La frase final

La frase finalParece que Pío Baroja, en el lecho de muerte, preguntó por una familiar que le acompañaba en ese difícil trance, y a la que había echado en falta de repente. Alguien le comentó que había tenido que irse al dentista, a lo que don Pío, en un susurro, respondió, "pues va aviada", y resultó que ésas fueron sus últimas palabras, ya que poco después expiró.

Ocurre que de los grandes hombres se espera siempre un final sentencioso, alguna frase brillante y reveladora que no siempre está a la altura de la posteridad. Así, parece que las últimas palabras de George Washington fueron "me voy contento", que no están mal, mientras que a Fernando VII se le atribuye un melancólico "tengo sueño".

En todo caso, suelen ser los escritores los que, dada su familiaridad con el lenguaje, eligen las mejores frases. Las últimas palabras de Chéjov fueron: "¡Hacía tanto tiempo que no bebía champaña!". Se refería a la copa que acababan de servirle, y en la que mojó los labios poco antes de morir. Balzac murió gritando "¿dónde está Brianchot? Brianchot me salvará", refiriéndose al médico de una de sus comedias. Y tampoco están mal las de Larra que, segundos antes de descerrajarse el fatal disparo en la cabeza, preguntó a su amada, que bajaba corriendo por las escaleras: "¿Adiós para siempre?". Valle-Inclán, poco paciente, dijo, por lo visto, aquello de "me muero, pero hay que ver lo que dura"; y Goethe pronunció un enigmático "veo luz negra".

Entre las despedidas más elegantes, la del poeta francés Paul Valéry: "La vida, qué bobada", que debía llevar preparada. También fue curiosa la del escritor italiano Gabrielle D?Annunzio, "me aburro". Y entre las premoni toras, las palabras de la poetisa argentina Alfonsina Storni, quien dejó un papel escrito con la escueta frase "me arrojo al mar", antes de cumplirla a rajatabla.

Y en este listado de epílogos no podemos olvidar a Camilo José Cela y su entusiasta "¡Viva Iria Flavia!", aunque seguramente uno de los más brillantes sea el pronunciado por el escritor Pedro Muñoz Seca, de quien se cuenta que, de pie ante el pelotón que lo iba a fusilar, dijo: "Me habéis quitado la fortuna, la dicha, me vais a quitar la vida. ¿Pero sabéis qué es lo que no podréis arrebatarme jamás?...". Y ahí mantuvo unos segundos de suspense antes de rematar: "...el miedo".

¿Fue George Washington el primer presidente de los EE UU?

 

 

Etiquetas: anécdotashistoria

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