Fábula de la mala hierba, la mosca y el ratón


Fábula de la mala hierba, la mosca y el ratónPara combatir la destructiva planta knapweed, los biólogos introdujeron en las praderas americanas de Montana a su gran enemiga: la mosca agalla europea. No contaban con que, a su vez, un ratón acabaría devorando el remedio.

La realidad, a diferencia de la mayor parte de las películas, de las novelas de misterio y de los discursos políticos, es absurdamente impredecible. Contra lo que la gente piensa, la realidad es mucho más rica que la fantasía, y se permite libertades y desenlaces a los que nunca se atrevería la ficción. Luis Buñuel cuenta en sus memorias que un amigo suyo y él inventaron a finales de los años veinte un cuadro esquemático -una especie de programa artesanal de computadora- que les permitía averiguar el desenlace de una película cualquiera a los pocos minutos de haber comenzado, incluso antes de empezar a verla. Alguien, incrédulo, los desafió a descubrir el final de una película que a su juicio tenía una trama perfecta, a cada minuto llena de sorpresas. -¿Cómo empieza?, lo desafió Buñuel. -Sale Marlene Dietritch, fumando? -No me digas más: al final la fusilan por espía.

Y resultó que era verdad: al final de aquella película el personaje fumador y cínico interpretado por la actriz Marlene Dietritch acababa delante de un pelotón de fusilamiento. Los profesionales de la imaginación resulta que casi nunca son demasiado imaginativos, así que las grandes sorpresas nos las da siempre la historia que nos cuenta un amigo o una noticia que encontramos en el periódico.

La que voy a referir a continuación la he descubierto en el suplemento semanal de ciencia del New York Times, y arranca a principios de los años setenta. En esa época, el movimiento ecologista había revelado y a las consecuencias destructivas para el medio ambiente de los plaguicidas más eficaces, sobre todo el DDT. Se inventó entonces, con ingenio admirable, el principio del control biológico: contra una especie invasora, se introducía otra que había competido con ella y controlado su crecimiento en el territorio original. Una mala hierba incontrolable, áspera y pinchuda, procedente de Europa, que en inglés se llama knapweed, había invadido y devorado espacios inmensos en las praderas de Montana, aniquilando las especies locales. Para combatirla, los biólogos introdujeron una mosca también europea, la mosca agalla, el enemigo nativo de la knapweed, libre del cual a este lado del océano la hierba se había multiplicado tan desaforadamente. La mosca agalla pone sus huevos justo en la flor de la knapweed, y las larvas se alimentan de sus semillas, dejándola estéril.

Pero hay un tercer personaje inesperado en esta trama, que trastorna por completo su desenlace; se trata de una figura en apariencia tan poco relevante como la mala hierba y la mosca agalla: el ratón ciervo (Peromyscus maniculatus), un roedor que encuentra su alimento preferido precisamente en las larvas tiernas de la mosca agalla. Hasta que los biólogos la introdujeron en América, con la esperanza de controlar por medios naturales la plaga de mala hierba, el ratón cierv o sufría una enorme mortandad alquedarse sin alimento con la llegada del invierno. Las praderas quedaban cubiertas por la nieve durante varios meses y los ratones se morían de hambre, lo cual era un alivio para los granjeros y también una garantía de salud, porque resulta que esos ratones transportan en su orina y en sus heces un virus altamente infeccioso para los seres humanos. Pero ahora los ratones han encontrado una reserva de alimento fresco y sabroso que les permite sobrevivir al invierno y seguir procreando sin tregua: suben por los tallos recios de la knapweed, que la nieve no cubre, y alcanzan la flor podrida en la que se albergan las larvas de la mosca agalla, y comen tan vorazmente que los biólogos, espantados, calculan que pueden devorar hasta 1.200 larvas por noche cada uno; cada ratón gordo y glotón disfrutando de una fuente golosa de proteínas en una llanura helada en la que no hay ningún otro alimento.

Las fábulas de anima les que nos leían en la escuela solían tener finales predecibles y moralejas evidentes, a diferencia de las fábulas insospechadas del mundo natural. Yo no creo que la moraleja de esta fábula de la mala hierba, la mosca y el ratón sea inevitablemente que los seres humanos no deben interferir con los procesos naturales, o que la tierra virgen es una madre vengativa que nos pasa la cuenta por cada tentativa de manejarla, o de sujetarla a nuestra conveniencia o a nuestras necesidades. Los mejores paraísos, igual que algunos de los peores infiernos, han sido creados por la inteligencia y la acción humanas. Ni el trigo ni el maíz son regalos de la naturaleza, sino el producto de sagaces e intuitivas manipulaciones genéticas. Por ahora, los biólogos están experimentando con una raíz exótica que al parecer compite eficazmente con la knapweed, y por lo tanto con las larvas de la mosca agalla, y de los ratones ciervo... Quién sabe cuál será el próximo episodio de esta trama.

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