La ciencia se cuela en la tele PDF Imprimir E-mail

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Si hay algo cercano a cero en España son los programas de ciencia en televisión. Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos, Australia... poseen programas decanos y populares. El problema reside en que un buen programa de divulgación científica requiere talento y dinero. El primero es difícil de encontrar, pero lo hay. Lo que ocurre con lo segundo es que lo hay, pero es imposible de obtener. Para los directivos de nuestras televisiones, ciencia es sinónimo de aburrimiento plúmbeo.

Sin embargo, sí hay ciencia en televisión. En los últimos años, la ciencia se ha colado en un formato que no es el documental o el magacín: las series de ficción. Primero fueron las de médicos, con Urgencias y las múltiples copias de inferior calidad que han surgido a su rebufo. La sitcom Friends puso su granito de arena con un paleontólogo como protagonista –Ros– y en algunos capítulos hablaban –¡y sin errores!– de evolución y pulgares oponibles o de la errante vida de un becario postdoctoral. CSI introdujo la ciencia forense y abrió la puerta a una infinidad de variantes: Bones, Numbers, Eleventh Hour...

Los dibujos animados tampoco se han quedado fuera. Si en Los Simpsons nos encontramos a Lisa –la referencia científica de la serie–, junto con episodios dedicados a pseudociencias como el creacionismo, Futurama está repleta de ciencia. Una delicia es el capítulo dedicado al calentamiento global, cuando al hacer un llamamiento a los científicos uno dice: “¡Yo soy licenciado en medicina homeopática!”, y le responden: “¡Usted es licenciado en chorradas!”.

Pero el verdadero paso de gigante lo ha dado la serie The Big Bang Theory, cuyos protagonistas son un físico teórico, un físico experimental, un astrofísico y un ingeniero. Los guiños y alusiones a la ciencia –además de la obsesión por los comics y los juegos de ordenador– son continuas. ¿Cuándo una serie ha usado la paradoja cuántica del gato de Schrödinger para justificar una cita? Ese es el camino: para interesar a la gente por la ciencia hay que convertir a los científicos en estrellas. Serán los fans de Big Bang quienes pedirán saber más del gato de Schrödinger.