| Los 10 grandes inventos de la evolución |
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6. EL SEXOEl origen –y el mantenimiento– del sexo es uno de los mayores galimatías de la biología moderna. A priori, la reproducción asexual es más cómoda: todo el mundo puede generar descendencia partiéndose en dos y no hace falta gastar energía en buscar un partenaire. Pisotear al compañero. La reproducción sexual es una coctelera en la que se mezclan genes aleatoriamente. Un espermatozoide se une a un óvulo para formar una nueva célula, y a partir de ahí comienzan el proceso de duplicación del ADN y la meiosis, un baile de cromosomas en el que estos se mezclan para generar otros nuevos. Y este es el verdadero meollo de la cuestión, porque, además, hay genes tramposos que intentan a toda costa pasar a la descendencia, aunque para eso tengan que pisotear a los otros. Visto así, no parece que el sexo sea la mejor forma para perpetuarse, aunque, si está presente en casi todos los organismos eucariotas, por algo será. Y es que para estos el celibato es peor, porque conduce inevitablemente a la extinción. Ya en 1094, el biólogo alemán August Weismann alegó que el sexo beneficia a las poblaciones, pues agrupa combinaciones de genes positivos, que mejoran la progenie; y de negativos, que borran del mapa a sus portadores. Seguramente sucedió así en sus orígenes: un puñado de células comenzó a mezclar sus materiales genéticos en lugar de clonarse, como hacían las bacterias. Aquel feliz accidente otorgaba una enorme ventaja a la descendencia, que empezó a acumular buenas mutaciones. 7. EL MOVIMIENTOLa posibilidad de moverse de los primeros organismos “ha dictado el paso de la evolución, el ritmo al que genes y especies cambian a lo largo de la historia”, afirma Lane. Al final del pérmico, hace 250 millones de años, aparecieron los músculos, máquinas capaces de transformar la energía química en mecánica. Están formados por bandas regulares de fibras que se contraen o se relajan en función de dos moléculas, la actina y la miosina. También hay una segunda familia de proteínas motoras, las kinesinas, que participan en los movimientos de entes celulares, como el de los cromosomas durante la división celular. Todas ellas –miosinas, actinas y kinesinas–, tienen su antepasado en las bacterias. Que la fuerza te acompañe. Las bacterias móviles de la actualidad –no todas lo son–, se desplazan deslizándose, contrayéndose o mediante flagelos. Lo que sigue siendo un misterio es cómo desarrolló su motilidad la célula eucariota, si fue a partir de genes que ya estaban en ella o gracias a la cooperación entre células, como sostiene la bióloga Lynn Margulis. Lo que sí se sabe es que el antepasado de los organismos eucariotas era móvil, porque sin la capacidad de producir fuerza para desplazarse se habría extinguido. 8. LA SANGRE CALIENTE La sangre caliente es un invento bastante reciente que confiere muchas ventajas. Un ave, de sangre caliente, es capaz de generar 10 o 15 veces más calor que una tortuga de tamaño similar, de sangre fría, que necesita ponerse al sol para mantener su temperatura corporal. Una lagartija huye mucho más veloz que un mamífero, pero después del sprint debe detenerse a descansar exhausta durante unas horas. Calientes y resistentes. Gracias a la respiración anaeróbica, los animales de sangre fría –ectotermos– generan energía muy rápidamente, aunque no pueden mantenerla mucho tiempo debido a su metabolismo lento. En cambio, el rápido metabolismo de los animales de sangre caliente –homeotermos– consume mucho oxígeno y calorías, pero les permite mejorar su rendimiento. Si bien tener sangre caliente supone llevar una vida más corta marcada por el hambre, conlleva recompensas, como energía, resistencia y un cerebro voluminoso. ¿Cuándo se caldeó? Los antepasados de los mamíferos y las aves –de sangre caliente– y de los cocodrilos –de sangre fría– se localizan en el periodo Triásico, que comenzó hace 250 millones de años, muy cerca de la extinción pérmica que acabó con el 95% de las especies. Según Nick Lane, si no fuera por los hervíboros quizás nunca hubiéramos desarrollado la homeotermia –pocos lagartos actuales comen plantas–. Y puede que esa relación entre la dieta vegetariana y la sangre caliente tenga que ver con el nitrógeno. Los vegetales, al contrario que la carne, son bajos en este compuesto químico, que resulta esencial para que los organismos fabriquen proteínas. Para conseguir la cantidad necesaria de nitrógeno, los hervíboros debían atiborrarse de plantas. Y eso hacían. Pero les generaba un problema: un exceso de carbono, abundante en los vegetales, del que tenían que librarse. ¿Cómo? Quemándolo. Y nada mejor que un metabolismo rápido, que es propio de los animales de sangre caliente, para consumir esos residuos carbónicos. 9. LA CONSCIENCIAAntes del primer año, los bebés se reconocen en el espejo. Esta capacidad que llamamos consciencia plantea numerosos interrogantes. El cerebro físico es un producto de la evolución, ¿pero la mente, que es inmaterial, de dónde surgió? Los neurocientíficos distinguen entre dos formas de consciencia estrechamente relacionadas. La primaria tiene que ver con las emociones y las percepciones, y se nutre de la información que llega al cerebro de los sentidos. La consciencia extendida está relacionada con la cultura y la representación abstracta del mundo. Atlas emocional. Para el neurólogo portugués Antonio Damasio, el cerebro procesa los estímulos que vienen de los sentidos y elabora un mapa neuronal con las emociones. Por ejemplo, ver a un hijo genera una respuesta emocional en el cerebro. “La consciencia es el conocimiento de los objetos del mundo que alteran el yo y cambian esos mapas neuronales”, afirma Lane. Nuestro cerebro está dotado de una maraña de fibras nerviosas que conectan sus zonas. Los genes dibujan el circuito general, y la experiencia, el cableado de los detalles. Cuando percibimos algo, diferentes regiones del cerebro se activan en sincronía y deben actuar al unísono tanto para captarlo como para revivirlo. Así funciona: la consciencia primaria recoge percepciones y reconstruye el presente, mientras que la extendida une memoria y lenguaje, dota de significado emocional a cada percepción y le añade pasado y futuro. 10. LA MUERTE La muerte tiene beneficios evolutivos. Hace 3.000 millones de años, las cianobacterias que poblaban la Tierra contenían una maquinaria suicida de enzimas que desmantelaban la célula desde dentro. Esta decisión de quitarse de en medio o apoptosis puede tener su origen en la especialización celular. Las poblaciones de cianobacterias estaban formadas por trillones de células que empezaron a realizar funciones distintas para adaptarse al entorno. Las suicidas apoyaron con su muerte a las de la línea principal, que se perpetuó. Del mismo modo, para que se formen las manos en el embrión humano, las células que unen los dedos con una membrana tienen que inmolarse. Viejas dudas. Sólo la muerte hace posible la vida multicelular, pero una cosa es morir y otra hacerse viejos. En los 50 se creía que envejecíamos a causa de los radicales libres, que atacaban el ADN y las proteínas, pero ahora se sabe que estas moléculas optimizan la respiración celular. La alimentación tiene mucho que ver con la longevidad. Estudios con ratas han demostrado que una restricción calórica alarga la vida y hace que padezcan menos enfermedades asociadas al envejecimiento. Eso sí, el castigo por vivir más años es la infertilidad. Cristina Sáez 03/12/2009
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6. EL SEXO
7. EL MOVIMIENTO
9. LA CONSCIENCIA