Venenos a la carta


Venenos a la carta La palabra veneno proviene del latín venenum, una voz que tiene dos acepciones contradictorias: significa tóxico, pero también remedio o curación. Algo que también ocurre, curiosamente, con la voz griega farmakon, de la que derivan, entre otras, fármaco y farmacia, y que se empleaba para designar el antídoto, la medicina, pero también el tóxico. Y es que la diferencia entre curar y envenenar ha sido siempre sutil. A Paracelso, el célebre médico del siglo XVI, se le atribuye la idea de que "no existen venenos, sino dosis".

Cuando el veneno es de origen animal se llama ponzoña; desde hace siglos se han utilizado sustancias extraídas de la naturaleza para emponzoñar armas o brebajes. En la Roma imperial era tan común su uso que, según escribe Roberto Pelta en El veneno en la historia, muchos patricios tenían un criado, el praegustator, que cataba la comida para comprobar que no estuviera envenenada, a riesgo de su propia vida.

También en la guerra el veneno se ha utilizado como arma desde tiempos remotos. Los cartagineses arrojaban contra el enemigo cestas llenas de serpientes venenosas, y en el Nuevo Mundo los indios lanzaban a los conquistadores flechas impregnadas con curare, uno de los venenos más letales que se conocen. El arte del envenenenamiento alcanzó uno de sus momentos cumbre durante el Renacimiento italiano, cuando los Borgia resolvieron todo tipo de problemas políticos con la cantarella, el temido veneno cuya composición exacta todavía se desconoce.

Entre los personajes históricos que murieron enve nenados se suele citar a Napoleón Bonaparte. La costumbre de la época de regalar mechones de pelo a familiares y colaboradores cercanos permitió encontrar en sus cabellos restos de arsénico.

Recientemente el presidente de Ucrania Víctor Yúshenko denunció haber sido envenenado por los servicios secretos. Su repentino deterioro físico y antecedentes históricos como el de Georgi Harkov, asesinado por agentes del KGB en 1977 mediante un veneno inoculado con un paraguas, dieron credibilidad a la historia.

Jesús Marchamalo

Etiquetas: veneno

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