Diccionario de oficios

Diccionario de oficiosEn 1963, la Dirección General de Empleo publicó un curioso libro que, con el título Vocabulario de ocupaciones, pretendía ordenar, definir y delimitar el total de oficios y especialidades profesionales existentes en ese momento en nuestro país. En 1963, la Dirección  General de Empleo publicó un curioso libro que, con el título Vocabulario de ocupaciones, pretendía ordenar, definir y delimitar el total de oficios y especialidades profesionales existentes en ese momento en nuestro país. El resultado fue un diccionario de casi setecientas páginas, en el que se recogían miles de actividades laborales, algunas tan sorprendentes como la de chapucero, que es el herrero que fabrica clavos; robustario, obrero que trabaja la madera de encina; cascapiñones, persona encargada de sacar los piñones de las piñas; conocedor, el encargado del cuidado de las vacas de cría, o calendarista, persona que hace o vende calendarios.

Aunque en el libro en contramos profesiones realmente exóticas, como la de polkista -el que se dedica a bailar la polka-, otras veces los nombres de los empleos resultan absolutamente previsibles. Así, el que vende o transporta besugos se llama besuguero, como se llama bocinero al que construye o vende bocinas. Ajero es el que comercia con ajos, y cebollero el que lo hace con cebollas. Cucharista, el que fabrica cucharas; saquero, el que compra y vende sacos, y flechero, nada más lógico, el fabricante de flechas. Hay veces también que la cosa no es tan sencilla: toldero, por ejemplo, no es como se llama al fabricante de toldos, como cabría esperar, sino al comerciante que vende sal al por menor.

Aforrador es el especialista en fabricar forros, y el adocenador, lógicamente, es el encargado de juntar por docenas todo tipo de géneros y mercancías. Faldera es quien, normalmente mujer, hace faldas, y sumista, la persona práctica y diestra en hacer sumas.

Entre los trabajos más geniales se cuentan el de hablistán, persona especialmente dotada para el habla, o el de arrimadora, la persona que en las obras arrimaba a los obreros materiales no pesados, como el agua. El balanzario, en las casas de moneda era el encargado de pesar metales antes y después de la acuñación, y el pendolista, quien escribe diestra y gallardamente. Una labor de mucha responsabilidad.

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