¡Qué viene el caimán!

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¡Qué viene el caimán!De especie amenazada a problema: los caimanes de Florida se han multiplicado, causan estragos entre los vecinos y mantienen en vilo a las autoridades.

Por estos días pueden leerse los siguientes titulares en los periódicos del estado norteamericano de Florida:

“Empleados del Centro Espacial Kennedy detienen a un caimán dentro del elevador de la Plataforma de Lanzamientos 39B”.

“Atrapan un caimán de cuatro metros en el aparcamiento del centro comercial de Boynton Beach”.

“Un caimán devora a un bebé en el porche de su casa”.

“Un hombre dispara a un gran caimán que halló nadando en su piscina”.

“Un caimán ataca a un golfista en el tee del Hoyo 4 del Country Club de Miami”.

Sólo en Florida se ven letreros que rezan: “Pinchos de caimán con pimientos y piña, cinco dólares”; “Aumenta el número de licencias para la temporada de caza de caimanes”; “Consejos prácticos en caso de hallar un caimán en su jardín, su barca, su balcón, bajo su coche...”. Florida es también el único lugar del mundo donde, al lado del número telefónico de los bomberos, toda ama de casa tiene el del servicio de control de caimanes –que en 2006 recibió 21.000 llamadas–, y el único punto donde la frase “hasta luego, cocodrilo” es totalmente cierta. Otros estados norteamericanos han informado también de problemas con caimanes sueltos en la población; pero ninguno llega a los niveles de Florida.

¡Qué viene el caimán!El caimán (Alligator mississippiensis), también conocido como aligator, no sólo es una reliquia viviente, sino una parte ineludible del paisaje de Florida. Sin embargo, últimamente es como si estuviera en plena explosión demográfica. Los encuentros con estos despojos de la Era Mesozoica parecen estar creciendo exponencialmente. ¿Qué está sucediendo? ¿Cómo es posible que un animal que hace tan solo 20 años estaba en la lista de especies amenazadas haya saltado al otro lado del abismo? ¿Gozan los caimanes de alguna ventaja evolutiva en su biología que les permite ser inmunes a factores que sí aquejan a otros reptiles?

Según el biólogo Lindsey Hord, que trabaja con el Estado vigilando esta interacción entre bestias y humanos, es algo mucho más sencillo: el afán por urbanizar el paisaje del sur de Florida ha provocado que, inadvertidamente, se hayan construido charcos perfectos para los caimanes en los campos de golf, en los canales municipales, en las urbanizaciones y en las plantas de electricidad.

La media es de un caimán por cada quince personas

No sólo eso, sino que los nuevos hábitats incluyen atractivos irresistibles para el caimán, como un interminable desfile de perros y otras mascotas demasiado curiosas al alcance del hocico. “Actualmente hay más o menos un millón y medio de caimanes en Florida”, dice Hord, mientras salta ágilmente al airboat y larga amarras. “Eso significa un caimán por cada 15 personas, y significa muchos más encuentros entre personas y caimanes de los que nunca hayamos tenido antes. La población de caimanes se ha mantenido estable desde hace más de cinco años. Lo único que ha cambiado es la cantidad de condominios y country clubs que hemos construido dentro de sus humedales. Además, el caimán nunca ha estado biológicamente amenazado. Hace décadas los biólogos lo colocamos en esa lista porque no entendíamos bien su ciclo de vida. Pero siempre ha habido gran número de estas criaturas, incluso desde la era de los conquistadores. Hay quien dice medio en broma que Ponce de León podría haber cruzado la península saltando sobre cabezas de caimán sin tocar tierra”.

Estamos en pleno Lago Okeechobee, que aparece en los mapas con forma de ojo gigante. Aquí el caimán es rey y señor absoluto. Hemos venido con un solo objetivo: recolectar cuantos huevos podamos de sus nidos salvajes, para venderlos a los criadores que eventualmente exportarán sus pieles a Europa.

¡Qué viene el caimán!La hélice de avioneta del airboat se pone en marcha produciendo un ruido de mil demonios. Sentado en la silla elevada del piloto, Hord acciona la palanca del acelerador y el aparato salta hacia adelante como aguijoneado por una víbora. Pronto se nos unen otros tres airboats, y sobre nuestras cabezas, dos helicópteros comienzan a revolotear por las orillas del inmenso lago. Al poco tiempo vienen hacia nosotros y nos hacen señales de que los sigamos. Al llegar cerca de la orilla del lago, un brazo apunta hacia un trozo de vegetación de pastizales altos. Hord acciona la palanca del airboat y se detiene a tres metros del nido, que consiste en una colina de juncos del tamaño de una mesa.

“Estas recolecciones, así como los 4.400 permisos de cacería que dimos el año pasado –cada cazador puede matar dos reptiles–, son una medida para mantener a raya las poblaciones de caimanes y al mismo tiempo controlar su estado de salud”, declara el biólogo Allan Woodward, de la Fish and Wildlife Conservation Commission, mientras caminamos hundidos hasta la cintura en los matorrales. “Básicamente debemos eliminar 20.000 animales cada año. Para ello, hacemos modelos de ordenador que nos permiten fijar los parámetros de las recolecciones y la mejor forma de proceder. No es simplemente cuestión de dejar sueltos a varios tíos en los humedales con rifles o cajas de plástico”.

Cada año se recolectan 54.000 huevos con embrión

También es una buena fuente de dinero para el estado: cada huevo con un embrión vivo dentro cuesta cinco dólares. Anualmente se recolectan 600 nidos en todo el territorio estatal, para un promedio de 54.000 huevos “viables”. El negocio es lucrativo para todo el mundo, menos para la tímida madre caimán, que corre a esconderse tras unos arbustos en cuanto nos ve bajar del airboat. No está contenta. Abre la boca y deja escapar un siseo que pone los pelos de punta. Pero se mantiene inmóvil tras las ramas, observando a Hord saquear su nido. La evolución la ha preparado para que tenga miedo a las cosas más altas que ella, e intuye que, en tierra firme, lleva las de perder.

“No se preocupe”, me dice Hord haciendo una raya con un marcador verde sobre la superficie de cada huevo para no cambiar su orientación –lo cual mataría al embrión– durante el transporte. “En un par de horas, esa hembra ni se acordará de que puso los huevos. Y el año que viene volverá a la misma área”, añade mientras coloca en el bote los 50 huevos alargados de consistencia de porcelana. De todas formas, es difícil no sentir lástima. Los caimanes pueden tener un cerebro del tamaño de una nuez, pero las hembras son madres espléndidas que cuidan de sus pequeños durante el primer año de vida con un recelo que no existe entre los demás reptiles.



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luis  - huhuhuhuhu   |2008-09-21 04:13:06
no deben casar los cocodrilos ya k son asombrosos animales aunque un poco
agresivosssssssssssssss
cacon  - culonnnnnnnnn   |2008-09-21 04:14:59
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