¿Al hospital? Pues va a ser que no PDF Imprimir E-mail

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Es paradójico, pero una mayor inversión en gasto sanitario no implica una mejora en la salud global de los ciudadanos. Algunos expertos en política sanitaria afirman que entre el 15% y el 50% de las operaciones quirúrgicas son innecesarias. Según el New England Journal of Medicine, entre un 20% y un 40% de los pacientes son sometidos a tratamientos que no reportan ningún beneficio. Por su parte, la revista Lancet publicó en 2004 que la tercera parte de todos los reconocimientos radioscópicos son superfluos. Y no olvidemos que los rayos X pueden causar cáncer.

Hace más de dos décadas, el gran divulgador médico Lewis Thomas proponía que a los facultativos se les preguntara cuántas veces en los últimos cinco años él o los miembros de su familia se habían sometido a revisiones generales, radiografías y electrocardiogramas, o con cuánta frecuencia se habían recetado antibióticos durante el último año. Thomas creía que obtendríamos resultados muy diferentes a los del resto de la población. Para comprobar su hipótesis preguntó a sus colegas y descubrió que “muy pocos se han hecho radiografías; casi todos han logrado evitar la cirugía; los análisis de laboratorio son muy poco frecuentes en su familia; no parecen recetarse demasiados medicamentos y casi nunca recomiendan antibióticos a los suyos”.

También influye que existan más o menos medios en los hospitales. Así, cuando se dobla el número de cardiocirujanos, las operaciones de bypass se multiplican por 9 –y no por que se haya reducido la lista de espera–. Y si aumenta el número de neonatólogos también lo hace el de recién nacidos en las incubadoras. Esto tiene cierta relación con el sitio disponible para los pacientes. Supongamos que dermatología cuenta con 30 camas. Si por cualquier causa están ocupadas 24, las 6 que quedan libres serán asignadas a otros servicios. A la larga, puede que acaben formando parte de ese otro servicio “que las necesita”, independientemente de que tal sobreocupación pueda deberse a cualquier causa ajena a la propia enfermedad como, por ejemplo, un aumento de plazas de cardiocirujanos. Ganar camas es ganar poder, pues quien más tiene exige que se le destine un mayor número de recursos. ¿Consecuencia? Hay que mantener ingresadas a personas que podrían estar en sus casas.

No somos demasiado conscientes de que esta sobremedicalización entraña riesgos. Un mayor número de pacientes implica más maniobras, y por tanto aumentan las posibilidades del famoso “fallo humano”. Los hospitales son lugares peligrosos para quienes no deberían estar en ellos. En 2000, Israel vivió una huelga general de médicos durante un mes. Sólo se atendieron las urgencias y los servicios de diálisis, oncología, neonatología y pediatría. Un estudio reveló que durante la protesta el número de muertes disminuyó sensiblemente. La huelga fue buena para la salud.