Rarezas del mundo



Por ejemplo, leyendo su libro nos enteramos de que la palabra más universal del mundo, hola, se dice de muy diversas maneras: aa, en la lengua diola de Senegal; bok en croata, daw-daw en junlandés; rozhbash en kurdo; samba en lega (Congo), o i ay en el idioma huaorani de Ecuador. Hay lugares como las islas Gilbert, en el Pacífico, donde se saluda rozando levemente la nariz con el recién llegado, lo que recibe el nombre de arou piri, y otros como Japón donde la tradicional reverencia recibe distintos nombres, dependiendo de la inclinación exacta: eshaku -ligera-; heirei, completa, de unos 45 grados; saikeirei, la más profunda y respetuosa.

También son curiosas las 29 maneras que existen en albanés para definir el bigote: desde madh, el formato tupido, hasta holl, bigotito fino, pasando por kakadre, rizado hacia arriba, fshes, mostacho largo acabado en cepillo, o la clásica pelusilla de adolescente que en ese idioma se llama dirs ur.

Aunque puestos a incluir matices merece la pena hablar del verbo indonesio mencolek, que significa rozar a alguien con el dedo con intención de provocarlo, o el checo presezen, que se traduce como entumecerse por permanecer demasiado tiempo en la misma postura. En hawaiano honuhonu quiere decir nadar únicamente con las manos, mientras que tallabe, en la lengua zarma de Nigeria, significa llevar fardos en la cabeza sin sujetarlos.

Lo más triste es que hay idiomas que pierden constantemente palabras. Los masais no vuelven a pronunciar los nombres de las personas que mueren, lo que plantea un serio problema porque muchos de ellos son términos de la vida cotidiana que de una generación a otra desaparecen sin dejar rastro.

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