¿Podrían existir los gigantes?

Películas recientes como Mi amigo el gigante de Steven Spielberg o Un monstruo viene a verme del español Juan Antonio Bayona han puesto a enormes criaturas en las salas de cine. ¿Podrían existir esos gigantes de los cuentos, un ser humano con las mismas proporciones que los nuestros pero diez o cien veces mayor?

La respuesta es simple: no. Y eso ya lo sabía Galileo; la Naturaleza no puede hacer crecer un árbol ni construir un animal por encima de cierto tamaño conservando las proporciones y empleando los mismos materiales. La única forma de solucionar el problema es cambiar las proporciones relativas porque, según descubrió Arquímedes, si aumentamos de tamaño un sólido cualquiera, su superficie aumentará proporcionalmente al cuadrado de sus dimensiones (largo, ancho y alto) y su volumen, al cubo. Dicho de otro modo, si multiplicamos por dos el tamaño de nuestra vecina, como en la película de dibujos Monstruos contra alienígenas, la superficie total de su piel aumentará cuatro veces y su volumen, ocho.

A este problema unamos otro de no menor calado: moverse por la superficie. A mayor gravedad, mayor sensación de peso. Eso implica que si los seres humanos hubiéramos aparecido en un planeta con 10 veces la gravedad de la Tierra nuestros huesos deberían ser más gruesos si queremos que sostengan el peso del cuerpo. Pero eso juega contra nosotros, porque si los huesos son mayores, su masa será mayor y, por tanto, seremos más pesados. Esto obliga a que nuestro sistema muscular sea verdaderamente potente para poder movernos, lo que implica que tenga más masa.
Estamos ante todo un círculo vicioso: el gigante necesita más masa para mantener su estructura y moverse y eso mismo es lo que impide que lo haga.

Etiquetas: literatura

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