Un nuevo biomaterial contra la degeneración macular de la edad

Un equipo de investigadoras del Instituto de Cerámica y Vidrio (ICV-CSIC) ha fabricado un compuesto mixto, en parte orgánico y en parte inorgánico, que podría frenar la degeneración macular asociada a la edad (DMAE). De momento, sus responsables buscan financiación para poder probarlo en animales.

 

Si funcionara, se podría implantar en el ojo mediante una cirugía como la que se usa actualmente para las cataratas. La degeneración macular es una enfermedad asociada a la edad que constituye la primera causa de ceguera en la población anciana mundial. Se produce por daños en la mácula, una capa de tejido sensible a la luz situada en la parte posterior del ojo, en el centro de la retina. Cuando se deteriora, se pierde la agudeza visual.

 

El proyecto se llama BIODMAE y ha sido financiado en la convocatoria de Envejecimiento Cero de la Fundación General del CSIC por la Obra Social La Caixa. Según Eva Chinarro, investigadora del ICV y líder del proyecto, “hay dos variantes de degeneración macular; en la llamada seca, la más común –afecta a entre un 85% y un 90% de los enfermos–, se acumulan bajo la retina unas estructuras llamadas drusas.

 

Pero la húmeda es la forma más agresiva y está causada por el crecimiento anormal de los vasos sanguíneos”. Actualmente no existe ningún tratamiento eficaz para la forma seca de la enfermedad. La húmeda se trata inyectando en el ojo anticuerpos que frenan la vascularización excesiva de la mácula. Estos tratamientos presentan inconvenientes y efectos secundarios que se podrían evitar con el proyecto BIODMAE.

 

“La terapia contra la variante húmeda es muy agresiva y tiene que administrarse a los pacientes de por vida –una vez al mes–, con lo cual acaba por dañar incluso los tejidos sanos”, indica Chinarro. La idea, por tanto, es producir un biomaterial que se pueda implantar en el ojo para frenar los mecanismos de la degeneración macular.

 

Recientes estudios han relacionado la DMAE con procesos celulares como el estrés oxidativo, la inflamación o un metabolismo alterado del colesterol. Habría que desarrollar un biomaterial híbrido que neutralizara estos elementos. El material se obtendría mediante la asociación entre óxido de titanio, que es una cerámica orgánica, y el polimetilmetacrilato (PMMA), un polímero inorgánico.

 

El nuevo compuesto no afecta al funcionamiento del ojo y su proceso de fabricación es barato. Las investigadoras están ahora comprobando cuál es la capacidad antioxidante de este material, es decir, en cuánto tiempo perderá su funcionalidad.

 

Hasta ahora ya han conseguido una duración de dos meses y esperan llegar hasta los tres como mínimo. Si finalmente pudiera llevarse a la práctica clínica, el implante del material híbrido se introduciría en el ojo mediante una pequeña operación quirúrgica similar a la que se usa para las cataratas.  Para eso hace falta que el equipo de investigadoras consiga nuevas subvenciones para avanzar en el estudio del compuesto y poderlo probar en animales.

Etiquetas: innovaciónsalud

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