La belleza, un factor de discriminación invisible

Solemos hablar de discriminación en el trabajo por múltiples motivos pero muy pocas veces se señala que el aspecto también lo es.

En aquellas profesiones donde es esencial la belleza se ve claramente la diferencia entre hombres y mujeres. Así, en Hollywood una mujer madura tiende a ser menos contratada. El caso de la película Los puentes de Madison es paradigmático. 

Los productores pusieron muchísimos reparos para que Merryl Streep interpretase a una mujer que tenía su edad: querían a alguien más joven. Por el contrario, no dijeron nada sobre Clint Eastwood, que interpretaba a un hombre 20 años más joven que él. Por el contrario, en el mundo de la moda las top models ganan por lo menos un 10% más que ellos, y en caso de no ser celebridades, ganan dos veces más que los modelos masculinos.

Solemos hablar de racismo o discriminación en el trabajo por múltiples motivos pero muy pocas veces se señala que el aspecto también lo es. De forma sistemática, los hombres atractivos consiguen antes un puesto de trabajo con un salario alto y los promocionan antes que los que no lo son. Para las mujeres esto también sucede, pero no siempre es verdad. En un estudio llevado a cabo por la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia se encontró que el atractivo en la mujer jugaba en su contra cuando optaba a puestos que no eran de dirección, un efecto que ha sido confirmado por estudios posteriores.

Los autores del artículo tristemente concluían que si una mujer quería progresar en su carrera debía parecer poco atractiva y tan masculina como fuera posible. Ya ven las diferencias. Un hombre atractivo implica que es masculino y, por tanto, independiente y resolutivo; por el contrario, una mujer bella es vista como sumisa e incapaz de ser resolutiva. 

Imagen: Pixabay

Etiquetas: culturatrabajo

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