¿Qué nos pasa cuando hacemos el pino?

Los cambios fisiológicos que provoca esta postura son peligrosos si la prolongamos demasiado.

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Para los amantes del yoga, una de las mejores posturas es la llamada sirsasana, similar a hacer el pino, pero apoyando la cabeza directamente en el suelo. Un estudio reciente en el que se analizaban con escáneres cerebrales la masa gris de instructores de yoga mostraba que sufren menos cambios degenerativos en el cerebro a medida que envejecen que el resto de la población.

Muchos lo atribuyen a la práctica regular de esta posición y su capacidad de oxigenar nuestro órgano pensante. Además, los practicantes aseguran que colocarse un par de minutos cabeza abajo cada día calma el estrés y mejora la digestión debido a su acción sobre la glándula pituitaria, aunque no hay datos científicos que lo corroboren. 

Lo que sí está demostrado es que, al colocarnos cabeza abajo, el ritmo cardiaco aumenta, posiblemente debido a que se libera noradrenalina, que tiene un efecto vasoconstrictor en los vasos sanguíneos y estimulante en el corazón. Simultáneamente, la activación del sistema nervioso simpático hace que sudemos más. 

La tensión arterial a la altura del cuello asciende, mientras que en la parte posterior de la tibia y el pie desciende drásticamente. Además, muchos de los vasos que irrigan el cerebro se dilatan más de lo habitual, lo que incrementa la afluencia de sangre a ciertas zonas.

No obstante, permanecer demasiado tiempo patas arriba comporta serios riesgos, ya que el aumento de presión arterial puede terminar desembocando en un edema o acumulación de líquido, lo cual conduce a la reducción del riego sanguíneo y, en última instancia, la muerte cerebral. 

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Etiquetas: cuerpo humanocuriosidades

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