Los ciegos recobran la vista con un implante revolucionario

¿Quién es el hombre capaz de ofrecerse de conejo de Indias para que le instalen electrodos directamente en el cerebro, sin ninguna garantía y pagando millones por ello? Es Jens Naumann, un leñador canadiense de 39 años nacido en la RDA. Con sus implantes de Terminator, el bastón a los pies, y sus 8 hijos alrededor queriendo ser reconocidos por primera vez, Jens tuvo que decirles que no se hicieran ilusiones, que no eran más que sombras imposibles de distinguir unas de otras. Aunque tenía la esperanza de poder verles cada día mejor.

 

Emigrado con sus padres de Kiel a la Columbia Británica a los 7 años, Jens perdió un ojo a los 17 con una astilla, y el segundo a los 20 arreglando una moto de nieve. Sin el mínimo resquicio para la esperanza de recobrar la vista, trabajó cortando leña, tuvo 8 hijos y, con mucho tacto y más arranque, construyó los paneles solares y dispositivos eólicos con que calienta su hogar; incluso algunos programas informáticos de uso personal. En las horas que le quedan toca al piano a Bach y a Chopin, lo que le ha permitido ganar algún dinero dando conciertos y ahorrar para pagarse esta aventura.

Es el paciente Alfa del doctor William Dobelle, un investigador no menos singular que su paciente. Hijo de un cirujano ortopédico, creció con la idea de que casi todo lo que la naturaleza estropea el hombre puede remplazarlo. Él mismo ha sustituido su pierna perdida por la diabetes por una silla de ruedas con la que corre pasillos. Si su paciente está hecho de la madera de los pioneros, Dobelle es de la madera de los visionarios. Lleva 30 años invertidos en crear un ojo artificial, y cuando en EE UU le prohibieron estos implantes, se fue a Lisboa a practicarlos.

Jens Nauman no es su primer paciente pero sí el primero que ha conseguido con este sistema una movilidad funcional, o sea, mejorar mínimamente su vida en cosas como cruzar una calle sin bastón. Lleva instalados en el córtex visual del cerebro electrodos de platino conectados a unos cables que le salen llamativamente a modo de colitas de caballo por unos agujeros del cráneo. A través de estos cables le llegan al área de la visión, 19 años inactiva, las imágenes que captura la minicámara de vídeo que lleva montada en las gafas y que le dan ese aire biónico un poco terrible. Las imágenes que graba la cámara pasan por otros cables de colores hasta el procesador de tres kilos que lleva en la cintura a modo de cartuchera. Este ingenio transforma las tomas de la cámara en series de señales eléctricas, y en ese lenguaje eléctrico -el que el cerebro sabe interpretar- pasan por el manojo de cable negros hasta la misma materia gris; así el cerebro ha vuelto a... ¿ver? En realidad, lo que Jens puede captar es algo parecido a unos puntos de luz -los fosfenos- sobre un firmamento negro, como píxels en la pantalla. Con esas formas rudimentarias, imagina con dificultad lo que tiene delante; él tiene la suerte de imaginar porque antes pudo ver y recuerda algo lo que hay fuera. Pero lo mejor de todo es que esos puntos se mueven, aunque sea a cámara lenta y en blanco y negro.

Todo esto es un principio de visión nada más. Además, dice que lo que ve no se parece a lo que él imaginaba al tocarlo, y sus recuerdos están muy borrosos después de 19 años de ceguera. También, en una sobreestimulación llegó a sufrir algunas convulsiones.

Antes de Jens, el paciente estrella del doctor Dobelle era Jerry, otro ciego cuyo sistema le permitió percibir hasta 68 píxels o fosfenos, en realidad sólo 20 efectivos, en un estrecho campo alargado como un túnel. Ahora Jens puede captar 72 píxels en cada hemisferio cerebral, o sea, 144 puntos de luz. Se sabe que para reconocer imágenes, a una persona normal le basta con una resolución de 32 por 32, unos 1.000 puntos de imagen.

Aún falta mucho camino por recorrer, pero en la misma carrera por devolver la vista a los ciegoscompiten en distintas pistas otros investigadores con trabajos prometedores. Uno de los más interesantes es el Voice, sistema que activa el córtex visual con sonidos y sin agredir el cerebro con ningún tipo de implante. Lo usa Pat, una ciega que lleva como equipo una cámara de PC, un cuaderno digital y cascos estéreo. En este caso, la resolución, los puntos activados del cerebro son más, pues tiene una matriz a los 32 por 32 -píxels. ¿Pero esto es visión o es -audición? Las características de tal percepción están por ver.

En Los Ángeles, Mark Humayun ha preferido realizar su implante directamente en la retina, para reemplazar los conos y bastoncillos dañados. Sus pacientes llevan también videocámara en las gafas y un microprocesador, pero este sistema sólo vale para patologías muy concretas y con el nervio óptico sano. La lista de investigadores es más larga e incluye proyectos tan agresivos como los neuroimplantes más adentro del córtex.

Por su parte, Dobelle trabaja en la siguiente generación de ojo artificial para Jens y con la vista puesta muy lejos. Dice que, si supera el gran escollo de devolver la visión, sus pacientes serán superdotados visuales. Con sólo cambiarles la cámara pasarán de ciegos a tener visión de rayos X, microscópica o de infrarrojos. Pero la realidad hoy por hoy es diferente. Jens no ha tenido mejoras apreciables desde hace un año, informa el Instituto Dobelle, y está a la espera de un aparato más pequeño y de mayor resolución.

María José Casado

 

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