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–¿Entonces no deberíamos pensar en aquellos humanos como hombres de las cavernas?
–No, no eran “cavernícolas”. Hay muy poca evidencia de que viviesen en las cuevas. Pintaban en ellas, pero también lo hacían al aire libre. De hecho, las temían, pues eran guaridas de depre dadores, así que entrar en ellas era un gesto de valor o una forma de hacerse el valiente propia de los adolescentes de todos los tiempos y lugares. Muchas imágenes representan escenas de caza: animales atravesa dos por flechas sangrando por la boca y la nariz, o de cazadores con sus lanzas en situaciones peligrosas. Pero junto a ellas, hay muchas otras de pura observación del comportamiento animal: bisontes y otras especies comiendo, cortejando, copulando, peleando, mudando de piel. Son documentales paleolíticos de su cotidianeidad y de vida salvaje.
–¿O sea, que contemplar a los animales era uno de sus pasatiempos favoritos?
–No había estrellas de cine, ni futbolistas, ni músicos, así que el entretenimiento lo proporcio naban o bien los hombres sometién dose a desafíos físicos gigantescos o bien los animales salvajes que los rodeaban. Algunos eran aterradores, pero los cazadores apreciaban su belleza, y el acto cinegético no se limitaba a atravesarles el corazón con un palo. Había que escoger la vestimenta apropiada y cumplir una serie de rituales después de matarlo en los que participaba todo el mundo.
–¿Qué opinan sus críticos y sus colegas en general de sus teorías?
–Predomina la corriente del arte rupestre como un acto simbólico ejecutado por chamanes con un sentido espiritual. Yo estoy casi solo en el otro bando. Me critican porque he propuesto otra forma de interpre tarlo, pero como no hay pruebas, es una cuestión de elección. Muchos investigadores han pasado años de su vida y de su carre ra académica intentando explicar el arte rupestre desde el enfoque simbólico y obviamente se sienten incó modos de que alguien desmonte toda su contrucción desde la base. Tengo que añadir que mi teoría de que el arte paleolítico es un reflejo de la vida cotidiana no le quita un ápice de su belleza.
–Sus críticos señalan que el hecho de que algunas obras parezcan haber sido desfiguradas a propósito prueba su sentido simbólico.
–Dos cosas: primero, muchas de las marcas que parecen intencio nadas, fueron hechas, en mi opinión, por garras de osos y otros animales que vivían en las cuevas. Por otro lado, la mayoría de las obras no tienen marcas, están intactas. Es cierto que en algunas cuevas abiertas al público, por ejemplo en España, hay pintadas, tanto modernas como antiguas, sobre otras pinturas anteriores. Es decir, en el Pleistoceno la gente también hacía pintadas, pero no creo que lo hiciera un chamán en protesta contra otro, o para deshacer el poder mági co de una pintura. No son graffitis negativos. Creo que las pintadas son actos culturales; hay algunas antisociales, pero no las del arte paleolítico.
–También le critican por ilustrar su libro sobre el arte rupestre con los dibujos hechos por usted, en vez de poner fotografías de las pinturas para que la gente saque sus propias conclusiones.
–Las 3.000 imágenes del libro son cruciales para mi estudio porque permiten mostrar su integri dad unificadora y las dibujé yo mismo basándome en fotografías y en mi propia observación directa de las cuevas. Sé que mis dibujos carecen de la belleza que tienen sus modelos reales, pero en mi libro lo que pretendo es alejar la atención del enfoque artístico para centrarlo en aspectos de la historia natural.
–¿Por qué cree que el arte rupestre ofrece tanta unidad a lo largo de 30.000 años?
–Una de las razones es el factor ambiental. Durante gran parte del Pleistoceno, en la más recien te Edad del Hielo, una estepa ventosa y fría se extendió desde Yukón por el Estrecho de Bering y Siberia hasta penetrar en España, cruzando tres continentes. Muchas especies de animales grandes se adaptaron y ocuparon diversas latitudes de ese nuevo ecosistema, como mamuts lanudos, bisontes, caballos, rinocerontes lanudos, antílopes, renos, leones, osos, lobos y otros, pero los humanos sólo pudieron vivir en el confín sur de la estepa. Ese fue el escenario donde se creó la mayoría del arte paleolítico, y esos animales fueron sus personajes principales a lo largo de esos 30.000 años.
–¿Es difícil datar las pinturas?
–Sí. Usamos Carbono 14, pero muchas pinturas están hechas con carbón y las antorchas dejan restos carbónicos, por lo que hay muchas fechas de radiocarbono acumuladas. Por otro lado, en cada cueva hay muchas edades superpuestas y ocupaciones humanas distintas con miles de años de diferencia.
–¿Cuál es su cueva favorita?
–Depende del punto de vista del que lo analicemos, pero sin duda una de mis preferidas es la de Perle-Merle, en el Valle del Lot, al sur de Francia. Es una cueva popular, abierta al público, una Disneylandia del arte paleolítico. Parece de diseño, no muy grande, con pinturas muy coloristas y rocas de gran belleza.
–¿Qué hace cuando no está inspeccionando una cueva?
–Me dedico a desenterrar y estudiar fósiles de animales paleolíticos, como los mamuts. También tengo muchas historias que contar sobre la evolución humana, pero quiero hacerlo en documentales de televi sión porque la gente ya no lee libros gordos. Ese es mi próximo proyecto.
–¿Cómo le gusta imaginar a los pueblos paleolíticos?
–Veo grupos de niños y adolescentes entrando en las cuevas detrás de algún adulto o solos, llenando la oscuridad con sus risas, jugando con antor chas, bromeando y finalmente poniéndose a dibujar y a llenarse las manos de ocre y saliva para dejarlas impresas en las paredes, como diciendo, “aquí estuvimos”.
La geología hizo de nevera
Dice Dale Guthrie en su libro La Naturaleza del Arte Paleolítico que los gruesos depósitos de caliza formados en el Cretácico, hace 80 millones de años, por toda Europa, crearon un substra to muy rico para la flora y los grandes mamíferos, y ayudaron a la preservación arqueológica. Todo empezó cuando la placa africana se desplazó hacia el norte y se estrelló contra la placa europea, cuya corteza se plegó en una serie de cadenas montañosas irregulares. Al mismo tiempo Norteamérica se alejó de Europa y el océano inundó nuestro continente y fluyó por los valles, creando lagos y fiordos sobre los cuales volaban los pterodáctilos. Hace 30 millones de años, el nivel del mar bajó y los depósitos calizos formados por los orga nismos acuáticos queda ron expuestos. Las aguas subte rráneas formaron una red de grutas cuyas duras paredes de piedra actuaron de capas protectoras. También fue crucial la latitud, que hizo que muchas se cubrieran de hielo, actuando como neveras. El caso de la gruta de Lascaux es peculiar, según Guthrie, porque a finales del Pleistoceno tenía una boca enorme y bajaba en pendiente hacia el interior. La mayoría de las pinturas –estas sí, obra de artistas maduros– se hicieron cerca de la entrada, cuando el sol iluminaba la cámara principal. Pero una avalancha de piedras bloqueó el acceso y permaneció a salvo de la luz y de los cambios de tempe ratura hasta 1940, cuando un árbol caído en una tormenta destapó otra entrada, que fue descubierta por un grupo de escolares
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Ángela Posada-Swafford
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