéndose con ello la posibilidad de recuperar Jerusalén; fue así como se presionó a Alejandro Farnesio para que no invadiera Inglaterra con su poderoso ejército acantonado en Flandes, tras el supuesto desastre de la Armada Invencible; fue así como los ingleses dejaron escapar a George Washington en una de las más brillantes retiradas de todos los tiempos, cuando el destino, la suerte, la Providencia o la mano de Dios intervinieron a favor de la Independencia de los Estados Unidos.

También ese hecho tan decisivo fue imprevisible, tal y como señaló un siglo después George Trevelyan: “No tengo constancia de que un número tan reducido de hombres haya empleado jamás tan poco tiempo con mayores y más perdurables consecuencias a lo largo de la Historia mundial”. Este comentario sería cierto si exceptuamos las batallas de Maratón y Salamina, donde los griegos vencieron inesperadamente al ejército persa, superior en número y armamento. En definitiva “si la nariz de Cleopatra hubiera sido más pequeña”, pensó el filósofo Blaise Pascal, “el mundo sería muy diferente”. Naturalmente, constatar la verdad de esta brillante metáfora equivale a situar el factor humano en el centro de la Historia. Pensemos en las decisiones equivocadas o acertadas de un individuo singular: Napoleón en Dresde pensando si debía invadir Rusia y, al hacerlo, originó su ruina política; o, en sentido contrario, Colón en Palos sin apenas sospechar que las dos carabelas y la nao que le ha-bían concedido para su viaje por el Atlántico le llevarían al Nuevo Mundo. Para salir del error de Napoleón se necesitó un siglo y múltiples factores, entre ellos la afirmación del Estado-nación, origen de las guerras mundiales. Para asumir el viaje de Colón fue precisa una nueva organización de las redes internacionales del comercio y la navegación, fomentadas por la creciente llegada de metales preciosos, tan inesperada como necesaria para el despegue definitivo de la economía europea. Recursos que, sin embargo, a su vez sirvieron para costear la Guerra de los Treinta Años. En ambos casos, la Historia siguió un derrotero distinto al previsto. La voluntad de un individuo llevó al mundo a un escenario para el que quizás todavía no estaba preparado. Ni lo estaba Europa para asumir que existían civilizaciones que no tenían nada que ver con la tradición clásica, ni lo estaba Francia para aceptar la derrota a manos de reinos reaccionarios. La respuesta contra ese desafío provocó los momentos más inquietantes de la historia reciente y convirtió la vida diaria en una tragedia.

En paralelo a estas decisiones que cambiaron el curso de la Historia, el desajuste de una acción se convierte a menudo en el punto entre lo que fue y lo que pudo haber sido. El papel de las intrigas contra el poder en este aspecto es capital. Baste pensar en que el coronel Karl von Stauffenberg hubiera tenido un minuto más para ajustar todos los explosivos que llevaba en la cartera o que las bandas que atacaron el palacio de Constantinopla no hubieran retrocedido ante la emperatriz Teodora, que convenció a su marido Justiniano para que resistiera la revuelta, alegando que “la púrpura es una buena mortaja” –color de la toga imperial–. El filósofo Odo Marquard invita a reconocer la presencia de lo imprevisible en la vida humana, frente a la idea de Hegel –sublimada coralmente por la historiografía– de que el futuro es el efecto lógico del pasado. Baste pensar que aún hoy se considera de sentido común aplicar el método científico al estudio del proceder humano. La fuerza de sus argumentos y la incapacidad del pensamiento actual de oponer una maquinaria argumental igual de poderosa, pero en sentido contrario, se percibe cada vez que ocurre algo imprevisto.

Sin ir más lejos, la caída del muro de Berlín se convirtió en una señal inequívoca del declive soviético y el interés por fijar la línea de ese suceso brilló en varios planos. El primero fue el debate en torno al fin de la Historia auspiciado por el panfleto de Fukuyama –autor de El fin de la Historia y el último hombre–; el segundo, el reflejo de esa crisis en otro lugar del planeta, en Afganistán, donde los soviéticos mantenían una guerra contra los talibanes, apoyados por agencias gubernamentales norteamericanas. Existen nexos entre ambos hechos y el posterior atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre del 2001. Nadie niega que el colapso de las repúblicas soviéticas llevó la libertad a muchos países, pero esto se realizó sin las debidas precauciones. Cuando se invocan paralelos históricos con objeto de justificar el recurso a la guerra, cabría recordar el juego por la hegemonía de Asia central que enfrentó a rusos y británicos en el siglo XIX. Y, al final, emerge de nuevo el principio de los clásicos para los cuales los hechos son imprevisibles debido en parte a que el hombre es poco fiable como factor científico. Eso nos lleva a la necesidad de que la Historia no sea un sistema, sino el arte del historiador; un arte que entre otras cosas explique lo imprevisto en la sociedad y la cultura.

José Enrique Ruiz-Domènec
Etiquetas:historia, pasado, conjuras


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Elsa Expósito  - ¿Cambiar la historia?   |2009-05-05 18:11:01
Desde mi punto de vista, el criterio de que algunas personas y acontecimientos
cambian la historia, constituye una falsedad. La historia la hacen los seres
humanos, con sus hechos, omisiones, pasiones, barbaridades, sublimidades, etc.
Por tanto, no está hecha y -inferencia elemental- nadie puede cambiarla. Somos
hacedores y hacedoras de la historia. Toca a los historiadores reseñar los
acontecimientos. Y a quienes dirigen en cualquier instancia, usar el
conocimiento, el discernimiento, la racionalidad, para procurar mejores
comportamientos humanos, individuales y sociales. Y, ahora, globales.
LIC. CELSO ESCOBAR SALINAS  - La historia no es circular sino lineal.   |2009-05-11 16:42:43
No pueden repetirse patrones de una misma situación pretérita, por el simple
hecho físico del tiempo y espacio que son relativos y variantes. Sin embargo es
importante analizar que distintos fenómenos pasados nos pueden servir de
referencia a posteriori para edificar un mundo mejor, donde no cometamos esos
esos mismo errores.
Carmen  - interpretaciones   |2009-05-28 15:28:44
No quiero ofender a estudiosos y científicos, es mi opinión de lega: la
historia es una interpretación de hechos que pasaron; en función de la
perspectiva, la interpretación difiere y somos incapaces de decir cuál es
verdadera y cuál no, porque todas lo son, relativamente. Sí podemos darnos
cuenta de que cualquier interpretación es limitada y por tanto, no sirve para
determinar lo que sucederá, o sí pero siempre que no abandonemos la
perspectiva limitada. Y la realidad se mofa de nuestras limitaciones mentales
(¡menos mal!)
ramon  - historia   |2009-06-19 00:57:03
cada segundo hacemos historia, en el eterno presente nos desenvolvemos tomando
en cuenta lo vivido (pasado)y proyectando el presente al tiempo que se nos va
entregando (futuro),al retomar la linea nos reafirmamos como escribio garcia
marquez, que "la vida, no es lo que vivimos, si no ,lo que recordamos, y la
forma en como lo recordamos para poder contarlo"
guillermodelpaz  - los azaroces cauces del tiempo   |2009-07-11 01:50:49
una vez leida,lo cual creo que es muy interesante, se me refuerza la idea, que
solo somos el producto y desarrollo de polvo de estrellas.-
Oscar Leyva  - Historia   |2009-07-14 06:16:16
La Historia es una de las ramas de las humanidades o ciencias del hombre y su
funcion o la que le damos los estudiosos de la misma es la de una herramienta de
interpretacion de hechos ya acontecidos que marcaron o cambiaron al mundo si
bien la historia no es ciclica tampoco es lineal, más bien es acronica y si se
hace un estudio serio puede servir para encontrar y detectar los errores del
pasado para no cometerlos en el presente. En mi opinion muy personal la historia
es la base para entendes casi sino es que todos las intermitencias de la vida en
sociedad y su funcionalidad no tiene porque estar peleada con las ciencias
duras.
Daniel  - Hume   |2009-07-15 00:51:22
Como dijo el filósofo Hume toda causa tiene un efecto. Però aplicando la
ciéncia, la cauística és infinita y los efectos también. No obstánte la
história viene bastante definida por la política y la economia como patrón de
orientación-
Pablo.R  - una red vieja...   |2009-07-28 02:59:39
los primeros pobladores de nuestro planeta lograron poder manejar el cultivo al
cabo de años, para esas epocas era decir que eran los poderos, los que decian
que era lindo y era feo,que era correcto y que no. teniamos los sedentarios y
los nomades. esas son nuestras divisiones que hasta hoy dia se manifiestan.nada
ha cambiado y nada cambiara a no ser que una situacion global complique a los
hacedores del oro de epocas muy antiguas, a esas personas llenas de poder que
quieren una desunion, una division de los iguales, en forma y pensamiento. La
historia es escrita por personas que a veces no tienen un rumbo definido, si no
que este esta ligado a la vanidad y al pobre pensamiento cerrado de no quere
informar demasiado. al ostrocismo que gobierna desde los primeros rayos sobre
nuestro planeta. civilizaciones antiguas, clasicas y actuales aun tienen ese
pensamiento-comportamiento de un niño de pocos meses de vida al que no se le
Lainon  - No estamos preparados   |2009-08-01 03:06:20
En general, el ser humano no está preparado mentalmente para prevenir los
acontecimientos. Sólo los que se repiten de una forma constante son predecibles
con una cierta habilidad por nuestra parte, pero nuestro cerebro no está hecho
para intentar adivinar lo que va a ocurrir, así que no creo que la Historia nos
sirva mucho para ello. El problema fundamental es que tampoco aprendemos de lo
pasado, con lo que se acentúa más nuestra imposibilidad para preveer los
acontecimientos.
Maribel Satanovsky Flores  - Cambiando el curso de la histora   |2009-08-13 00:27:51
Sin embargo yo si, pienso que hay factores que si influyeron en creer de cierta
manera engañoza para predecir el futuro (no se puede predecir), sin embargo se
puede crear, dejando un gran legado de promesas, grandiosidades
"elegidos", como digo yo es creerse la historia y hacen historia.
Tomemos el ejemplo de personajes biblicos por ejemplo, son personajes ya
predestinadas (os), con un poco de "suerte" (estar en el punto indicado,
en el momento indicado).