Los misterios de la música

"Como ni el disfrute de la música ni la capacidad para producir notas musicales son facultades que tengan la menor utilidad para el hombre (...) deben catalogarse entre las más misteriosas con las que está dotado". Así expresaba su perplejidad Charles Darwin cuando intentaba dar una explicación evolutiva a las capacidades musicales del ser humano. Pero el don de percibir tonos, timbres, intervalos, melodías, armonías y ritmos e integrarlos en nuestro cerebro se torna aún más enigmático si nos fijamos en los trastornos que lo aquejan. Es lo que hace Oliver Sacks en Musicofilia (Anagrama, 21 euros), una relación de historias relacionadas con afecciones neurológicas a cual más sorprendente. ¿Sabías que hay gente absolutamente sorda para la música -sufren amusia- y otros que son presa de ataques epilépticos al escuchar determinadas melodías? ¿O que una canción pegadiza es suceptible de convertirse en un "gusano mental" capaz de desquiciarnos seriamente? Sacks también recuerda que la terapia musical ayuda a tratar enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson. De la lectura de este libro se deduce que algo tan presente en nuestras vidas sigue siendo un territorio aún sin explorar.

 

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