Crean un protector solar biodegradable a base de algas y crustáceos

El nuevo material fabricado por los científicos también serviría para el diseño de tejidos resistentes a los rayos ultravioletas.

 

Un equipo de investigadores del Centro Universitario AlbaNova de Estocolmo (Suecia) junto con dos equipos de científicos de la Universidad del País Vasco (España) han conseguido desarrollar un nuevo tipo de material que protege eficazmente de la radiación del sol. Este material, basado en moléculas de algas y crustáceos, es biodegradable y su eficacia es mayor que las cremas solares actuales.

 

Algas, peces y crustáceos se ven sometidos diariamente a una gran cantidad de horas de sol; la evolución propició que desarrollaran un escudo natural que absorbe los rayos solares y los protegiera del sol. Partiendo de esta base, los científicos utilizaron microsforinas, una sustancia química procedente de algas del Mediterráneo con la capacidad de bloquear la radiación solar.

 

“Para poder usar las microsforinas, necesitamos poderles dar una forma física y disponer de un sustrato en el que engancharlas. Lo novedoso de nuestro estudio es que hemos usado el quitosano como base. Y es la combinación de ambos productos lo que tiene valor”, explica Ana Alonso, coautora del estudio.

 

El quitosano es un material que se encuentra en el exoesqueleto de los crustáceos y también es considerado un producto “verde”, por lo que no necesita de síntesis artificial para su obtención. “Además, proceden de fuentes prácticamente inagotables, no dejan residuos que haya que procesar de forma artificial para eliminarlos,y que suponen una amenaza para la biodiversidad marina, como sí ocurre en la actualidad con las cremas cosméticas comerciales, y han demostrado ser muy eficientes en el bloqueo de la radiación ultravioleta, tanto la A como la B”, añade Alonso.

 

Las pruebas realizadas por los investigadores han determinado que este material resultante es estable en el tiempo (es efectivo hasta 12 horas después de la aplicación), resistente al calor (hasta 80 grados centígrados) y no es tóxico para las células humanas.

 

No hemos patentado nuestro descubrimiento, el conocimiento que hemos generado es de acceso libre, por lo que la industria que lo desee puede usarlo para comenzar el desarrollo comercial de algún producto”, concluye Alonso.

 

El estudio ha sido publicado en la revista ACS Applied Materials & Interfaces.

 

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