Jostein Gaarder: "Me gustaría vivir eternamente"

Sus brazos expresan tanto como su voz. Se abren y se cierran, se alzan y se posan cuando las palabras Misterio, Universo, Milagro, Vida o Muerte salpican la conversación. Jostein Gaarder parece emprender un vuelo imposible. "Estoy muy cansado", comenta este autor que pronto cumplirá 47 años y que hasta 1991 era un desconocido en los ambientes literarios. El mundo de Sofía, obra publicada ese mismo año, lo convirtió en un escritor reconocido internacionalmente. Desde entonces, su vida nunca volvió a ser la misma. Maya, su novela más reciente, profundiza en el juego, la probabilidad, el amor y la naturaleza. Con esta obra, el escritor nos invita a un peculiar psicoanálisis cuyas preguntas se remontan al periodo devónico, cuando el hombre era un bello anfibio.

-En su libro El mundo de Sofía, Albert, uno de los protagonistas, pregunta a Sofía: "¿quién eres?". Pero ¿quién es Jostein Gaarder?
-Ésta es una pregunta sobre la identidad. Mi identidad es lo que soy, así que responderla es fácil: soy de Noruega; tengo esposa y un hijo; soy europeo; un miembro de la humanidad. Y, cada día más, sé que soy parte del universo, que tengo una identidad universal. A medida que pasan los años, comienzo a contemplar la vida desde un ángulo mayor. Los pequeños detalles que antes me obsesionaban, ya no lo hacen. Sin embargo, me preocupa la idea de que soy parte de este milagro por un corto periodo de tiempo. Mis células se crearon hace más de 2.000 millones de años. Sin embargo, necesitan un segundo para morir. Esto me resulta paradójico. Soy consciente del pasado de mis células, pero no tengo futuro. Hace sólo unos meses celebré el inicio del año 2000 y me sentí como si yo fuera la última pieza del dominó.

-Otra de las preguntas que Albert hace a Sofía es: "¿de dónde vienes?". ¿Podría explicar de dónde viene usted y a dónde va?
-Vengo de los suburbios. Recuerdo la casa de mi abuela. Era muy sencilla. Pero también vengo de las salamandras y los anfibios. Vengo de la Vía Láctea. Mi dirección: Jostein Gaarder/ Oslo/ Noruega/ Europa/ Planeta Tierra/ Sistema Solar/ La Vía Láctea/ La más Grande Realidad/. Y también al revés: la Gran Realidad/ La Vía Láctea... De ahí vengo y hacia ahí voy.

-Al comienzo de Maya, su obra más reciente, hace referencia a la brevedad del tiempo. ¿Por qué le inquieta tanto?¿No piensa usted que nuestra existencia es muy corta?
-Muchos opinan que no. En Maya se discute este tema. Al comienzo, uno de los protagonistas dice a otro: "Si te dijeran que encendiendo este mechero vivirías eternamente, ¿lo encenderías?". Y el otro le responde: "Lo encendería sin dudarlo". Yo tampoco lo dudaría ni un instante. Ni me arrepentiría en un millón de años. Muchos lectores comentan que los personajes de mis libros siempre celebran la vida. Es cierto. Pero he de señalar que uno no se da cuenta de lo fantástica que es si no se sabe, al mismo tiempo, que un día se acabará. ¿Se ha dado usted cuenta de lo mucho que se habla de la vida en los funerales?

-¿Cómo puede usted estar tan seguro de que no se arrepentiría al elegir ser inmortal?
-La vida y la muerte son las dos caras de una moneda. Pero mi elección sería clara. No dudaría.

-Si encendiera ese mechero, quizá usted se quedaría con un único lado de la moneda.
-Quizá fuera peligroso. Ahora conozco los dos lados de la moneda, pero elegiría uno, sin dudarlo. No tengo suficiente con una vida. Cuando tenía quince años, ya pensaba lo mismo. Es una idea que ha sido parte de mi orientación.

-¿Cómo es su relación con la muerte?
-Contemplo la muerte como el final de la vida. Epicuro decía que no tenemos que preocuparnos de la muerte, porque cuando la muerte existe, nosotros no existimos.

-La naturaleza y la evolución del hombre son protagonistas en Maya. ¿Es la Vida sinónimo de Inteligencia?
-Lo que hace al ser humano especial es que tiene conciencia del universo entero. Éste ha necesitado miles de millones de años para crear la conciencia de sí mismo. Esta habilidad del universo, para mí, no es una coincidencia. La gente habla de agujeros negros, de estrellas enanas, de la biosfera, de las lunas de Marte... La conciencia es una parte del universo cósmico, pero pocos hablan de ella. Pienso que deberíamos otorgarle un espacio importante en nuestra vida y en nuestros estudios. Con respecto a su pregunta, he de decirle que la Vida es sinónimo de Inteligencia, aunque no necesariamente.

-¿Y la muerte?
-Es el sinónimo del final de la inteligencia.

-¿Qué es, escritor o filósofo?
-Si tuviera que elegir, diría que escritor. Cuando era profesor ya escribía. Luego publiqué El mundo de Sofía y fui al mismo tiempo una cosa y otra. El enigma del espejo o Hay alguien ahí también fueron libros filosóficos. Mi aproximación a la vida ha sido esa desde los cinco años. Ahora, espero ser más escritor.

-¿Qué le ocurrió a los cinco años?
-Era un niño solitario. Tenía dolores de cabeza. Recuerdo que contemplaba a los otros niños jugar. Era muy reflexivo. Pero a los diez años ya era un chiquillo normal. Aunque no me gustaba el fútbol.

-¿Por qué escribe usted?
-Cuando escribes un libro tienes un mensaje que contar. Para mí la literatura es en sí misma un mensaje. En El mundo de Sofía, quería compartir los grandes valores con los lectores. En Maya, he querido compartir algunas experiencias concernientes a la naturaleza. No soy un misionero, pero siento la necesidad de decir que la humanidad debe cuidar su entorno. En Maya he dicho esto a través de un Manifiesto u obligaciones.

-Las frases de ese Manifiesto están escritas en el envés de unos naipes y todas ellas hacen referencia al origen del hombre, de la vida y a la evolución. ¿Por qué están tan presentes en su libro la paleontología, la filosofía y la naturaleza?
-Hasta Maya nunca había escrito sobre la naturaleza. Y he de confesarle que ya no leo libros de filosofía. Sólo leo ciencias naturales porque cada día me interesan más. Tampoco leo muchos libros de ficción. Sé que esto no es ser muy responsable, pero ahora tengo gran interés en estudiar qué es la conciencia desde el punto de vista de la neurología, por ejemplo.

-¿Escribe sobre estos temas porque se siente responsable ante los lectores?
-Siento responsabilidad ante la naturaleza y sé que debemos asumir, políticamente, ciertas obligaciones.

-El destino, el juego de cartas, las coincidencias, la probabilidad... Todos estos conceptos se hallan presentes en sus libros. ¿Piensa que todo está preparado y que el destino ordena y manda?
-No creo en la predestinación. No creo tampoco en otra vida después de la muerte. Lo único que sí ansío es vivir para siempre. De ese deseo, sí estoy seguro.

-¿Cree usted en Dios?
-Tengo mi propio credo. Pienso que el mundo y el universo no son una coincidencia. Hay una intención. No creo en una confesión o una revelación. Para mí el propio mundo es la revelación.

-La genética, la astronomía o la ingeniería genética aparecen reflejadas sutilmente en Maya. ¿Piensa que los avances científicos crearán nuevas creencias en el futuro?
-Al igual que Internet, van a afectar a la orientación de los seres humanos. Una de mis grandes preguntas es: ¿cómo lo hará? Hoy, descolgando el teléfono, accedo a todo el conocimiento humano. La biología molecular o la ingeniería genética van a cambiar nuestro pequeño mundo. El cambio mental del hombre será más lento.

-¿Qué siente cuando escribe? ¿Placer, angustia, estrés, dolor...?
-Antes de escribir enciendo la radio, pongo el lavavajillas... pero, finalmente, la escritura se impone. Y tengo que escribir. Hace unos años escribía con más placer que ahora, quizá porque me estoy haciendo viejo. Antes, amaba el acto de escribir. Pero tras los libros que he publicado, siento que ya he contado mucho. Siempre me he sentido como parte del Gran Misterio. No sé si Maya será mi último libro, pero si hay otro después, será completamente distinto.

-Quizá el éxito ha tenido algo que ver...
-Mis libros han despertado expectación por todo el mundo. Esto ha afectado al lado práctico de mi vida, pero a mí no me ha cambiado. He de confesar que el éxito ha perturbado mi proceso creativo. Se han hecho películas de mis libros y se han publicado CDs. Esto ha provocado nuevas señales eléctricas en mi mente, distorsiones entre el mundo, la vida y yo. Es como un bloqueo. Aunque muchos autores escriben para sobrevivir, yo no lo necesito. No escribo por dinero, pero sé que para hacerlo uno no debe ser perturbado. Debe concentrarse en su labor.

-En El mundo de Sofía o en Maya siempre se entrecruzan realidad imaginada y realidad vivida. ¿Por qué le interesa tanto el juego entre la realidad y la imaginación?
-Estoy fascinado con la imaginación del ser humano y con su fantasía. Si usted me cuenta un sueño, me narra la historia del sueño y me dice algo sobre usted. Amo la imaginación, me cautiva. Pero odio la literatura fantástica.

-En la última parte de su obra El misterio del solitario, el psicoanálisis está muy presente. ¿Ocupa una parte esencial en sus obras?
-Sí. He leído a Freud. De hecho, mi libro titulado El castillo de las ranas es muy freudiano.

-¿Cuál es su concepción del tiempo y del espacio?
-Estoy muy influenciado por lo que he leído de Kant, Einstein, la teoría del Big Bang... Pienso que el mundo es como lo vemos. Una mosca lo ve de otra manera, pero yo lo veo como ser humano y ése es mi tiempo y mi espacio. El tiempo para mí es la realidad.

-El amor, entendido por algunos de los personajes de Maya como una bebida de eternidad, es parte fundamental de la novela. ¿Se acaba esta bebida en nuestro mundo?
-Sí. La fuente del amor se agota. Hoy es más difícil para la gente amar a otras personas y tener una vida amorosa. En la sociedad moderna, las condiciones para el amor no son fáciles. Amor es sentir una completa devoción y dedicación hacia otra persona. Hacer el amor es una frase preciosa porque dice que el amor es algo que nosotros hacemos. Algo que creamos.

-¿Qué es lo que más ama y odia?
-Lo que más amo es a mi esposa; lo que más odio, la avaricia. Es difícil responder a esta pregunta.

-¿Se halla usted en las redes de la avaricia?
-El 20 por 100 del mundo es el dueño del 80 por 100 restante. Y esto va a continuar y se va a afianzar. Con la globalización, la diferencia entre ricos y pobres aumentará y necesitamos nuevas orientaciones.

-¿Cuál es el antídoto para detener esta deshumanización?
-Veo la necesidad de cambiar muchas cosas en el mundo, sobre todo el control de nosotros mismos y nuestras conciencias. Somos descendientes de seres que han luchado entre sí, pero debemos aprender a controlar nuestro egoísmo. Hay que cambiar muchas instituciones, pero ¿cómo? En Praga, pronto nos reuniremos escritores, místicos, muchos premios Nobel... Se va a hablar bastante sobre cosas diversas, quizá demasiado. Pero las soluciones pasan necesariamente por una mayor conciencia. Por mi parte, he gastado mucho dinero en la creación de fundaciones. También he creado un premio ecológico. Espero que pueda ayudar un poco.


Juana Vera

 

Esta entrevista fue publicada en septiembre de 2000, en el número 232 de MUY Interesante.

Etiquetas: libros

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