¿Existe relación entre el tamaño del cerebro y la cantidad de grasa corporal?

El tejido cerebral consume mucha energía. Por regla general, si una especie animal desarrolla un cerebro más grande que el de sus ancestros, la demanda creciente de energía se puede satisfacer ya sea consiguiendo nuevas fuentes de alimentos o llegando a un compromiso con otras funciones del organismo. Además, un equipo de investigadores de la Universidad de Zúrich ha descubierto que el potencial de almacenamiento de grasa, por lo general, va de la mano de cerebros relativamente pequeños, salvo excepciones como los seres humanos. De hecho, la capacidad de los humanos para utilizar más energía depende de tres factores clave: el cuidado común de la prole en "guarderías", una dieta de mayor calidad y su capacidad para caminar erguidos.

El cerebro humano es tres veces mayor que el de los grandes simios, por lo que la necesidad de utilizar más energía es para el hombre más acuciante que la de sus parientes más cercanos. Aunque durante mucho tiempo muchos científicos aceptaban la hipótesis de que los hombres primitivos pudieron redirigir energía hacía el cerebro a expensas de tener un tracto digestivo cada vez más pequeño, los autores del nuevo estudio han demostrado que los mamíferos con cerebros relativamente grandes, por lo general, tienen un sistema digestivo igualmente grande. "El conjunto de datos contiene cien especies, desde el ciervo a la musaraña", explica Ana Navarrete, autora principal del estudio y doctoranda en el Instituto y Museo de Antropología de la Universidad de Zurich (Suiza).

El estudio, publicado en Nature, también revela que el almacenamiento de grasa está relacionado con la evolución del tamaño del cerebro. Aunque el tejido adiposo no consuma una gran cantidad de energía, los animales gordos gastan mucha energía en acarrear el exceso de peso. Esto es particularmente cierto cuando el animal corre o trepa. Según los investigadores, esta energía iría en detrimento del potencial de expansión del cerebro. Es decir, que los depósitos adiposos grandes, a menudo, se hacen a expensas de la flexibilidad mental. Los humanos, junto con las ballenas y las focas, constituimos la excepción a esta regla, probablemente porque, como en el caso de la natación, nuestro bipedismo no requiere mucha más energía incluso cuando estamos un poco más rollizos.

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