La representación más antigua de una erupción

Una pintura rupestre hallada en la cueva de Chauvet, en Francia, podría mostrar el estallido de un volcán ocurrido hace 36.000 años.

La cueva de Chauvet-Pont d’Arc, descubierta a finales de 1994 en el sureste de Francia, contiene algunas de las muestras de arte rupestre más importantes del mundo. En sus paredes, las poblaciones humanas que la habitaron durante el periodo Auriñacense, hace más de 30.000 años, representaron leones, osos, caballos, bisontes y otros muchos animales, algunos de ellos ya extintos, como los megaloceros, unos herbívoros parecidos a los modernos ciervos.

Precisamente, unas extrañas marcas situadas tras la testa de uno de estos últimos, similares a los chorros que lanzaría una especie de surtidor, han suscitado todo tipo de interpretaciones. De hecho, aunque este motivo se reproduce varias veces en la cueva, se trata del único yacimiento de estas características donde se ha observado.

Ahora, un equipo de expertos de distintos centros de investigación franceses, coordinados por el geoquímico Sébastien Nomade, de la Universidad Paris-Saclay, ha propuesto que podría tratarse de la primera representación de una erupción volcánica. Para determinarlo, han llevado a cabo un concienzudo estudio de la evolución geológica de la región entre hace 30.000 y 40.000 años. Así, han logrado averiguar que hace unos 36.000 años tuvo lugar un gran estallido en un campo volcánico situado a unos 35 kilómetros de este sistema de cavernas. El análisis por radiocarbono de los pigmentos del megaloceros ha revelado que el trazado presenta una antigüedad similar.

Aunque no es posible confirmarlo, los científicos señalan en la revista PLOS ONE que las marcas recuerdan mucho a las fuentes de lava que se originan durante una erupción estromboliana. Hasta el momento, las representaciones más antiguas conocidas de este tipo de fenómenos se habían encontrado en un mural en el asentamiento neolítico de Çatalhöyük, en Turquía, de unos 8.000 años de antigüedad.

Imagen: Nomade et al. / PLOS ONE

Etiquetas: prehistoriavolcanes

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