Las "guapas" del idioma

Las El Diccionario contiene palabras bonitas y palabras feas. Es cuestión de gustos, como todo, pero convendremos que titilar o libélula suenan mejor que escrófula, por ejemplo, que quiere decir tumefacción fría de los ganglios linfáticos; o regatón, pieza metálica que se coloca en los bastones para darles mayor firmeza.

Parecerá baladí, pero la belleza de las palabras ha sido frecuente motivo de discusión entre escritores. El académico Fernan do Lázaro Carreter llegó incluso a establecer una clasificación según distintos criterios. Decía que algunas palabras son bonitas por su sonido, como gorjeo, azahar o crepúsculo; otras por su significado: ternura, aurora; y otras por ambas cosas, como templanza, manantial o nenúfar.

Para Sartre, la palabra imprescindible era nuevo; hombre para Camus, y libertad para Paul Eluard. García Márquez ha defendido mucho con duerma, que significa modorra, sueño pesado; Octavio Paz, nube; Borges, cristal y ámbar, y Valle-Inclán dijo que le parecía divertida la palabra cursi. A Unamuno le resultaba detestable mocoso; y a Baroja propugnar. Gerardo Diego aborrecía la palabra cretino, Ortega, cosa y Dámaso Alonso, bastardo.

Eulalio Ferrer cuenta en su libro El lenguaje de la publi cidad que hace unos años el diario El Mercurio de Chile realizó cien entre vistas a escritores iberoamericanos en busca de las diez palabras más bellas en español. La lista definitiva contenía las siguientes, por este orden: amor, libertad, madre, alegría, dios, libélula, esperanza, sándalo, fulgor y mar.

Y dentro de este universo de amores y desamores, encontré hace poco una página en internet (www.perso.wanadoo.fr/pabloneruda/ neruda_palabras) que permite sumergirse en el libro Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda, según la frecuencia en que aparecen los vocablos. Así, del total de 1.186 palabras que componen el poemario, alma es la que figura más veces (26), seguida de ojos (23), noche (21), viento (21) y hora (13). Y al final de la lista aparecen abeja (3); estrellada (2), e inútilmente (1).

Jesús Marchamalo

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