El continente desierto


El continente desiertoLos colonizadores europeos extendieron el mito de América como un territorio virgen apenas habitado por unos pocossalvajes. Lo cierto es que, en vísperas del viaje de Colón, el Nuevo Mundo estaba más densamente habitado que Europa.

La amplitud intacta yen gran parte deshabitadade la naturalezaamericana es uno de losgrandes mitos del primitivismo,tan poderoso comoel de los nativos felices delas islas del Pacífico. Losviajes de Bougainville y deCook a la Polinesia inspirarona Rousseau la leyendade la bondad originaria delser humano, corrompidalamentablemente por lacivilización. Los cuadrosde George Catlin, las crónicasde las exploracionesdel Oeste, los relatos deFenimore Cooper y de Chateaubriand,los grabadosbotánicos y ornitológicosde los naturalistas, introdujeronen nuestra imaginaciónla idea de un continenteinmenso, de praderasoceánicas, poblado apenaspor nativos nómadas y cazadoresy por multitudes deanimales salvajes, bisontes,ciervos, pájaros tan numerososque sus migracionesllenaban toda la anchuradel cielo. Para los europeosy americanos expansionistas,esa naturaleza, tanindeterminada como unmapa en blanco, ofrecíauna posibilidad, un destinograndioso de colonización,sin más impedimento quela presencia molesta delos indios, supervivientesde un mundo arcaico cuyodestino era extinguirsepara dejarpaso a los emisariosdel progreso, a losingenieros y trabajadoresde los ferrocarriles,a los rancherosy a los ganaderos, a lasgrandes compañíasque explotaban lasminas y creaban lapoderosa musculaturaindustrial deAmérica. El sueño progresista parece del todoinverso, pero se basa en elmismo principio, en la convicciónde que una naturalezavirgen había precedidoa la llegada del hombreblanco a América, de un paraísoecológico en el que losindios, a diferencia de loseuropeos, habían sabido integrararmoniosamente susformas de vida milenarias.

Ambos relatos, tan enraizadosen nuestraimaginación gracias al cine,tienen una poderosa magianarrativa, pero parece serque son igualmente falsos.Investigaciones cuidadosasen los últimos años hanmostrado que los indios cazadoresde las praderas novivían en esa intemporalidadarcaica de las leyendasrománticas, en esa culturasagrada e inmóvil que a todosnos ha gustado imaginar:las sociedades cazadorasy nómadas, dependientesdel caballo y del bisonte,se extinguieron del todo ysin remedio en la segundamitad del siglo XIX, peroen realidad no se habíansostenido sobre tradiciones milenarias,sino sobre una innovaciónbastante tardía, la doma delos caballos salvajes, quetambién eran unos reciénllegados en América, puesdescendían de los caballostraídos por Hernán Cortés.Y las praderas sin límites,las manadas innumerablesde bisontes, tampoco eranun regalo de la naturaleza:eran la consecuenciade una masiva mortandadque empezó a despoblar elcontinente con rapidez pavorosacuando los primeroseuropeos llevaron consigosus armas de guerra máspoderosas, no los mosquetesni los cañones, ni lascorazas, ni las espadas deacero, sino las bacterias ylos virus de sus enfermedades.La naturaleza que tantosedujo a los exploradores europeos había sido creadapor ellos mismos desdeel primer día que desembarcaronen América.

Lo cuenta el historiadorCharles C. Mann enun libro erudito y deslumbrante,1491: el continenteque no mucho después sellamaría América estabaen vísperas del primer viajede Colón más densamentehabitado que Europa,y el estado de atraso quelos viajeros colonialistasmiraban con desdén y losantecesores del ecologismoidentificaron con unaespecie de amenazado paraísono era un indicio deque a aquellos hombres ymujeres les faltaba muchopara llegar a la plena civilización,sino de que las civilizacionescreadas por ellosse habían derrumbado. Enla ortodoxia histórica europea,los cazadores y losrecolectores son los antepasadosde los campesinos:pero en América eran conmucha frecuencia sus descendientes,porque fue laruina de la agricultura porculpa de las invasiones yde las enfermedades la quecreó paisajes que unos siglosdespués ya parecíanvírgenes, habitados por manadasingentes de animalessalvajes que sólo habíanpodido reproducirse tantoal desaparecer la competenciade los seres humanos.

Poco a poco, gracias altrabajo de los arqueólogosque excavan ciudadesperdidas y canales deriego abandonados
, queestudian bajo el suelo delas praderas los residuosde plantas cultivadas, la leyendaromántica empiezaa deshacerse. Lo que parecíael territorio del Génesisresulta ser el paisaje de unapocalipsis que no tienecomparación en la historiahumana. La conquistade América no la llevarona cabo conquistadores heroicos,según nos contabanen la escuela franquista, nirenegridos españoles genocidas,según la leyenda torvaque todavía tiene tantocrédito en el mundo: laviruela, la sífilis, el sarampión,la gripe, arruinaronciudades, dejaron despobladasy estériles llanurasde regadío, condenaron alos supervivientes a formasmiserables de subsistencia,crearon las selvas ylas praderas, las amplitudesde una naturaleza a laque los seres humanos noestaban a punto de llegar,sino de la que habían sidoborrados.

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