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Brebajes envenenados, banquetes que se le acaban indigestando al anfitrion, puñaladas por la espalda..., por cada capÃtulo de la historia de los reyes godos se escribe otro con letras manchadas de sangre. La propensión a asesinar a sus gobernantes para derribarlos fue tan caracterÃstica que los historiadores incluso le dieron un nombre: "morbo gótico". Esta inclinación a la traición comienza casi al mismo tiempo que el primer rey godo atraviesa los Pirineos. En efecto, al año de haber entrado en la PenÃnsula, Ataúlfo fue asesinado por un sicario a las órdenes de otro clan rival. Su sucesor, Sigerico, murió también asesinado a la semana de ocupar el trono. Asimismo pueden encontrarse varios casos en los que la vÃctima fue atacada tras un banquete, seguramente cuando ya se habÃa excedido con la bebida. Las conspiraciones eran continuas, aunque no incluyeran el asesinato del soberano. En el caso de Wamba, uno de los reyes más importantes de todo el linaje godo, se empleó un método mucho más original para obtener el mismo efecto: le dieron a beber un brebaje con gran cantidad de esparteÃna, un hipnótico que le dejó sumido en un profundo letargo. Los nobles responsables se apresuraron a asegurar que Wamba estaba al borde de la muerte y pidieron que compareciera un sacerdote para darle la extremaunción, que entonces incluÃa tonsurar al agonizante y vestirle con hábitos. Ante el estupor de los presentes, Wamba despertó al cabo de un rato y reclamó su trono, pero la ley visigoda impedÃa reinar a cualquiera que vistiese hábitos.
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