Un rino de regalo

Un rino de regalo Corría el año 1515 cuando el rey de Portugal, Manuel I, envió como regalo al Papa León X un rinoceronte que pocos días después desaparecía en el mar, frente a las cosas italianas, al naufragar el barco que lo transportaba. El suceso dejó chafado al pontífice, que se quedó sin regalo, y al pintor Alberto Durero, que esperaba ver el animal para retratarlo. Aun así, logró recrearlo en un cono cido grabado siguiendo las indicaciones de un marinero que lo había contemplado en Lisboa. Lo curioso es que, aunque en el grabado se lee rhinocerus, la palabra usual en esa época para nombrar al rinoceronte era abada ?o bada?, término que los portugueses tomaron de un dialecto africa no y que hoy sigue figurando en nuestro Diccionario junto al de monoceronte para referirse a ese gran paquider mo. Al parecer, los europeos tuvieron que esperar más de 65 años para ver un ejemplar vivo: el que lle gó a la corte de Felipe II hacia 1580.

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