|
|
Ocurre con frecuencia
que alguien nos habla
de un conocido, un familiar,
un antiguo compañero
de colegio que tiene un
nombre curioso: Dolores
Fuertes de Barriga, por
ejemplo, Juan Galí Matías
o Iván Conesa Cara.
Son
coincidencias que dan a nombres
y apellidos curiosos
significados.
Son
coincidencias, divertidas la
mayoría, que dan a nombres
y apellidos curiosos
significados. No deja de
tener gracia que el cirujano
al que acudimos se
llame doctor Sierra,
que el propietario de
la tienda de ultramarinos
la regente el
señor Tendero o que
el responsable del departamento
de rehabilitación
de viviendas del Ayuntamiento
se apellide Casas.
Aunque muchos de estos
nombres son inventados
y las historias ficticias, a
veces la realidad supera la
ficción. Habrá quien recuerde
a aquel portavoz de
la Casa Blanca
que se llamaba
Larry Speaks –Larry habla–, o al director
de cine Bill Condom, que
dirigió una película sobre
conductas sexuales masculinas.
Aquí en nuestro país,
no deja de ser una simpática
coincidencia que uno de
los jefes de bomberos de la
Generalitat de Cataluña se
llame Bienvenido Aguado,
o que haya un catedrático
de Derecho Penal en
Salamanca que se apellide
Berdugo.
Los casos de “predestinados”
–que es como
se denominan– son más
frecuentes de lo que cabría
imaginar, y hay entusiastas
que los coleccionan. Uno
de ellos es el escritor y articulista
Màrius Serra, que
recoge varios casos, todos
rigurosamente ciertos, en
su último libro
Enviar y recibir.
Por ejemplo, hubo un
director general de Iberia
que se llamaba Enrique
Donaire; un presidente
del Colegio de
Veterinarios llamado
Antonio Borregón, un
responsable de la Autoridad
Portuaria de
Gijón apellidado Pesquera
y un directivo
del Metro de Madrid
que respondía al apellido
de Bocanegra. El
caso más sangrante es el
del médico Pedro Mata, a
quien su vecino Bretón de
los Herreros dedicó unos
versos alusivos: “Vive en
esta vecindad un doctor también poeta, que al
extender la receta, pone
Mata, y es verdad”.
Más textos de Jesús Marchamalo en "De palabras"
|