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2007 fue –a propuesta de Presidencia de Gobierno aprobada por el Congreso de los Diputados– el Año de la Ciencia. ¿Alguien se ha enterado?
Recuerdo 2005, el Año del Quijote: todos nos enteramos. 2007 debÃa haber sido el Año de la Ciencia, con mayúsculas. HabÃa dinero –6 millones de euros–, habÃa ganas e incluso habÃa ideas. Pero fracasó, y no sólo porque al ciudadano medio le importasen poco los conocimientos cientÃficos (por cierto, ¿cuántos han leÃdo el Quijote?). Era el momento de hacer algo grande... y todo quedó en una lastimosa pedorreta. Uno podrÃa haber confiado en la eficacia del Ministerio de Educación y Ciencia y de su brazo armado para la divulgación, la Fundación Española para la Ciencia y la TecnologÃa (FECYT) ¿Convocaron las ayudas a finales de 2006? ¿Publicaron las resoluciones a principios de 2007? ¿Lanzaron grandes proyectos capaces de llamar la atención de la opinión pública? Vana ilusión. La convocatoria se publicó en 2007, las ayudas se concedieron a finales del verano y, tras el habitual papeleo administrativo, el Año se convirtió en el mes de la ciencia.
La única acción grande –adjetivo que sólo alude a lo elevado de su presupuesto– fue un concurso para profesores y estudiantes de secundaria... que se viene realizando desde hace 8 años. Se llama Ciencia en Acción y en él están involucrados la FECYT, el CSIC, la Real Sociedad Española de FÃsica y la Real Sociedad Matemática Española. Con semejantes padrinos y un presupuesto que ha superado los 300.000 euros –atención: ¡para dos dÃas!– uno habrÃa esperado algo más que una carpa con demostraciones cientÃficas, unos premios piojosos –1.500 euros y un viaje para visitar un centro del CSIC en España– y cuatro anuncios en los medios. ¿Por qué no ha habido proyectos de envergadura nacional? ¡Cierren el Paseo de la Castellana para un superexperimento de fÃsica! ¿Y por qué no un tren de la bruja que levite mediante superconductores? ¿Y la televisión? No me refiero a productos como aquel Cosmos de Carl Sagan –en nuestro paÃs lo único que se acercó, y de lejos, fue 2.mil, de TVE–, sino a series como Friends, donde uno de los protagonistas era paleontólogo y bastantes diálogos aludÃan a la ciencia. ¡Ya basta de médicos! Acercar la ciencia a la sociedad no implica sólo organizar conferencias, congresos y exposiciones; es hacer que se vea al cientÃfico como un ciudadano más. La apreciación de la ciencia no se consigue diciendo lo importante y lo necesaria que es; se alcanza haciendo que los cientÃficos caigan bien y se les tenga aprecio... como personas normales. Pruebas hay de sobra de la influencia de las series y las pelÃculas en los jóvenes: necesitamos más Indianajones, más Doctores Who, más Futuramas. Necesitamos Carlsaganes castizos que transmitan pasión, que emocionen, que sorprendan, incluso que provoquen. Mucho lloramos por el poco interés que muestran las instituciones públicas y privadas por financiar la divulgación, pero la culpa es nuestra. Hemos desperdiciad
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