Hoy en España, la Cámara Alta se enfrenta al gran reto de demostrar su utilidad pública.
¿Quién no piensa en la Roma clásica cuando oye la palabra Senado? Todos nos imaginamos vetustos patricios (el origen del término es el vocablo latino senes, anciano) con túnicas blancas discutiendo, conspirando o dando consejo al emperador de turno. ¿Pero qué es hoy el Senado, si nos referimos a España? En nuestro sistema político de corte bicameral, la Cámara Alta es uno sus pilares más importantes. Y sin embargo, tras más de 25 años de funcionamiento, la mayoría de los ciudadanos la percibe como una asamblea inoperante y con funciones no muy bien definidas. A esta idea no contribuye precisamente el trato que los partidos políticos le dispensan, y ejemplo de ello es que casi desde la primera legislatura se propugna abordar su reforma, sin resultados hasta hoy.
El Senado español se nutre principalmente de representantes elegidos por sufragio universal, en circunscripciones provinciales e insulares, de forma que todas las provincias eligen el mismo número de senadores, 4, (las islas, entre tres y uno, y Ceuta y Melilla, uno). El número de senadores elegidos por sufragio directo es, pues, 208. Ya que el Senado se presenta como cámara de representación territorial, a los senadores elegidos por sufragio universal se añaden los designados por los parlamentos de las comunidades autónomas, en número variable según su población, lo que hace que el número total de senadores en la actualidad ascienda a 259. El sistema de listas abiertas y de elección mayoritaria (frente al de listas cerradas y sistema proporcional para elegir a los diputados) hace que su composición sea menos heterogénea que la del Congreso y que el número de senadores de cada grupo parlamentario no esté en consonancia con el peso real de cada partido político en la sociedad. Así, el último senador necesitó en Soria unos 20.000 votos, pero en Madrid requirió casi millón y medio.
Como curiosidad, en el Senado constituyente de 1977 se encontraban también 48 senadores de designación Real, personalidades prestigiosas procedentes de los más diversos
| La importancia del orden alfabético |
| Si tiene usted la paciencia y curiosidad de consultar la lista de senadores (www.senado.es), observará que los apellidos de la mayoría comienzan por una de las primeras letras del abecedario. Pese a que los candidatos se presentan bajo las siglas de un partido, su colocación en las papeletas se hace por orden alfabético. Eso –y el hecho de que el votante pueda elegir 1, 2 ó 3 candidatos– provoca que, por ejemplo, los tres senadores elegidos de un partido político no tengan el mismo número de votos. El subconsciente del elector hace votar al primero en mayor proporción que al último. Compruebe que el 4º candidato (elegido) más votado precede siempre en orden alfabético al 5º (no elegido). Así, en una eventual elección, un Aznar siempre tendría más probabilidades de imponerse a un Zapatero, pongamos por caso. |
ámbitos (sirva de ejemplo Camilo José Cela, autor de geniales intervenciones, como la que hizo al ser amonestado por el Presidente por “estar dormido”, lo que fue contestado por el Nóbel señalando que “estaba durmiendo y no dormido”, dando una curiosa explicación entre el regocijo de sus colegas).
¿Pero, qué hace o para qué sirve hoy el Senado? La práctica política y el imperativo constitucional sobre la forma de aprobar las leyes hace que el Senado parezca una asamblea de segunda división, ya que las modificaciones que los proyectos legislativos puedan sufrir a su paso por el él deben ser ratificadas por el Congreso. Sin embargo, en fechas no muy lejanas el Senado se aprovechaba para introducir enmiendas que no habían sido objeto de discusión en el Congreso, que luego éste, con la mayoría absoluta imperante, convalidaba en votación única y sin debate.
Desde hace algunas legislaturas se quiere que el Senado ejerza sus funciones como una auténtica cámara de representación territorial, atendiendo a la esencia del Estado de las Autonomías, un poco a similitud del modelo alemán. Aun así, la Constitución le otorga algunas funciones relevantes, como la autorización de los acuerdos de cooperación entre comunidades autónomas; la dotación, distribución y regulación del Fondo de Compensación Interterritorial; la adopción de medidas para obligar a las comunidades al cumplimiento forzoso de sus obligaciones constitucionales y legales o prevenir su actuación cuando atente gravemente contra el interés general de España, así como la apreciación de la necesidad de dictar leyes de armonización de las disposiciones normativas de las comunidades autónomas. Y sin embargo, casi todos pensamos que el Senado es un lastre en la manera de hoy de hacer política. Lo que el Senado no debe ser es un freno a las iniciativas del Congreso, y su principal activo ha de ser el de constituir un foro donde las autonomías puedan cooperar en la construcción de un Estado plurinacional como es España.
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