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¿Por qué todo lo que más nos gusta engorda? |
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Resulta curioso comprobar cómo el azúcar agrada al bebé casi desde su nacimiento y cómo empieza a succionar con más entusiasmo si le endulzamos un poquito el biberón. En cambio, cuando le ofrecemos un sabor amargo, la mueca de desprecio no se hace esperar. A pesar de ello, hay que evitar que los bebés ingieran alimentos azucarados. Y lo mismo va a ocurrir en la edad adulta: nuestro paladar no siempre va a coincidir con las comidas más saludables. Además de provocar sobrepeso, los alimentos excesivamente calóricos originan consecuencias graves en la salud. A medida que aumentan los productos calóricos en la dieta, van disminuyendo aquéllos otros más nutritivos y bajos en grasas y calorÃas.
En el gusto confluyen varios factores, desde la genética hasta las costumbres culturales y las experiencias más o menos agradables en el estreno de sabores. Cuando el paladar se habitúa a un sabor dulce, se tiende a ingerir a menudo galletas, bollerÃa, pan, caramelos... La mente suele asociar el sabor dulce con el placer, debido a que es el primer sabor que experimentamos tras el nacimiento. Las investigaciones hablan de un tipo de adicción por los carbohidratos. En realidad se trata de un desequilibrio hormonal y neuroquÃmico que altera la capacidad del cuerpo para producir serotonina, una hormona vital en el bienestar. La persona que lo padece trata de compensar su estado anÃmico tomando azúcar.
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Muy Interesante 01/06/2005
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