Empotrado en la Legio Nona PDF Imprimir E-mail

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Los soldados se visten para la batalla: toda protección es necesaria

empotrado2Por fin llegó la hora de descansar. Cada contubernio se cocina su cena, en la que abundan los cereales y escasea la carne. Mañana comienza el asedio de Vellica, para el que se han dispuesto ya torres de asalto, arietes, onagros y catapultas del modelo “Scorpio”. Será un día terrible, quizás el último para algunos, así que mejor dormir. “No me hice legionario para que me enterréis entre los peñascos hispanos; antes desfilaré en Roma llevando a todos esos con cadenas”, anima Lupus, el más joven de ellos.

Con las primeras luces del alba, los soldados se levantan y empiezan a vestirse para la acción. Llevan túnica roja y, sobre ella, la subarmalis, una protección acolchada a modo de subarmadura para evitar el roce del metal de que está hecha la lorica anillae, la armadura principal, una cota de malla de inspiración celta bastante ligera. El cuello se recubre con un trozo de tela llamado focale, que sirve para evitar el contacto directo con la lorica y el casco. Este último –llamado galea por haber sido adoptado de los galos– está fabricado en acero y tiene unas carrilleras muy amplias para proteger ambos lados de la cara, así como aberturas para facilitar la audición.

Lleva también refuerzos en el cráneo, para salvaguardarlo mejor, y una extensión en la nuca para evitar los golpes desde atrás, proporcionados involuntariamente más de una vez por los propios compañeros en el fragor de la batalla. En las piernas llevan grebas, espinilleras de metal, y se calzan con las populares caligae, las sandalias hechas de tiras finas hasta los tobillos. Y, por supuesto, no falta el scutum, escudo, de más de un metro de largo y bajo el cual puede esconderse prácticamente todo el cuerpo.



Minicius, Lupus y Posca entran en batalla: la suerte está echada

En cuanto a las armas, además del gladius y el pilum, llevan también un pugio, aunque es un arma más ornamental que práctica. Procede del puñal doble-globular ibérico y es una posesión muy preciada para cualquier legionario, que no duda en invertir buena parte de su soldada en su decoración ya que, en caso de necesidad, podrá venderlo a mejor precio. El pugio lo lleva colgado de su cingulum militaris, el cinturón, con faldellín y discos de metal, y tiras largas y estrechas. Es el principal factor distintivo de los legionarios: si alguien lo lleva, aunque en ese momento carezca de arma, no cabe duda de que se trata de un soldado.

Mientras acababan de vestirse ha llegado una noticia sorpresa: los cántabros están saliendo de los muros de Vellica y situándose en formación para dar la batalla en campo abierto. La treta del tribuno ha dado mejor resultado del que se podía prever. “No debían tener suficientes armas ni víveres para resistir el asedio, así que se lo juegan al todo o nada”, comenta el experimentado Minicius. Octavio y el gobernador Antistio se han reunido con legados, prefectos y tribunos, y las órdenes no tardan en llegar a nuestra legión. Vamos a adoptar la formación oblicua, semejante a una A: el ala izquierda marchará retrasada, mientras que la derecha avanzará oblicuamente sobre la izquierda enemiga, a la que también tratará de rodear la caballería para caer sobre su retaguardia. Está considerada como la mejor de las siete formaciones de batalla más habituales. Los combatientes asienten con gravedad a las instrucciones de su oficial. Para subir la moral de la tropa, se suministra un refrigerio extra, que los legionarios se aprestan a tomar. Todo está preparado. A mí me han asignado un lugar junto a los reservas de la retaguardia, que acudirán a cubrir los espacios donde se produzcan bajas. En silencio, observo cómo se alejan mis acompañantes del contubernio, Minicius, Lupus y Posca. A unos pasos de distancia, Lupus se vuelve, sonríe y, señalándome con su espada desenvainada, me dice: “Explícales a tus lectores nuestra victoria”.

UN AÑO DESPUÉS (25 a.C.). La Legio VIIII venció en Vellica, sí. Pero lo hizo sufriendo. Aunque nos habían dicho que los cántabros eran bárbaros, sabían luchar en formación cerrada y la mantuvieron con valentía mientras pudieron. A medida que les acosábamos con nuestras estrategias, tenían una tendencia a la indisciplina que, a la postre, resultó fatal.

El final de la historia: los romanos logran vencer a los fieros cántabros

Minicius lo había explicado una noche, sentados ante el fuego: “Una batalla es una sucesión de enfrentamientos cuerpo a cuerpo muy cortos, poco más de tres minutos porque el cuerpo no aguanta más, seguidos de grandes espacios en los que hay que atemorizar al enemigo como sea: con estratagemas, gritándole, insultándole... Al final llega un momento en que algo falla en la cabeza de los combatientes de un bando y ahí pierden la batalla”. Él mismo lo experimentó en Vellica: un cántabro consiguió darle un tajo con el hacha bipennis y tuvo unos segundos de vacilación en los que se vio licenciado para toda la eternidad. Le salvó Posca que, desde lejos, ensartó al vellicense con su pilum y Minicius recuperó la concentración y finalmente acabó rematándolo.

Escribo estas líneas desde Tarraco, adonde volví con el cortejo de Augusto quien, tras dos nuevas victorias en Peña Ubiña y Aracillum, consideró que ya había guerreado bastante y se retiró. Al Imperator no le gusta la cosa bélica tanto como a César y, además, ha tenido dos percances: una enfermedad y un mal presagio, cuando cayó un rayo sobre uno de los portadores de su litera, que quedó más calcinado que Vellica tras nuestra victoria. Las malas lenguas dicen que Augusto se asustó y delegó la campaña en Antistio. Aunque oficialmente el enemigo cántabro está derrotado, siguen llegando noticias de nuevos reagrupamientos o de guerrillas. El Imperator va a volver a Roma, cerrará las puertas del templo de Jano y declarará su gran victoria. Pero, tras haber estado en primera línea del frente, este corresponsal se va con la sensación de que los cántabros aún no han dicho su última palabra.

 

José Ángel Martos



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superpang  - por dios   |2008-11-03 18:37:59
señores si no m equivoco, en nùmeros romanos no podemos repetir un nùmero
tres veces, no seria VIIII, sino IX, queda mejor. pio pio
anatoli  - VIIII era un número utilizado por los romanos   |2008-11-03 18:59:48
Para Superpang:

Contra lo que nos hicieron creer en la escuela, VIIII era un
número utilizado por los romanos. Y existen abundantes testimonios
arqueológicos de que se usaban indistintamente ambas formas. Estos testimonios
incluyen a la propia Legio Nona, de ahí que lo hayan adoptado (ver la primera
foto).
superpang  - para anatoli,   |2008-11-03 19:05:32
Muchas gracias por la aclaracion, siempre t acostaras sabiendo algo mas, ;), y
de nuevo gracias desde fortunatae insulae. pio pio.
Aníbal Lector  - Vale Martos!   |2008-11-03 21:56:28
Ave embedded Journalistus, estupendo reportaje!
Julencius Portus Montannorum  - Epilogo ?   |2008-11-27 06:51:45
El pobre Augusto lo pasó tan mal (como se apunta en el articulo) que a media
campaña tuvo que retirarse a tomar al aguas en un balneario, a retaguardia, en
los Pirienos. De paso fundó Cesar Augusta/Zaragoza. Cerró las puertas del
templo de la Paz, que llevaban doscientos años abiertas, pero poco le duro la
alegria. Las revueltas en tierras norteñas fueron continuas y miles de varones
camtabros fueron exiliados y vendidos como esclavos por todo el imperio. Hay
evidencias arqueologicas de varios castros repetidamente asaltados, arrasados y
quemados. A la menor oportunidad los superivientes a la ultima razia romana se
"encastraban" y daban batalla hasta ser nuevamente asaltados. Todo fuese
por la Pax Romana y sobre todo (aqui la historia tiene un parecido sorprendente
con la actualidad) por los inmensos yaciminetos de hierro y blenda de la region.
Ya Plino decia que habia una montaña en tierras cantabras "complet...
Alfonso  - Pregunta sobre el "scutum"   |2009-11-05 16:58:33
¿Por qué lleva la laureada?
¿Cual es su historia?
Saludos.