Qwerty y Dvorak

Esta secuencia dio nombre al teclado que desarrolló y patentó Christopher Sholes en 1868 y que vendió a la Remington, una de las primeras marcas de máquinas de escribir, que lo adoptó en sus modelos. Dicha disposición de las letras no respondía ni mucho menos al capricho del señor Sholes, sino que pretendía separar físicamente aquellas más usadas en inglés, de modo que las pulsaciones se repartieran de forma alternada entre ambas manos. Eso evitaba que los macillos de las máquinas se atascaran, lo que ocurría cuando se pulsaban consecutivamente dos o más letras vecinas.
En 1936, August Dvorak presentó un teclado simplificado que permitía escribir, según él, con más rapidez y comodidad. El teclado Dvorak colocaba las letras más utilizadas en la fila central, y las menos en la inferior. En 1944, la Marina estadounidense realizó un estudio que demostró que ese teclado mostraba ventajas sobre el QWERTY y que su uso permitía una mayor velocidad mecanogáfica, pero hubo un dato que empañó la credibilidad del estudio, y es que el teniente de navío que había supervisado el informe final había sido el propio August Dvorak.
Otro estudio posterior, realizado en el año 1956, concluyó que ambos teclados podían resultar igualmente rápidos y sus respectivos diseños no planteaban diferencias significativas en mecanógrafos entrenados. De modo que ni fabricantes ni usuarios se animaron a cambiarlo.
El teclado QWERTY, que se utiliza de forma casi universal en todo el mundo, cuenta, sin embargo, con algunas peculiaridades. Por ejemplo, en Alemania, la Z y la Y están cambiadas, de modo que el teclado es QWERTZ. En francés, los cambios afectan a la A y la Q, y la Z y la W, de modo que su teclado es AZERTY.
En el teclado español la curiosidad es la Ñ, que se encuentra situada en el centro a la derecha, al lado de la L, mientras que ese lugar en Portugal está reservado para laÇ.

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