¿Hay olas gigantes en la península ibérica?

No solo las hay, sino que aquí se dan las más altas del mundo. De hecho, las playas de Nazaré, una localidad del distrito portugués de Leiria, constituyen la meca del surf extremo, pues sus olas superan a las famosas big jaws, de Hawái.

 

En enero de 2013, en esta población situada a 125 km al norte de Lisboa, el estadounidense Garrett McNamara cabalgó sobre un muro de agua de más de 25 metros, un récord mundial aún pendiente de homologación.

 

La fuerza del mar en la costa atlántica peninsular produce mareas importantes y un tremendo oleaje. No hay que olvidar el maremoto de 1755, que arrasó Lisboa y se dejó sentir con gran fuerza en el litoral de Huelva y Cádiz. La capital gaditana se vio azotada por olas de 15 metros que saltaron hasta tres veces las murallas de la ciudad.

 

Pero aparte de los episodios sísmicos, en oceanografía existe un fenómeno que se conoce como olas gigantes, vagabundas u olas monstruo. Son aquellas de más de 15 metros que surgen de forma espontánea o por tormentas y que constituyen una amenaza incluso para los grandes transatlánticos. Pues bien, de esas también hay unas cuantas recordadas en nuestras costas. El 24 de enero de 2009, durante un temporal, la boya Augusto González de Linares, situada a 22 millas al norte de Santander, registró una ola de 26,13 metros, equivalente a un edificio de ocho plantas.

 

En la confluencia del Atlántico con el mar Cantábrico, las fuertes corrientes y los temporales producen enorme oleaje y han causado cientos de naufragios. Por algo se llama la Costa de la Muerte –Costa da Morte, en gallego–. En noviembre de 2012, surfistas de toda Europa se congregaron en esta zona del litoral cantábrico donde recientemente se había descubierto una ola de tamaño y calidad comparables a las jaws hawaianas, las mavericks de California o la teahupoo de Tahití.

 

Etiquetas: Península Ibérica

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