Siglo XXI: el siglo de la inteligencia colectiva

En el siglo XXI, con la irrupción de Internet, el conocimiento comienza a estar más distribuido. Las empresas se van haciendo conscientes de que no todo el talento está dentro de sus organizaciones…

Para poder innovar, en el siglo XX se crearon grandes laboratorios y centros de investigación donde se realizaba la I+D de forma estanca y con gran secretismo. Este fue el caso de los laboratorios PARC de Xerox o los centros de I+D de IBM. Sin embargo, el panorama en el siglo XXI ha cambiado y se comienza a hablar de “Innovación Abierta”, un término acuñado por Henry Chesbrough en 2003. Veamos en qué consiste.

Aunque la Innovación Abierta permite utilizar diversas estrategias para conectar el talento interno con el externo, los “Retos” son quizás la forma más rápida y la que permite utilizar la inteligencia colectiva (crowdsourcing) en beneficio de las organizaciones. Para articularlos, una organización lanza un reto concreto a la sociedad para solucionar una necesidad o demanda real identificada en un ámbito determinado en el que la entidad tiene algún tipo de interés. 

El ganador obtiene un premio en metálico y la posibilidad de validar la solución en entornos reales. Esto permite a las organizaciones innovar en paralelo y pagar sólo por los resultados que funcionan, es decir, acortar los tiempos a la vez que se reduce la inversión necesaria en innovación.

No es un invento nuevo

Aunque los Retos se han popularizado en los últimos 10 años, ya fueron utilizados por el gobierno británico para encontrar una solución para determinar la longitud de sus barcos en alta mar (British Longitude Prize, 1714), por Napoleón cuando lanzó un reto para encontrar un sustitutivo más barato y duradero que la mantequilla para sus tropas (invención de la margarina, 1869), o cuando el hotelero Raymond Orteig ofreció una recompensa para el primer aviador aliado que consiguiera cruzar el Atlántico entre  Nueva York y París sin escalas (Premio Orteig, 1927), lo que a su vez permitió desarrollar la industria aeronáutica de la costa este de los EE.UU.

Usos de los Retos de Innovación Abierta en el siglo XXI: 

Encontrar oro por valor de 6 billones de dólares

La empresa minera GoldCorp facturaba 18 millones de dólares en el año 2.000 y sus ingenieros no conseguían encontrar depósitos de oro importantes. Su consejero decidió publicar en abierto sus datos de catas geológicas y solicitar al mundo nuevos lugares donde perforar a cambio de 575.000$ en premios. Como respuesta obtuvieron 110 propuestas con ubicaciones, el 50% de las cuales eran desconocidas para la empresa y de las nuevas ubicaciones, en el 80% se encontraron importantes reservas. 

Reducir los picos de consumo eléctrico de un país 

El departamento de energía de los EE.UU. creo el portal “Apps for Energy” en 2012 con 100.000$ en premios para retar a los desarrolladores a crear Aplicaciones Móviles que pusieran en valor los datos generados por los contadores inteligentes. Una de las soluciones ganadoras permitió reducir los picos de consumo eléctrico de un país durante periodos críticos, involucrando a los pequeños consumidores como una carga gestionable del sistema eléctrico, únicamente utilizando una app y sin necesidad de instalar ningún dispositivo en casa del cliente. Esto permite que las eléctricas no tengan que hacer inversiones millonarias en centrales de pico, que sólo se utilizan unos pocos días al año.

Luchar contra el Ebola 

La agencia USAID creó en 2014 el reto internacional “Fighting Ebola, que premiaba con un millón de dólares cualquier diseño exitoso que proporcionara nuevas herramientas al personal sanitario para luchar contra esta epidemia. Uno de sus logros fue el desarrollo de un traje de protección que se podía poner y quitar de forma más rápida y era más transpirable, manteniendo los niveles de protección, lo que permitió aumentar el tiempo de trabajo útil de los sanitarios. Pero la iniciativa fue más allá y a través de retos se inventaron nuevos instrumentos y medidores, se introdujeron mejoras en las unidades de tratamiento de los hospitales y en las cámaras de descontaminación, y se desarrollaron aplicaciones para teléfonos móviles y sistemas de información.

Ovidio González de Uña es estudiante de doctorado en la Universidad de Sevilla. Artículo escrito en colaboración con la UCC+i de la Universidad de Sevilla

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