EDUARDO MARTÍNEZ DE PISÓN

Catedrático, explorador, viajero, escritor y alpinista, Eduardo Martínez de Pisón es la voz española más autorizada para hablar de la importancia del paisaje. Su contribución al estudio de las cordilleras de la Tierra ha sido decisiva. "No he hecho más que pagar, mínimamente, todo lo que las montañas me han dado", señala con humildad este hombre, que tiene como pasiones absolutas de su vida descubrir las regiones más remotas de nuestro planeta y divulgar la capacidad formadora que tiene la naturaleza.


Entre los abundantes galardones que le han otorgado a Eduardo Martínez de Pisón hay dos que le son especialmente queridos: el Premio Nacional de Medio Ambiente y el Premio de Honor del Grupo de Alta Montaña Español, de la Federación de Montañismo. Reconocen unos méritos tan alejados como lo está la ciencia de la aventura. Este catedrático aglutina ambas disciplinas sin aparente dificultad y con la misma pasión por ambas. Lo atestigua su larga vida a caballo entre la docencia y la exploración. "Entré en las aulas a los cuatro años y, desde entonces, no he salido de ellas", admite. Mientras tanto, no duda en marcharse a la Antártida, a Alaska o al Himalaya para estudiar sus territorios. Eso es lo que hizo a los 50 años, cuando permaneció durante más de tres meses por encima de los 4.800 metros de altura, con la única compañía de un sherpa, recorriendo la vertiente sur del Everest. El objetivo era realizar el más completo estudio geomorfológico de la región. Lo mismo hará este verano, cuando viaje una vez más al Karakorum, en Pakistán, para recorrer un remoto valle que ha permanecido cerrado a las visitas extranjeras. Lo hará cumplidos ya sus 65 años, porque, como dice, "la pasión me da fuerzas".

-¿Cómo puede combinar en su trabajo ciencia y aventura?
-Me lo permite la geografía. Yo lo que hago es interpretar la evolución de la naturaleza, descubrir por qué unas formas son más o menos puntiagudas. Luego relaciono este territorio geográfico con el territorio humano que lo ocupa y saco unas conclusiones.

-¿Sólo puede estudiarse la naturaleza desplazándose hasta ella?
-El territorio, el campo, es el objeto de estudio del geógrafo. El historiador debe recurrir a los libros y el artista a los museos, pero el geógrafo siempre tiene que ser un gran viajero. Por ello he recorrido muchos paisajes y los he traducido, para que la gente supiera cómo y por qué es así el Baltoro en el Himalaya o los glaciares de Alaska.

-¿Se considera un científico atípico?
-No exactamente. Es cierto que mi forma de entender la ciencia me ha permitido relacionarme con otros ámbitos muy alejados de su reducido círculo. Excepto en la Antártida, donde sólo hay científicos, mi trabajo me ha hecho conocer a tibetanos, esquimales, baltíes..., gente estupenda. Creo que esto es bueno, pues son pueblos de costumbres simples, pero de gran humanidad y para mí muy admirables.

-¿No teme que esto le aleje del rigor que debe tener la ciencia?
-No, porque cuando hago ciencia, cuando investigo, esté donde esté, aplico el método. Es el mismo método que aplico en la enseñanza. No podría ser de otra forma. En caso contrario, no preparas bien a la gente.

-¿Divulgar o investigar?
-Las dos cosas. No pueden separarse. Ocurre que cuando investigas, divulgas cosas originales; cuando no investigas repites lo que dicen los demás. Por eso investigar te permite difundir cosas nuevas, estás en la proa del barco. Es absurdo investigar lo que ya han hecho otros, aunque, por desgracia, esto ocurre con frecuencia. Si no divulgas lo que investigas, contraes una profunda deuda con quien te paga para que hagas tu trabajo, en este caso, el pueblo español.

-¿Está hablando de quitarle nivel al conocimiento?
-Reconozco que algunos de mis trabajos científicos son ilegibles: verdaderos tostones. Están escritos para mis colegas. Aparte de eso, yo los divulgo porque quiero que la gente sepa lo que he descubierto. No se trata de hacerlos vulgares, no hay que bajar el listón sino tirar de la gente para arriba.

-¿Qué prefiere usted?
-Creo que antes que científico soy profesor y considero que hay que comunicar lo que se sabe. Es decir, sabes para comunicar lo que sabes. No estudio únicamente para mí o para intercambiarlo en el reducido mundo científico. Mi forma de trabajar me da una ventaja. Estoy en contacto con muchas personas, cuya formación es menos exigente que la del científico y eso me ayuda a explicar lo que hago.

-¿Estamos en deuda con el territorio?
-Tenemos con él una deuda infinita. Ha sido muy generoso con nosotros. Incluso las montañas, que gozan de muy mala fama, lo han sido. Hay que ser espléndidos con él en la misma medida. Es demasiado lo que nos estamos jugando. Nosotros somos bastante más efímeros que el paisaje y que las montañas. Es triste que, durando mucho menos, lo transformemos y lo hagamos desaparecer por intereses mezquinos.

-Parece que nos estamos cargando el planeta...
-Me preocupa que la actuación del hombre esté condicionando el clima y cambiando el planeta. Creo que hay que evitar ciertas cosas que, aunque te den riqueza, también te degradan. Hablo de obras como la presa de las Tres Gargantas en China, cuya construcción ha supuesto alcanzar una cota de degradación del hombre con respecto al planeta tan elevada que no debiera haberse llevado a cabo nunca.

-A cambio, algunas catástrofes asolan al hombre. ¿Es ingrata la naturaleza con nosotros?
-La naturaleza carece de sentimientos, aunque esto no quiere decir que no tenga reacciones. Siempre te devuelve la mirada que le das. Si la miras con generosidad, te devuelve generosidad; si le lanzas una mirada hostil, la recibirás de vuelta. La naturaleza es un reflejo de cómo es el hombre. Sin embargo, es pasiva, sólo tiene un carácter proyectivo. Le da lo mismo lo que se haga con ella. No obstante, hace pagar con creces los desmanes y la falta de previsión con la que actuamos en ella, aunque, al contrario, también puede enriquecernos.

-¿Qué opinión le merece la limitación del acceso a ciertos territorios?
-Siempre hago bueno el refrán que habla de no ponerle puertas al campo, pero las facilidades excesivas tampoco son lo más recomendable. Creo que el mejor modelo es aquel que propugna un desarrollo sostenible. Como las actuales reservas de la biosfera, que incentivan el desarrollo de los valores tradicionales y ecológicos como una fuente alternativa de recursos.

-¿Está todo inventado en la Geografía?
-La Geografía no es lo que se suele decir. Es una ciencia del territorio natural, aunque también del territorio humano. El territorio es algo cambiante y cada día aparecen distintas metodologías que permiten llegar más allá. Le pasa un poco como a la música: siempre se podrá hacer música nueva, por mucho que haya habido un Bach o un Beethoven. Siempre habrá territorio y siempre habrá nuevas aproximaciones para su conocimiento.

-¿Puede darle sorpresas una ciencia tan vieja?
-A veces vas en busca de una cosa y te encuentras otra. Yo fui a la Antártida a buscar el frío y me encontré con el fuego: un territorio formado por un conjunto de antiguos volcanes arrasados.

Alfredo Merino

Esta entrevista fue publicada en junio de 2002, en el número 253 de MUY Interesante.

Etiquetas: medio ambiente

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