¿Y usted de dónde es?

¿Y usted de dónde es?Gentilicio es el adjetivo que sirve para designar la procedencia geográfica de una persona, o su nacionalidad: así, uno puede ser sevillano, ruso o finlandés. Normalmente se construyen añadiendo un sufijo a la ciudad o país de origen, siendo los más comunes -no (cubano); -es (libanés); -eño (brasileño) o -ense (costarricense), aunque se utilizan muchos otros: saudí, búlgaro, chipriota, guatemalteco, moldavo, kosovar?, hasta cerca de cincuenta sufijos diferentes, según algunos expertos.

Además, hay gentilicios que podemos llamar raros. Por ejemplo, los nacidos en Elche son ilicitanos; bilbilitanos los de Calatayud; mirobrigenses los habitantes de Ciudad Rodrigo y consaburenses los de Consuegra. A los vecinos de Lérida se les denomina ilerdenses; a los de Puente Viesgo, en Cantabria, torranceses, y a los de Los Baños, en Cádiz, barreños.

Hay también localidades que tienen varios: salmantino, salamanquino o salamanqués (salamanquesa en femenino) es como puede llamarse a los nacidos en Salamanca, mientras que hay lugares que, llamándose igual, tienen distintos nombres. Por ejemplo, santiagueño, santiaguino, santiagués o santiaguero son los gentilicios que se aplican, respectivamente, a los nacidos en Santiago de Estero (Argentina), Santiago de Chile, Santiago de Puebla (Salamanca) y Santiago de Cuba, mientras que a los vecinos de Santiago de Compostela se les llama compostelanos. Lo mismo ocurre con Cuenca (España), cuyos habitantes son conquenses, y Cuenca (Ecuador), donde se llaman cuencanos.

Sorprende igualmente el caso de los nacidos en Persia, que pueden ser persas o persianos (persianas en femenino); el de los daneses, a quienes podemos también referirnos como dinamarqueses; o nuestros paisanos de Portugal, que son portugueses pero también portugaleses.

Y terminamos con Azerbaiyán, una de las ex repúblicas soviéticas, cuyos habitantes siempre habían sido azerbaiyanos. Pues bien, en los primeros noventa, a raíz de los conflictos con la población armenia, se empezó a hablar de azeríes. Voz que se popularizó de inmediato antes de que los lingüistas aclararan que el azerí es, en realidad, su lengua.

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