Sólo agua



Sólo aguaEs el líquido más universal y también el más raro. Recubre más de dos tercios del planeta, pero sólo una mínima partees potable. A veces cae benéfica del cielo y otras veces destruye. Lo cuenta Philip Ball en su Biografía del agua.


Pocas cosas me danuna felicidad tan intensacomo el sonidode la lluvia despertándomea medias en mitadde la noche, filtrándoseen mi sueño igual que lalluvia misma en la tierra.Es una felicidad asociadaa la infancia, y al mundorural en el que crecí,en el cual la lluvia teníasiempre algo de prodigiobienhechor, tan deseadocomo impredecible, y enel que no había tesoromás valioso que el agua.El agua, tan común, eratambién un misterio,tan fértil parala imaginación infantilcomo para lamentalidad todavíamitológica de uncampesino de hacemedio siglo. La vidaentera dependía deella y, sin embargo,no podía sabersecuándo aparecería.Bajaba a caprichodel cielo, unas vecesmansa y benéfica yotras repentina ydestructora, perotambién brotaba dela tierra, de la rocaviva de los manantiales,transparentey helada. Los mayoresdecían quehabía nacido allí, en sumadriguera del interior dela tierra, como un animal,como esa serpiente onduladay brillante a la que separecía cuando avanzabamuy rápido por una acequia.El agua nos salvabade morir y podía tambiénahogarnos. Aparecía porlas mañanas en forma derocío sobre las anchas ho jas de las plantas sin quehubiera llovido y rezumabafresca del barro de loscántaros.

La sequía de este inviernoúltimo me haceacordarme de la añoranzapermanente delagua que yo advertía enmis mayores cuando erapequeño. Quien abre ungrifo y tiene siempre a sudisposición un chorro deagua limpia y saludablepiensa en ella tan pococomo en el aire que lellena regularmente lospulmones, como en elcorazón que lleva latiéndolefielmente desde queestaba en el vientre desu madre. Pero esta disponibilidadilimitada yprácticamente gratuitadel agua es un privilegiomuy reciente, y tambiénmuy restringido, porqueuna parte inmensa de lahumanidad no tiene accesoa él, y porque puedeno durarnos siempre,igual que lo venimos disfrutandodesde hace pocomás de una generación.

El agua es lo más universal,y también lomás raro. Más de las dosterceras partes del planetaestán cubiertas de agua,pero de esa cantidad sólouna centésima parte deluno por ciento puede serbebida. Y sin embargo,cada persona en Los Ángelesconsume una mediade cuatrocientos litros deagua potable al día, y elochenta por ciento de laque se gasta en Europa esdespilfarrada o se pierdeen conducciones defectuosas.Lo cuenta Philip Ballen un libro extraordinarioque se ha traducido hacepoco al español, H2O,una biografía del agua .Si la literatura sirve pararevelarnos lo que hay deexcepcional y misteriosoen lo más cotidiano, pocosejercicios de literaturamás estimulantes hancaído en mis manos en losúltimos tiempos. Por culpade Philip Ball, el vasode agua que lleno distraídamenteen el grifo antesde sentarme a escribir seha convertido en un objetomás rico de significadosque el Santo Grial delas leyendas artúricas: talvez esa agua estaba en elNilo hace cinco mil años,tal vez fue bebida por unode los primeros simios quecaminaron erguidos, talvez estuvo congelada enun cometa en la periferiadel Sistema Solar, tal vezha sido una parte mínimadel océano Pacífico, o delos bancos de niebla quepintaba Turner en el estuariodel Támesis. Si envez de beberla la pongo acalentar se transformaráen vapor y se perderá en laatmósfera. Si la guardo enel congelador se convertirárápidamente en un objetotan duro como una piedra,pero se expandirá en vezde contraerse, y se volverámenos densa al hacerse sólida,a diferencia de cualquierotro líquido, razónpor la cual los icebergs flotanen el mar y los cubitosen el corto vaso de whiskyque algunas noches me sirvoal terminar de escribir.

Lo que Philip Ball haescrito es el poemaépico y la enciclopedia delagua, embarcándonosen un viaje quenos lleva de ese vasoque bebemos sinreparar en él a losprimeros segundosdel Big Bang, desdelas leyendas primitivassobre el origendel mundo y el DiluvioUniversal hastalas exploracionesmás recientes delas lunas de Júpiter,desde el agua ligeramentesalada delinterior de nuestrascélulas a la circulaciónde las poderosascorrientes marinasque abarcan elplaneta entero. Alfinal del viaje, comotantas veces en la vida y enla literatura, uno cierra ellibro y regresa al principio:a la maravilla de un sorbode agua fresca, al aguaque recibe en sus manosahuecadas y se lleva a lacara poco después del despertar,igual que cuando semojaba sus manos de niñocon el chorro de agua deuna alberca.

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