¿Se pueden transportar icebergs?

La extensión de hielo oceánico que rodea la Antártida ha alcanzado un nuevo récord, 20 millones de km2, según científicos del Centro Cooperativo de Investigación del Clima y los Ecosistemas Antárticos, en Australia. No obstante, los icebergs no están incluidos en esta categoría. Mientras que las capas que se congelan directamente en el mar contienen gran cantidad de sal, no sucede lo mismo con los grandes bloques helados. Los icebergs se producen por la rotura y separación en partes de una pieza mucho más grande ubicada en tierra firme, como los glaciares, o de otro iceberg más grande. Por eso, el líquido que los constituye no tiene sal y forma parte de las reservas de agua dulce de la Tierra –suponen menos de un 3 % del total–, junto con glaciares, ríos, lagos y corrientes subterráneas.

 

Alrededor del 70 % de este almacén se encuentra retenido en estado sólido y localizado en los polos, según la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) –una agencia estadounidense encargada de vigilar el estado de los océanos y la atmósfera–. Dicho organismo asegura que los nuevos icebergs que se forman cada año en la Antártida contienen suficiente agua dulce para satisfacer las necesidades de la población mundial durante varios meses. Sin embargo, las zonas áridas del planeta, donde la necesidad del preciado líquido es más acuciante, se encuentran demasiado lejos de los polos para que puedan aprovecharse de este.

 

Hay quien piensa que esto no tiene por qué ser un impedimento. Existen varios proyectos de investigación dedicados a desarrollar métodos para transportar los grandes bloques helados hasta las zonas cálidas. No obstante, una de las principales limitaciones es la distancia y sus consecuencias. En efecto, la temperatura de la superficie oceánica aumenta entre 20 °C y 30 °C de los polos al ecuador, por lo que gran parte del hielo se derretiría por el camino. Para que quedara algo del bloque, sus dimensiones tendrían que ser considerables, lo que añadiría otra traba a su desplazamiento. Obstáculos adicionales son las olas, que a menudo superan los cuatro metros, y las corrientes. Estas complicarían el control del iceberg una vez en mar abierto, ralentizarían el viaje y podrían partir en dos el cubito de hielo.

 

Algunas de las soluciones propuestas son colocar los icebergs cerca de fuertes corrientes de agua para que estas los arrastren desde los polos a zonas meridionales; cubrir su superficie para evitar el deshielo; o dividirlos en trozos más pequeños que pudieran transportarse en barco. El proceso es caro, lento y arduo.

 

De todas maneras, aunque complicada, la idea es factible. De hecho el buque Norseman se dedica a remolcar icebergs frente a las costas de Terranova. Su labor consiste en despejar la zona de bloques de hielo para impedir que impacten contra la plataforma petrolífera Hibernia. Un sistema parecido podría usarse para desplazarlos a zonas de sequía.

Etiquetas: curiosidadesnaturaleza

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