¿Cómo hubieran lanzado fuego los dragones?

En muchas leyendas se asegura que estas criaturas fantásticas poseen un aliento ígneo. Si hubieran existido, ¿podrían haber lanzado llamas sin quemarse?

Una de las peculiaridades más notables de los dragones, al menos tal como suelen describirse en el folclore europeo –en la tradición china, por ejemplo, se trata de seres serpentiformes asociados sobre todo con el agua–, es su capacidad para expeler fuego. La relación de algunas criaturas fantásticas con este elemento parece venir de lejos. Ya en la Epopeya de Gilgamesh, un relato sumerio cuyas copias más antiguas conocidas se remontan al siglo XVIII a. C., se describe a Huwawa el Terrible, un monstruo cubierto de escamas y dotado de un aliento ígneo que causaba pavor a los seres humanos.

En la obra The Encyclopedia of Monsters, el escritor Daniel E. Cohen propone que esta facultad podría haberse inspirado en el modo en que algunas cobras escupen veneno. No en vano, desde antiguo, el imaginario popular conecta e incluso identifica serpientes y dragones. Pero ¿hasta qué punto sería posible algo así? En este mismo sentido, en la naturaleza nos encontramos con animales con extraordinarias facultades. El escarabajo bombardero, por ejemplo, es capaz de lanzar a cierta distancia una mezcla de compuestos químicos a alta temperatura que almacena en el interior de su organismo. Esta resulta letal para muchos otros insectos.

Ahora bien, ¿cómo lograría generar y lanzar fuego un animal sin quemarse a sí mismo? Hemos imaginado el proceso en uno de los parientes más pequeños de los dragones, el guiverno o dragón heráldico. En vez de las características cuatro patas con las que se representa a la mayoría de estas criaturas, estos solo poseerían dos.

1. Los riñones sintetizan una enzima altamente reactiva que vierten al estómago.
2. Los jugos gástricos reaccionan con la enzima y dan lugar a una mezcla ácida, volátil y muy inflamable.
3. El animal regurgita la mezcla y la almacena en bolsas situadas a ambos lados del cuello.
4. El dragón contrae los músculos del cuello, presiona las bolsas y suelta una bocanada de dióxido de carbono por la tráquea. Así, expulsa un chorro de combustible como si fuera un aerosol.
5. Al salir de la boca a presión, el combustible se combina con el oxígeno del aire y se inflama. De este modo el dragón escupe fuego sin abrasarse.


Ilustración: José Antonio Peñas

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