DALE GUTHRIE PDF Imprimir E-mail

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Para asombro de las generaciones actuales, se han preservado cientos de obras de arte paleo lítico en numerosas cuevas del mundo, con notables ejemplos en España y Francia, pero su alcance y significado no aparecen del todo claros para nosotros. Dale Guthrie, paleobiólogo de la Universidad de Fairbanks, Alaska, y autor del libro The Nature of Paleolithic Art, además de escultor y pintor, explica por qué tene mos una imagen sesgada de los humanos de hace 40.000 a 10.000 años, y quiénes fueron realmente los autores de aquellas pinturas.

–¿Cree que no conocemos bien bien el alcance del arte rupestre?
–Se trata de una de las maravillas del mundo y de uno de los grandes legados de nuestros antepasa dos, con presencia abundante en cuevas, pero también al aire libre, y no sólo en Eurasia –donde está la mayoría–, sino también en África y Australia. El signifi cado de las pinturas es uno de los temas más polémicos de la prehis toria; los expertos aún no tienen una explica ción satisfactoria sobre la increíble unidad del conjunto conserva do. Las técnicas varían, pero su homoge neidad estilística y temática es clara, pese a que abarca 30.000 años y un millón de personas de mil ge neraciones, millones de kilómetros cuadrados y cientos de culturas e idiomas. ¿Se debió a la existen cia de una religión dominante o un rito común? ¿Era un arte con un sentido trascendente o mágico, o describía la coti dianeidad? Ahí está la polémica.

Usted dice que el grueso del arte rupestre no fue obra de chamanes ni grandes artistas, sino que son graffitis dibujados por niños.
–Exacto. Mi teoría, a diferencia de lo que afirma la literatura popular, es que las pinturas paleolíticas no tie nen nada que ver con rituales ni con magia, sino que expresan temas más casuales y mundanos. Las más espectaculares, como las de los magníficos bisontes de Alta mira o Lascaux, que son las que suelen aparecer en los libros caros de arte rupestre, fueron obra de artis tas adultos profesionales, pero son muy pocas en compa ración con los cientos de pinturas rudimentarias que parecen hechas por adolescentes de forma apresurada y que no salen en los libros. Si las mira con calma, verá que sus trazos son similares a los de los boce tos de los escolares, lo que permite deducir que la mayoría del arte paleolítico fue hecho por chavales, cuyos garabatos, al contrario de lo que ocurre hoy, no fueron a parar al cubo de la basura. Hoy, para llegar a dibujar bien hay que ensuciar miles de folios. En aquel tiempo, los aprendices tenían que manchar las paredes con los materiales dispo nibles: trozos de carbón, ocre, manga neso y piedras afila das para tallar sobre los muros de caliza blanda, además de huesos y cuernos de animales. Siempre me ha parecido extraño que los niños y sus juguetes no figuren en los registros arqueológicos, cuando componían el grupo humano más grande.

DALE GUTHRIE–¿Tiene pruebas de que los artistas rupestres fueran jóvenes?
–Las huellas de manos prehistóricas que se conservan pueden dar una pista. Como el tamaño y forma de las manos cambia en función de los años y el sexo, creé una base de datos con las huellas manua les digitalizadas de 700 perso nas actuales de origen europeo y dieta rica en proteínas –como las del Paleolítico–, y a cada mano le asigné su género y edad. Luego registré 200 huellas manuales que habían quedado impresas en las pare des de 20 cuevas del Pleistoceno. Tras cotejarlas con mi base de datos, comprobé que las había masculinas y femeninas de todas las edades, pero la mayoría correspondían a varones de entre 9 y 17 años. ¿Fueron los dueños de esas manos los auto res de las pinturas? Puede ser una casua lidad, pero el pigmento de ocre de los dibujos contiguos es exactamente del mismo tono que el de las manos. A eso hay que añadir el dato de que casi todas las huellas de los pies halladas sobre el suelo de las cuevas corresponden a niños y jóvenes.

–¿Eso explicaría los temas recurrentes de la pintura rupestre: riesgo y sexo?
–¿Cuáles serían las preocupaciones de un quinceañero que en pocos años debería enfrentarse a un gran león o clavar su lanza en el costa do de un bisonte furioso? Todos los adolescentes en la historia de la evolución han sentido la atracción del peligro al vislumbrar una vida emocionante por delante: gloria, orgullo, miedo, fiestas, conquistas femeninas... En aquellos tiempos, el gran entretenimiento sería fanta sear con chicas y cacerías imposibles. También en el Paleolítico había mariposas, bebés, flores, pequeños mamíferos, bata llas, escudos... pero nada de eso aparece en las pinturas. Si estas representan lo que pasa ba por la mente de sus autores, está claro, reflejan las obsesiones juveniles: riesgo y sexo. Las imáge nes masculinas fueron trazadas con líneas rudimentarias, mientras que las mujeres se presentan siempre con énfa sis erótico: desnudas, voluminosas, con pechos y curvas exagera das y los órganos sexuales bien destacados.
 

Las mujeres aparecen representadas con gran énfasis erótico: tienen curvas, pechos grandes y genitales marcados”


–¿Y del arte creado por las mujeres, no ha quedado nada?
–Dada la variedad de medios que tenían a su disposición –tejidos, pieles de anima les, tatuajes, bailes, joyas, ropa, peinados, canciones–, el arte femenino debió ser maravilloso. Por desgracia los mate riales se han desintegrado. De ello podemos deducir que el arte que nos ha llegado ofrece una visión incompleta y sesgada de la vida paleolítica.