Sólo les falta hablar


Sólo les falta hablar Hace unos meses, la revista Science publicaba un reportaje sobre Rico, un collie berlinés de nueve años que, según los expertos alemanes que trabajan con él, es capaz de reconocer 200 palabras, aproximadamente las mismas que un niño de tres años.

En la rueda de prensa donde lo presentaron, Rico tuvo ocasión de demostrar sus conocimientos lingüísticos: los investigadores habían dejado una serie de objetos en una habitación a la que el perro acudía a buscarlos según se los iban pidiendo. Salvo en un par de ocasiones, en que los nervios le traicionaron, el perro fue capaz de identificar los objetos que se le solicitaban de palabra, reconocerlos entre otros y llevarlos a los investigadores.

Preguntada por los periodistas, su dueña se limitó a explicar que el perro había tenido de cachorro un accidente que le obligó a permanecer inmóvil en casa durante una larga temporada, tiempo que fue aprovechado por ella y su marido para distraerle jugando con objetos y palabras. En todo caso, lo que más llamó la atención de los investigadores fue la manera en la que Rico aprendía nuevas palabras; simplemente, le ponían entre objetos que ya conocía uno nuevo que el perro identificaba por exclusión, descartando aquellos que le resultaban familiares.

Hace unos años se conoció un caso parecido, una cría de chimpancé bonobo llamada Kanzi, que era capaz de entender 125 palabras y, lo que resultaba más llamativo, a ordenarlas de una manera lógica según se le pedía. Así, ayudada por unas tarjetas, podía articular frases sencillas: el perro muerde a la serpiente, o echo agua en la leche.

Lo que parece indiscutible en ambos casos es que se trata de animales excepcionales. Los mismos investigadores que trabajaban con el chimpancé Kanzi fueron incapaces de enseñar a su madre una sola palabra. Tampoco los entrenadores de Rico han tenido más suerte con otros canes. Una de ellas, Juliane Kaminski, confesó que había estado trabajando con su perro durante el mes de vacaciones sin conseguir que reconociera más de uno o dos objetos por su nombre, que olvidaba casi de inmediato.

Jesús Marchamalo

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