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Cortar las alas al cáncer sin perjudicar al resto
Curiosamente, cuando una célula comienza a convertirse en maligna y ve que sus extremos cromosómicos menguan peligrosamente, activa la telomerasa, los reparan y sigue dividiéndose a sus anchas. Dicho de otro modo, la célula consigue mantenerse siempre joven y lozana. Si los científicos lograran bloquear la telomerasa sin causar daños colaterales, conseguirían que las células cancerosas envejecieran y murieran. En este sentido, hay especialistas trabajando en cómo reducir la síntesis de telomerasa con fármacos, pero De Grey propone una solución más radical: la eliminación total de los genes que rigen su síntesis. Con ello, le negaríamos al cáncer la oportunidad de mutar para resistir el tratamiento oncológico. La cuestión es complicada, porque no sólo habría que tener puntería para borrar la telomerasa de los genes adecuados en tejidos que no dependen de las stem cells, sino que también habría que reponer las células madre regularmente, para garantizar la división de todas aquellas células que sí necesitan replicarse para mantener los órganos y tejidos.
Un buen chute de células madre cada cierto tiempo
“Hace 5 años me di cuenta de que podía resolver el problema con células troncales manipuladas en el laboratorio. Cada decenio podríamos inyectárnoslas sin los genes de la telomerasa, para así impedir su conversión a malignas. Al mismo tiempo, las equiparíamos con unos largos telómeros diseñados de antemano”. Ahora bien, la comunidad científica no pone la mano en el fuego de que esto vaya a funcionar, aunque algunos investigadores han usado la telomerasa para hacer que células humanas se dividan in vitro mucho más allá de sus posibilidades –normalmente, llegan a hacerlo entre 50 y 70 veces. En las pruebas, estas supercélulas no se tornan cancerosas.
Por su parte, María Blasco, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en Madrid, diseñó una técnica para medir la longitud de los telómeros de forma automatizada y simultánea en casi cien muestras biológicas en menos de dos horas. Según Blasco, aparte de rápido, su procedimiento es mucho menos costoso. “La falta de técnicas para medir la longitud de los telómeros de forma automatizada ha sido en parte responsable de que las empresas farmacéuticas no hayan sido más activas en la búsqueda de fármacos antitumorales dirigidos contra los telómeros".
Los franceses y las mujeres los tienen más largos
Existe una relación muy clara entre la edad y la longitud de los extremos cromosómicos. “Hemos analizado los telómeros de cientos de individuos de entre 60 y 100 años de edad en distintos países europeos”, dice Elsa Vera, del CNIO. “La longitud de los telómeros decae de manera muy significativa en intervalos de 10 años, tanto en hombres como en mujeres, aunque las mujeres los tienen más largos en todos los grupos de edad”. El estudio también demostró que los franceses tienen estas puntas de los cromosomas más largas que los demás europeos, apoyando la idea de que hay una relación entre genética, factores ambientales y la longitud de los telómeros. “Los cortos se han asociado con mayor riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular”, dice Blasco, “lo cual podría explicar la ‘paradoja francesa’, según la cual los franceses consumen más alcohol pero tienen un bajo riesgo cardiovascular en relación con otros europeos”.
Le pregunto a De Grey si entonces, dentro de dos siglos, cuando los cuarentones de hoy hayan extendido su vida de los 80 a los 200 años, las terapias consistirán en sesiones periódicas para el tratamiento con stem cells... ¿y de vez en cuando una cita para alargar telómeros? “Podría ser algo así. No me sorprendería que dentro de 200 años lleguemos incluso más allá, que todas las terapias genéticas y de células madre se apliquen con una simple inyección, y que sea posible marcar los genes de la telomerasa para distinguirlos y extraerlos fácilmente”.
¿Entonces, el envejecimiento es una enfermedad? ¿Una mala pasada de la evolución? “No es una mala pasada. Es que la evolución no le ha prestado atención al envejecimiento. En el mundo salvaje, sin la intromisión de la civilización, casi todos los organismos mueren sin tener la oportunidad de envejecer. Mueren de hambre, o se los come alguien, o lo que sea. Por eso no existen genes para hacer algo respecto a la vejez”.
De Grey es una de esas personas que despiertan una reacción apasionada, tanto de sus críticos como de sus simpatizantes. Es engreído y habla como si fuera un profeta, pero también posee una mente brillante, le gusta encrespar las plumas y no teme el ridículo. Como es de esperar, existen toda clase de objeciones a la idea de prolongar la vida por un siglo, y De Grey tiene una respuesta para todas. La crítica más común es que nos embarcaríamos en un programa de exceso de población sin precedentes. “Bueno –responde este científico–, ¿qué habría sucedido si el primer ministro de Francia le hubiese prohibido a Pasteur organizar campañas educativas sobre la higiene por el mismo motivo?” Además, dice, “considerarnos tan incapaces de encarar problemas futuros como para condenar a millones de personas a tener las cortas vidas de sus abuelos es una broma de mal gusto. En el pasado hemos resuelto problemas similares. Por ejemplo, ¿quién imaginaba en 1850 que los hombres tendrían que someterse a la indignidad de ponerse un caucho cada vez que practicaran el sexo para frenar la explosión de población que siguió a la eliminación de la mortalidad infantil?”
Duros oponentes a la eterna juventud
Uno de sus oponentes más furibundos es Sherwin Nuland, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, y autor del libro How we Die. “De Grey no es malo, ni está loco”, escribió en un artículo de la revista Technology Review, que edita el Massachussets Institute of Technology (MIT); “pero su plan no va a tener éxito e incluso, si lo tuviera, nos destruiría en el intento por preservarnos, porque vivir tales períodos de tiempo socavaría el significado de ser humano”.
No hay predicciones no cofras, sólo hipótesis
La ausencia de datos y números es otra crítica frecuente a De Grey, a la que él responde desde su página de Internet, “como si los hermanos Wright hubiesen tenido números y datos en 1900”, refiriéndose a que el vuelo motorizado se desarrollaría pocos años después. Desde luego que sí tenían información, en el sentido de que cualquier ingeniero basa sus diseños en conocimientos existentes sobre el sistema que quiere manipular. “Yo también la tengo, como se darán cuenta quienes se tomen el trabajo de leer mi portal y mis publicaciones”. Pero el envejecimiento no es una enfermedad, por lo que, obviamente, no se puede curar, dicen algunos detractores. “Llámelo como quiera. El envejecimiento es un fenómeno biológico que causa el debilitamiento y la muerte. Lo que yo quiero decir con la palabra “curar” es tener control sobre una condición, como el que podemos tener con la tuberculosis, por ejemplo. La podemos sobrellevar sin que mate a la gente. Pero yo no aspiro simplemente a detener el progreso de la vejez, sino a revertirlo; llevar a alguna persona de un estado de sufrimiento avanzado a un estado donde ya no padezca. Para esto, el tratamiento deberá ser periódico, durante el resto de la vida”.
Un alud de seguidores ávidos de inmortalidad
Quizás porque todos esperamos vivir un poco más con buena salud, las teorías de De Grey tienen también sus admiradores. Cuando el editor del Technology Review, Jason Pontin, escribió un editorial crítico sobre De Grey, se sorprendió con el torrente de correos electrónicos de lectores airados acusando a Pontin de “privarlos de su inmortalidad”. De hecho, el artículo de Nuland, Do you Want to Live Forever? –¿Quiere vivir para siempre?– ha sido hasta ahora “el más leído en la historia de la revista”, y con más reacciones negativas de los lectores, dice Pontin. La consecuencia de todo esto es que Pontin ofreció 10.000 dólares a cualquier gerontólogo capaz de aportar una revisión independiente demostrando que las ideas de De Grey no tienen mérito. Hasta el momento, nadie se ha acercado a reclamarlos.
A favor de la muerte
Sherwin Nuland es uno de los detractores de la prolongación de la vida. Este profesor de Medicina de la Universidad de Yale cree que De Grey jamás conseguirá sus planes y que, además, se oponen a la naturaleza humana.
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De sus simpatizantes, el más notable es el millonario Peter Thiel, uno de los fundadores del sistema de pagos por internet Pay- Pal, quien donó tres millones de dólares a SENS. “Peter se interesó, se fue enamorando de la idea y finalmente decidió darle una oportunidad. Naturalmente, no sabe si mi enfoque va a funcionar o si está perdiendo su dinero, pero piensa que el riesgo vale la pena. Los mil millones de dólares a los que hago alusión se distribuirían entre las siete cosas que deben solucionarse. El campos de la terapia de células madre ya está bien financiado a nivel global, pero las otras seis áreas, definitivamente, necesitan más dinero. Para estimar el presupuesto hay que hacer los cálculos de las horas de trabajo que requiere cada cosa, multiplicadas por el coste de los biólogos a tiempo completo, y además contar con el dinero para los equipos de investigación y las oficinas del SENS. La idea es que los diversos componentes se desarrollen en universidades y laboratorios de varias partes del mundo, pero necesitamos unirlos a todos, y es allí donde entra el Instituto SENS, un edificio lleno de matemáticos y oficinas”.
Aparte de Thiel, De Grey tiene el apoyo de algunos científicos. “La mayoría de ellos no son gerontólogos, lo cual no me sorprende porque trabajan en campos que pretenden curar enfermedades, y no en los problemas del envejecimiento. Algunos gerontólogos apoyan lo que yo hago y otros están en total desacuerdo y se sienten amenazados porque estoy desafiando su forma de trabajar. Esto es algo normal en la ciencia”.
¿Pero merecería la pena llegar a milenario?
Y añade que “en general, es una combinación de política, ignorancia y dinero. La gerontología tiene la dificultad adicional de que los científicos serios deben distanciarse de la terrible industria de la guerra a la vejez: las cremas antiarrugas, las pociones y las pastillas que no sirven para nada. Así que, cuando escuchan que alguien propone la posibilidad de vivir mil años, su reacción inmediata es tratar el tema con pinzas”.
Aunque se demostrase que las ideas y enfoques de De Grey son verdad, no sabemos si el mundo lo tomará en serio en los próximos diez años, el momento crítico para echar a andar o frenar su iniciativa. Tendríamos que plantearnos qué precio estamos dispuestos a pagar por la eterna juventud.
PARA SABER MÁS
En Internet
- Fundación Matusalén para la prolongación de la vida. www.methuselahfoundation.org.
- Página web del proyecto Strategies for Engineered Negligible Sensescence. www.sens.org.
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