La fruta prohibida

La fruta prohibidaEs la fruta por antonomasia, representación del paraíso y del pecado. Roja, verde o dorada, la manzana fue estimada desde antiguo por su valor curativo, culinario y simbólico.

Afinales del siglo XVI y comienzos del XVII empezaron a pintarse las llamadas "naturalezas muertas". Esto sucedía en las botteghe, talleres de pintura italianos, por lo que actualmente también llamamos a esos cuadros "bodegones". Se suele considerar que el Cesto de frutas, de Caravaggio (1573-1610), fue el primero de ellos. Ese cesto reúne hojas y frutas del final del verano: manzanas, higos, membrillos, peras y uvas. Pintado con gran maestría, es un símbolo de las fiestas de recolección y del orgullo de la cosecha. La fidelidad del artista hace que en él se combinen elementos plenos de madurez y lozanía con otros que presentan manchas y colores premonitorios del otoño. Se trata, a un tiempo, de mostrar el atractivo de la tentación junto al carácter efímero de la vida y los placeres. En nuestra cultura esa dualidad quedó patente en el mito del jardín del Edén y el fruto prohibido.

La manzana es, desde antiguo, la fruta por antonomasia, y supongo que por eso ya desde el siglo V se identifica con el fruto del paraíso, un detalle que la Biblia nunca concretó. El Génesis nos dice exactamente: "Vio, pues, la mujer que el árbol era bueno al gusto y hermoso a la vista y deseable para alcanzar por él la sabiduría, y tomó de su fruto y comió, y dio de él también a su marido, que también con ella comió" (Gen 3, 6). Es decir, no sabemos cuál era el fruto que comieron, pero una pista podemos tenerla en el versículo siguiente, donde se narra que entonces fue cuando Adán y Eva se dieron cuenta de que estaban desnudos y "cosieron unas hojas de higuera" para taparse. Si la higuera estaba en el lugar de autos, lo más probable -digo yo- es que fuera el higo el dulce fruto prohibido que gozaron en su ingenua desnudez.

Ignoro los motivos por los que la manzana ha suplantado al higo como símbolo del fruto pecaminoso, y el manzano -Malus pumila- ha privado a la higuera -Ficus carica- del honor de ser el árbol de la ciencia. El higo aventaja a la manzana en dulzura, calorías, proteínas e hidratos de carbono. De los preocupados por la salud oímos, además, que por las pepitas y fibra que tiene es muy adecuado para el estreñimiento, e incluso que es una rica fuente de benzaldehido, agente anticancerígeno. Era un fruto muy estimado por las antiguas civilizaciones, y en la Antigua Grecia, por ejemplo, se cuidaban de que la dieta de los atletas fuera rica en higos. Por su parte, los romanos consideraban la higuera como un árbol sagrado y la tradición hindú afirma que su madera fue la utilizada para el fuego con el que los dioses traspasaron el conocimiento a los hombres. En muchos lugares de Asia el higo es considerado un poderoso afrodisíaco, lo que no es de extrañar si consideramos sus aspectos formales.

Como el manzano es un árbol que necesita del reposo invernal y que no se da si la temperatura media no baja de 9 ºC, la manzana es fruta propia de las regiones templadas y algo frías. La producción mundial de manzanas es de más de 40 millones de toneladas. Aunque parezca mentira, nos tocan más de 6 kilos por año a cada habitante de la Tierra. No en vano, la manzana es actualmente la fruta más cultivada en todo el mundo; de ella se cosechan más de 7.000 variedades diferentes. Utilizadas en crudo, para asar o en compotas, para postres, mermeladas y jaleas o para la fabricación de sidra o destilados -como el Calvados de Normandía-, constituyen una de las frutas de más amplia versatilidad, en consonancia con la enorme variedad de sus formas, tamaños, aromas, texturas y colores que, por ejemplo, recorren todas las gamas del verde al rojo, pasando por los amarillos y los pardos. Mis recuerdos están en la camuesa, una manzana grande, algo más ácida que la golden, dulce y sabrosa, que se asaba maravillosamente, a veces aportándole azúcar y manteca de cerdo o mantequilla.

Indicada para problemas gastrointestinales, la manzana tiene amplia reputación entre los profesionales de la salud, y en inglés lo han recogido de forma proverbial: "an apple a day keeps the doctor away" ("una manzana al día mantiene al médico alejado"). Contiene vitamina C y pectina, una fibra soluble, además de ácido málico y tartárico. No es fácil el inventario: en una manzana se han identificado hasta el momento 33 alcoholes, 23 aldehidos y cetonas, 16 ácidos, 62 ésteres diferentes y más sustancias. Pero no sólo la manzana interesa a los médicos, biólogos y químicos. Recuerdo las clases de física cuando los alumnos trataban de investigar por qué flotan las manzanas. Resulta que las células no están empaquetadas de modo muy compacto, pues quedan entre las paredes de las mismas unos huecos de aire que representan entre el 20 y el 25 por 100 del volumen total de la fruta.

Al margen de su valor didáctico, dietético y culinario, destaca la manzana simbólica, polivalente, fresca y casi siempre lozana (nunca he oído decir que nadie estuviera sano como un higo, ni como una naranja). Desde la conocida manzana de la discordia en aquella historia griega en que Paris, nombrado por Zeus juez de la belleza, opta por dar la manzana de oro a Afrodita con el natural enojo de las otras dos pretendientes, conocemos muchas manzanas famosas, como la envenenada de Blancanieves, la gravitacional de Newton, la asaetada de Guillermo Tell, la dividida de los Beatles, la grande de Manhattan, las de oro del jardín de las Hespérides o la mordida y arco iris de mis ordenadores preferidos. No es necesario que siga siendo la fruta prohibida, reconozcamos ese papel simbólico a los higos.

En el jardín de Woolsthorpe Manor (Lincolnshire, Inglaterra), la casa de campo donde el gran físico británico Isaac Newton se refugió en 1665 de la epidemia de peste bubónica que azotaba Londres, hay en pie un viejo manzano que se dice procede de rebrotes del mismo árbol que en el otoño de aquel año provocó la idea de la gravitación. Se trata de un ejemplar de la variedad Flower of Kent, que produce un tipo de manzana grande que suele consumirse preferentemente en compotas, mermeladas, tartas y también en ensalada. Parece que el árbol original se conservó hasta 1814, cuando cayó a consecuencia de una violenta tormenta, y su madera se utilizó para hacer sillas. Por entonces ya se habían obtenido varios injertos de aquel ejemplar, y hoy existen docenas de clónicos del mismo plantados en los jardines de distintas facultades de física de todo el mundo.

La inspiración de Newton
Aunque hay autores que dudan de su autenticidad, lo cierto es que la famosa anécdota de la caída de la manzana se remonta a los tiempos de Newton, y fue difundida por Voltaire, quien dice en sus Elementos de filosofía que se la certificó la sobrina del físico. Con estas palabras lo cuenta William Stukeley, un médico y arqueólogo inglés que visitó a su amigo Isaac Newton en 1726:
"Después de comer hacía calor y salimos al jardín a tomar el té. Estábamos él y yo solos, a la sombra de los manzanos. Entonces, entre otras cosas, me contó que estaba en la misma situación que cuando se le ocurrió, hacía muchos años, la idea de la gravitación. El motivo había sido la caída de una manzana. ¿Por qué había de caer siempre en dirección perpendicular al suelo?, se preguntó. ¿Por qué no iba hacia un lado, o hacia arriba, sino constantemente hacia el centro de la Tierra? Con certeza, la razón debía estar en que la Tierra atrae a la manzana. Tenía que haber una fuerza atractiva en la materia, y la suma del poder atractivo de la materia terrestre debía estar en el centro de la Tierra, no en otro lado. Por eso esa manzana cae perpendicularmente o hacia el centro. Si la materia atrae así a la materia, debe ser en proporción a su cantidad. Por consiguiente la manzana atrae a la Tierra tanto como ésta a la manzana. Existe un poder como el aquí llamado de gravitación, que se extiende a través del Universo".

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