KAY HOLEKAMP PDF Imprimir E-mail

25 Febrero 2009

Etiquetas: hienas, animales

“La hiena es un animal extraño, absolutamente genial ”

Mientras que sus colegas deciden consagrarse a criaturas que despiertan admiración o ternura, ella lleva más de 20 años estudiando a una especie tildada de oportunista y cobarde, entre otras lindezas. Holekamp ha descubierto que la hiena manchada es un ser fascinante, más cazador que carroñero y que descuella por su inteligencia y su compleja organización matriarcal.

entrevista334Sus días son una privación continua. Cuando caza un topi –una especie de antílope– su hermana de rango superior se aparece como por ensalmo, le enseña los dientes y le quita la presa. Horas después, con el segundo topi, sucede lo mismo: su rival fraterno, con la panza aún hinchada por la primera cena, se apropia del trabajo ajeno. Midget no puede más que contemplar el banquete con cansancio, hambre y frustración, y mantenerse al margen. No es la primera vez que sufre estos malos tratos. Cuando era un cachorro, dicha hermana se erigió como dominante y se apropió de uno de los dos pezones de su madre, colocándose en una posición privilegiada, justo debajo de la cabeza de ella. Eso significaba que la cría recibiría lengüetazos de cariño y la protección de las patas frontales de su progenitora. También tendría acceso a más y mejor leche, pues el otro cachorro quedaba relegado a las patas traseras de la madre, donde el servicio de cafetería dejaba mucho que desear. Por eso, Midget –que en inglés significa “enano”– creció mucho más despacio que su melliza. Pobrecito. Su historia es desgarradora, pero en absoluto única.

Midget tiene la desgracia de ser un macho dentro de una jauría de hienas. Peor aún: un macho inmigrante, procedente de otro clan, es decir, el peldaño más bajo, abyecto y servil en la sociedad de las hienas manchadas –Crocuta crocuta–. Esta especie es más grande y feroz que las otras tres variedades de hiénidos: las hienas pardas, las rayadas y los proteles o lobos de tierra.

Recién llegado al grupo, Midget está en la zona más baja del escalafón, por debajo de todos los adultos ancianos, de los otros exiliados y hasta de los cachorrillos. Y para colmo de desgracias, el pobre está enamorado nada menos que de la reina del clan. Murphy, soberana desde los tres años de edad, ha llevado una vida muelle, prácticamente nunca debe molestarse en cazar, come la carne más tierna y jugosa antes que todo el mundo, es constantemente mimada y atendida por un cortejo de servidoras y, por todo eso, está en una excelente condición física.

Por supuesto, no le da ni la hora a Midget. Nunca le devuelve la mirada y jamás admite su presencia, como suele suceder entre la chica guapa y el empollón de la clase. Y por supuesto, nunca jamás consentirá concederle una noche de amor. Porque en los clanes de hienas no se habla de “macho alfa”, sino de “hembra alfa”. El pequeño Midget, simplemente, no da la talla. Pese a todo, no se da por vencido. Mantiene las distancias, pero nunca pierde de vista a su amada. Quizás en otra vida, quizás reencarnado en otra especie de mamífero, el enano de pelo moteado podría albergar una esperanza. Desde luego, no en la hipersofisticada sociedad de las hienas manchadas, donde las clases son más inamovibles que en la sociedad victoriana. “Midget nos parte el corazón a todos”, dice Kay Holekamp, que ha observado la vida de este clan desde hace más de 20 años. Todos los veranos, durante tres meses, Kay acampa con grupos de estudiantes de la Universidad Estatal de Michigan en las planicies del Parque Nacional Masai Mara, a 160 kilómetros al oeste de Nairobi, en Kenia. “Una de las razones por las cuales las hienas manchadas nos parecen tan fascinantes es su complejidad social”, explica durante una entrevista telefónica con MUY INTERESANTE.

“Su jerarquía es extremadamente estricta, hasta el punto de regir sus vidas por completo. Los cachorros heredan el rango de la madre al nacer. O incluso antes, ya que hemos descubierto que la progenitora de mayor escalafón produce un torrente de testosterona y otras hormonas que saturan al feto y lo vuelven más agresivo, dándole la facultad de dominar a los otros miembros del clan”, comenta esta zoóloga. Y añade: “Al mismo tiempo, una hembra situada más abajo en la jerarquía produce una menor cantidad de estas sustancias, por lo que su descendencia nace con la personalidad propicia para acatar una posición subordinada. Esto no se había visto nunca en un mamífero. Además, no existen dos hienas con el mismo rango”. Y esto, dentro de una manada que puede llegar a contar con 80 miembros, es algo notable. A sus 56 años, Holekamp, también conocida como mamá fisi –“hiena” en suajili–, es probablemente la persona que más sabe sobre estos animales en todo el planeta. Otros biólogos especializados en vida salvaje han escogido para estudiar criaturas más carismáticas, pero mamá fisi se dejó seducir por la risa demencial de las hienas, que suelen ser relegadas en los zoológicos a la parte trasera de las exhibiciones –además, ¿cuándo se ha visto la fotografía de uno de estos carnívoros en una campaña conservacionista?–. Durante dos décadas de trabajo de campo ha creado con sus estudiantes una monumental base de datos acerca de la dieta, movimientos, comunicación, nacimientos, muertes, genealogía, morfología, conservación, inteligencia, organización social y comportamiento de las 450 hienas manchadas de la reserva de Masai Mara. Y todo lo que ha descubierto después de verlas, marcarlas, anestesiarlas, sacarles sangre y seguirlas por radio, resulta bastante extraño.

“La idea era estudiarlas durante tres años, pero cada vez se ponían más interesantes”, dice Holekamp. “Son extremadamente inteligentes. Sus sociedades se parecen más a las de los primates que a las de los carnívoros, y aunque parecen perros, tienen más de gatos que de caninos”. No es la única que está encantada. La mismísima Jane Goodall les rindió homenaje escribiendo: “Después de los chimpancés, ocupan el segundo lugar en lo que a mi fascinación se refiere”.

entrevista334bLas hienas manchadas están entre los depredadores más eficaces de África. El mito de que son carroñeras es eso, un mito, ya que cazan el 90% de su comida. Holekamp documentó cómo un grupo de 23 ejemplares tumbaba a una cebra y la devoraba en 13 minutos. Cada comensal se zampó 18 kilos de carne de una sentada. Las que llegan tarde a estos festines, o las de menor rango, ponen a funcionar los poderosos músculos de sus mandíbulas para pulverizar los huesos de la víctima y aprovechar los nutrientes de la médula. Lo único que no aprovechan son las pezuñas y el pelo, que regurgitan después. Como cazadoras, dice Holekamp, “están sin duda a la altura de leopardos, leones y guepardos, y tienen el mismo porcentaje de éxito que estos últimos”. Aunque no gozan de la misma buena prensa.

Las hienas manchadas no sólo viven en sociedades complejas, sino que se hallan entre los mamíferos más creativos y dotados del planeta. Tienen un sistema inmunológico prodigioso, la resistencia de un atleta olímpico, mandíbulas capaces de ejercer una fuerza de 800 kilos por centímetro cuadrado, un lenguaje corporal digno de enciclopedia y un envidiable manual de técnicas de supervivencia.

Pero quizás la característica más alucinante es su sexo. Las hembras tienen un clítoris alargado que en las adultas llega a medir hasta 14 centímetros, y que es casi idéntico a un pene, incluso en su facultad de ponerse erecto. Por eso, durante siglos se pensó que eran hermafroditas. “Las hienas contradicen las reglas de la biología de los mamíferos”, dice Holekamp. Ese extraño órgano, que los científicos llaman pseudopene, es un instrumento alargado a través del cual orinan, se aparean y hasta tienen a sus cachorros. Para aumentar todavía más la confusión, los labios vaginales presentan forma bulbosa y están fundidos, dando la apariencia de escroto. En más de una ocasión, la misma Holekamp ha quedado asombrada al sorprender dando a luz a un macho que creía conocer desde que era cachorro. Para completar el cuadro, las hembras son más grandes y agresivas. “Hasta sus hormonas están masculinizadas. Y como su rango es superior al de los machos, desde que nacen forman coaliciones encargadas de castigar a los que osan salirse de su papel. El ejemplar masculino adulto es el último de todos en comer, si es que le dejan algo. Y cuando se trata de aparearse, mientras que en las demás sociedades de animales ellos pelean y el ganador se lleva a la dama, aquí ellas siempre tienen el poder de decisión. La pareja sexual es sólo un donante de esperma que tiene que acogerse al encuentro cuándo y cómo las hembras quieran”.

A los dos o tres años, los jovenes ejemplares tienen que abandonar el clan y rogar humildemente a otro grupo que le dejen vivir con ellos. Muchas veces los rechazan y cuando finalmente lo aceptan, su recompensa será quedar relegado a un posición marginal de la colonia. Esta es una prueba de resistencia que puede durar hasta dos años, explica Holekamp. “Y si al cabo de ese período aún no se ha dado por vencido, algunas de las hembras le podrían permitir el acceso. A mí, desde luego, no me gustaría ser una hiena macho”. ¿Cuál es la razón de esta disparidad entre sexos? Tiene que haber algún beneficio para la manada, alguna recompensa evolutiva. ¿Y a qué obedece la existencia del pseudopene? Desde el punto de vista de un espermatozoide, es un horror: duplica la longitud de una vagina normal y por dentro parece una carrera de obstáculos, lo mismo para entrar que para salir. De hecho, el 60% de los cachorros muere asfixiado o atascado dentro de este estrecho túnel.

Aunque se podría pensar que la misteriosa estructura es el resultado del baño de testosterona a que se ve sometido el feto semanas antes de nacer, los estudios demuestran que no es así. Holekamp piensa que la función del aparato es darle a la hembra todo el poder durante la reproducción, ya que no es posible montarla sin su cooperación. Además, ella puede orinar en cualquier momento y expulsar así el esperma recién depositado.

Según la zoóloga, la clave para entender la evolución de esta estructura social absolutamente matriarcal está en esta destreza de pulverizar huesos con las mandíbulas. “Sucede que los cachorros tienen el cráneo tan delgado y la capacidad de morder tan débil, que a duras penas pueden triturar galletas de perro. Es, por lo tanto, algo que deben practicar constantemente, masticando los huesos de la carroña”. Por eso sus madres los cuidan con devoción durante cuatro años, mucho más que otros depredadores: en ese prolongado lapso de tiempo adquieren no sólo destreza, sino una cabeza de grandes dimensiones. La hipótesis de Holekamp es que las hembras se han convertido en las agresivas de la especie para asegurar que sus crías tuvieran esa oportunidad.

Otro aspecto genial de la hiena manchada es el de su inteligencia y el tamaño de su cerebro, que, como en el caso de los humanos, podría ser el resultado de las exigencias de su complejo orden social. A igual que los primates, la Crocutu crocutu aprende y sigue las reglas del estatus, forma coaliciones y resuelve problemas comunitarios usando un sofisticado lenguaje corporal y estrategias ingeniosas como la distracción o el engaño. Por ejemplo, algunas hienas de categoría inferior a veces dan gritos de alarma sólo para lograr que las otras abandonen la presa y así poder comer algo. Otras han recibido excelentes calificaciones en las pruebas de coeficiente intelectual diseñadas por Holekamp –semejantes a las que se hacen con primates–, que consisten en resolver varios problemas para abrir un pestillo en una caja que guarda un pedazo de carne. Una de las hienas estudiadas resolvía los obstáculos con tanta velocidad que fue apodada Einstein.

Hay momentos en que el grupo entero se une para patrullar las fronteras, marcando sus dominios con orina. Y cuando el territorio está amenazado, los animales se alían por un bien común: ha estallado la guerra entre clanes. Holekamp piensa que tales complejidades deben afectar a la forma de su cerebro, específica mente a su corteza frontal; cuanto más compleja es la sociedad, más gruesa es dicha región. La investigadora está comparando esta parte de la anatomía en las cuatro especies de hiénidos. El estudio podría generar una idea más clara de cómo evoluciona la inteligencia.

Pero las hienas no son sólo listas; hablamos de supervivientes natas. Se comen cualquier cosa viva o muerta, con pelo, plumas o escamas. Y cuando la oferta escasea, no sólo recurren a la carne más espantosamente podrida de la carroña, sino a gusanos, insectos y hasta las heces de otros animales. ¿Qué secretos esconde su sistema inmunológico? Es algo que Holekamp está comenzando a estudiar, porque, mientras muchos otros animales son propensos a ser atacados por virus y bacterias, las hienas parecen inmunes a las enfermedades. “En 20 años no he visto nada que les repugne. Se comen los restos de otros animales en estado tan avanzado de descomposición que ya se han convertido en líquido. ¿Cómo es que toleran venenos que matarían a otros animales? Eso es algo que quiero saber”. Las hienas manchadas siguen siendo el depredador más numeroso de África, a pesar de sus enemigos. Los pastores masai las cazan y envenenan, “pero nadie las detesta más que los leones”, explica la zoóloga. “De hecho, son los responsables del 60% de su mortandad”. Si bien la razón no está clara, resulta evidente que los reyes de la sabana hacen lo imposible por exterminar a todas las que pueden. Y no es para comerlas.

Verdaderamente, las hienas son animales extremos, y nadie ha llegado tan lejos como Holekamp para investigarlas. Hace unos 20 años, la bióloga le hizo la respiración boca a boca a un ejemplar que había recibido un tranquilizante y dejó de respirar. Y a pesar del miedo que le produce, ella se introduce dentro de sus madrigueras, unos agujeros aterradores donde no faltan las cobras negras ni los jabalíes. Las guaridas subterráneas son el centro de su comunidad, donde se forjan todas las complejidades de su estructura social.

En estas viviendas, verdaderos laberintos excavados a partir de pequeñas conejeras, puede haber hasta docenas de cachorros en un momento dado. Al amanecer y al atardecer, cuando no están dentro de las madrigueras haciendo frente a su miedo, mamá fisi y sus valientes estudiantes se sientan a cierta distancia en su jeep y observan, como mirones venidos de otra galaxia, el desarrollo de los dramas familiares. Después lo escriben todo en su blog. Incluyendo el día en que un ejemplar se comió el tubo de escape de su vehículo.

Es así como los estudiantes han aprendido a identificar hiena por hiena. Una se llama Carmencita. Su cachorro es Fígaro, tan pequeño que aún tiene pelusa negra en la espalda. Con pocos días de vida, ya muestra heridas causadas por sus hermanos en la pugna por establecer privilegios. Fluffy es una adolescente insegura que siempre anda buscando pelea porque vive temerosa de perder su rango. En otra madriguera hay dos cachorros de seis meses sentados. Uno es grande y el otro, delgaducho y frágil. Es la diferencia entre tener una mamá de primera clase y otra situada en el puesto 19 del escalafón. Y claro, allí está Midget, a una distancia prudencial pero sin quitar ojo a los aposentos reales de Murphy. ¿Logrará esta nueva versión de las hienas que nos depara Kay Holekamp desplazar la repulsión innata que parecemos tener hacia ellas? “Si la gente pudiera ver lo que yo veo… Sencillamente son animales muy extraños. Absolutamente geniales”, nos asegura su mejor amiga entre los humanos.

Ángela Posada-Swafford