David Crystal: "Más de 3.000 lenguas y dialectos desaparecerán en los próximos cien años"

Es un apuntador de sonidos, un verdadero obrero del lenguaje. Atiende con el mismo interés la charla que mantienen los diplomáticos de la Comisión Europea en los pasillos o la conversación de jóvenes del Harlem neoyorquino apoyados en sus coches. Escucha desde que era un niño, cuando vivía en Gales, una comunidad bilingüe del Reino Unido. La forma diferente de hablar de sus vecinos le sorprendió y nació su interés emocional por el lenguaje. En la universidad, aquella curiosidad se racionalizó. Así es David Crystal (1941), un analista de aquello que nos hace más humanos: el lenguaje.


-¿Qué es el lenguaje para usted?
-El lenguaje significa ser humano. No puedo realizar ningún enlace cultural sin él. Aunque no lo necesito para bailar ni para comer, me resulta imprescindible para explicar si lo que estoy comiendo está bueno o no. El lenguaje es parte de nuestro comportamiento. Es, en definitiva, lo que lo explica.

-Usted ha trabajado durante más de veinte años con personas discapacitadas para hablar, principalmente con sordomudos. Ellos también necesitan el lenguaje. ¿Qué fue lo que más aprendió de ellos?
-He trabajado mucho con personas que no tenían ninguna capacidad para hablar. Los médicos se preguntaban qué hacer con ellos. "Habladles. Eso es todo lo que podéis hacer", les dije, porque ignorarlos no era ni es la solución. Hay que integrarlos en la sociedad, tratarlos como a los demás. Trabajé especialmente con niños y aprendí algo de cada uno de ellos. Durante más de doscientos años, la medicina ha analizado esta patología desde un punto de vista biológico. Lo que nosotros hacíamos era estudiarla desde un ángulo sociológico, psicológico y cultural. Tratábamos de saber en qué ambiente se hallaba ese niño, cuál era su historia personal. Normalmente estos pequeños tienen una capacidad limitada para aprender. Si los saturas con gramática, con vocabulario, les queda poco o ningún espacio para desarrollar otros aspectos de la comunicación, como la pronunciación. Durante veinte años, también estudiamos el proceso de aprendizaje de los niños normales, quienes a partir de un año usan una palabra por línea. A los dieciocho meses ya ponen dos palabras en esa línea y pronuncian ambas. Poco a poco, la frase se alarga y crece. Investigamos este fenómeno, elaboramos un método y lo aplicamos a los niños discapacitados.

-¿Cuál fue el papel de la música en las terapias que utilizó para ayudar a niños sordos y sordomudos?
-Fundamental. El ritmo es la esencia del lenguaje. Si usted tiene dos bebés, uno español y otro inglés, hasta los nueve meses los sonidos que emiten no se diferenciarán. Pero a partir de entonces, el bebé inglés comienza a decir "ga, ga" con el ritmo de la lengua inglesa y el español lo dice con el ritmo de la lengua castellana. En la enseñanza de un idioma la entonación y la melodía son esenciales. Captar el tono de una lengua es lo primero que se debe enseñar en las escuelas. Pero, habitualmente, esto se deja para el final. Primero se instruye a los niños en gramática, sintaxis, vocabulario, semántica y luego en entonación. Esto es un grave error y es la causa de que haya muchas personas que odien el lenguaje a edades muy tempranas y que después se desentiendan de él.

-¿Cómo enseñaría usted esta asignatura?
-Al principio no necesitaría la palabra para hacerlo. Comenzaría con la melodía del idioma que tengo que enseñar. Una vez aprendida, llegaría a la palabra. Empujaría a los alumnos a pronunciarla de distintas formas para expresar significados y emociones diferentes. Usaría la expresión corporal para enriquecer el significado. De este modo, los alumnos entran en un mundo de asombro, de descubrimiento. Poco a poco querrían y necesitarían saber más sobre el lenguaje y yo los acercaría a ello. Pienso que así llegarían a amar el lenguaje.

-En este momento, usted busca lenguas en proceso de extinción, que recogerá en su libro Lenguas Muertas. ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de este fenómeno?
-Mi gran obsesión durante los últimos tres años ha sido la futura desaparición de muchas lenguas y dialectos. En el mundo existen 6.000, pero dentro de cien años, más de la mitad se habrán extinguido. Las personas se preocupan por salvar animales y plantas, pero olvidan el lenguaje. Se han tomado medidas muy interesantes en algunos países como, por ejemplo, en España con el gallego, el catalán y el eusquera. Sin embargo, en otros lugares del mundo no se ha llevado a cabo ninguna estrategia. Se necesita un cuarto de millón de dólares para realizar los estudios y grabaciones de una lengua en peligro de desaparición. Esta cantidad, multiplicada por las 3.000 lenguas que se hallan en peligro, se convierte en seiscientos millones de dólares. Parece mucho dinero, y lo es, pero Microsoft lo gana en una hora. La mejor solución para este problema es concienciar a las personas de lo que significa esta pérdida.

-El lenguaje es un tesoro visible, pero difícil de descubrir. ¿Cuáles son los caminos para acercarnos a él, a su comprensión y a la de nosotros mismos?
-Ciertamente, las personas piensan que la lengua es algo natural, algo garantizado. Se dan cuenta de la importancia del lenguaje cuando pierden la posibilidad de hablar, cuando tienen que aprender otro idioma o cuando alguien trata de imponerles otra lengua. Desde el inicio de esta década la enseñanza inglesa ha introducido la asignatura de Lengua desde los cinco años. El éxito de esta decisión es considerable. En otros países de Europa, sin embargo, continúan impartiendo esta materia a partir de edades más avanzadas y con un método que la torna aburrida. Hay que enseñar la lengua de la calle, el lenguaje que forma parte de la vida diaria de los niños, no el de Cervantes. El nuevo método de enseñanza de la lengua inglesa en mi país trata de ser realista. Sin embargo, la influencia de la Academia en otros países es fuerte y hace difícil la introducción de cambios en esos métodos.

-La lingüística es una gran casa con diferentes niveles: la gramática, la semántica, la fonología, la fonética, la sintaxis, etcétera. ¿Cuál es la llave que abre esta casa a las personas?
-Lo que yo me preguntaría es esto: ¿en qué calle está la casa?, ¿en qué parte de la ciudad está esa calle?, ¿es una casa que se alza en un barrio donde el argot es norma común o en un área en donde se habla de otro modo? Hay que estudiar, en mi opinión, el contexto de la lengua antes de analizar su vocabulario, su gramática, su sintaxis o su semántica. Hay que mirar la lengua en relación con la realidad que la rodea. Esto es lo que hace la Lingüística Aplicada, que es la más importante para mí. Quién usa la lengua, por qué la emplea de ese modo, cómo la usa, por qué esa lengua aparece en anuncios de publicidad, por qué se escucha en la radio, en las canciones, etcétera, esto es lo que hay que averiguar primero. Luego, puedes estudiar su gramática para saber cómo se estructura esa lengua y llega a la gente.

-Usted ha escrito el libro English As a Global Language o El Inglés como Lengua Global. ¿Qué consecuencias puede tener el avance del inglés en el futuro de la humanidad?
-Durante los próximos cien años el número de personas que hablen inglés como segunda lengua seguirá aumentando. Quizá, más adelante, el imperio económico de los Estados Unidos decaiga y otro lo sustituya expandiendo su propio idioma. Por el momento, la consecuencia de esta realidad es la existencia de una lengua franca, el inglés, que facilita la comunicación entre las personas de distintas nacionalidades. Esto será positivo mientras se mantenga el derecho a la diferencia, al mantenimiento de la propia identidad, mientras muchas lenguas existan en el mundo y el inglés se utilice como lengua franca. Pero si el resto de las lenguas desapareciesen y sólo existiera el inglés, nos hallaríamos ante una catástrofe. Si se pierde la diversidad de las lenguas, se deteriora la esencia de las mismas. Esto sería muy peligroso. Por otro lado, la diferencia hace feliz a la gente. Usted y yo hablamos con una lengua franca, el inglés, y somos felices teniendo nuestra propia lengua. Pero si alguien trata de imponernos una única lengua, diremos que no y habrá un conflicto. Yugoslavia es un claro ejemplo de esto.

-Estadísticamente y según datos extraídos de su Encyclopedia, cuando los ingleses hablan utilizan un 60 por 100 de vocales, un 40 por 100 de consonantes, la mayor parte de sus palabras son monosílabas y la e y la t son las letras más utilizadas tanto en charlas científicas como literarias o periodísticas. ¿Ocurre esto también en otros idiomas?
-Sí, aunque en el caso del español la l sería la consonante más utilizada. Siempre hay una consonante y una vocal que son más frecuentes. Nosotros no nos damos cuenta de la frecuencia con que usamos una vocal o una consonante. Tampoco sabemos que en nuestro cerebro hay 50.000 palabras y 3.000 construcciones gramaticales. Estadísticamente no se puede controlar esta capacidad, pero sí puede intentarse haciendo aproximaciones. Cuando estudias el lenguaje de un autor, la esencia de su estilo, aprendes mucho, pero sabes que él no era consciente de la frecuencia y usos de su propio lenguaje. Si lo fuera, su lenguaje se devastaría. Lo mismo nos ocurriría al resto de las personas.

-Deme tres ideas para mejorar nuestro uso y conocimiento del lenguaje y de nosotros mismos.
-La primera, abrir nuestros ojos a todo. Leer abiertamente anuncios, periódicos, literatura, porque de todo se aprende. La segunda, desarrollar la tolerancia. No condenar a otros porque no pueden hablar o porque hablan de otro modo. Cuando uno va al zoo o a un museo se deleita contemplándolos y dice: "qué maravillosa diversidad". Lo mismo debe ocurrir cuando escuchamos otros modos de hablar, porque esas lenguas, sus sonidos, sus músicas, están llenas de imaginación y nos enriquecen. La tercera, ser conscientes de nuestra lengua. Hay mucha gente que no puede usarla, como incapacitados o inmigrantes. De hecho, ahí están esas 3.000 lenguas en peligro de extinción y a nadie parece importarle.
Juana Vera

 

Esta entrevista fue publicada en diciembre de 1999, en el número 223 de MUY Interesante.

Etiquetas: lenguaje

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